Xalapa, Ver.- Año VIII No. 416

 

 

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La transformación social: única salida

Víctor Flores Olea / La Jornada

En un mundo en que imperan la rapiña, la violencia y el afán de lucro, y en el que se pisotean los valores humanos y los derechos de cada uno y de todos, para el país no parece haber más salida que una profunda transformación social que reivindique definitivamente tales valores, o al menos por un apreciable tiempo histórico. Sabemos bien que el horizonte de los humanos es limitado al tiempo de su vida, y en el mejor de los casos, al tiempo en que su generación o generaciones alcanzan a ejercer una influencia importante o no en la historia. Para muchos, tal vez, sea esta la dificultad mayor de la vida, que, sin embargo, es relativamente superable por la obra que alcancen a dejar, más o menos profunda, más o menos duradera, con oportunidad eventual de dejar huellas profundas en su época.

Todo lo anterior se subraya particularmente en este tiempo, en que el interés por la riqueza parece privar sobre todos los otros intereses. El acertijo tiene muchas aristas, pero el referente central es definitivamente la necesidad actual y la ambición definida de obtener beneficios materiales, mucho más allá que cualquiera otra preocupación de carácter moral o humanitario.

Pero a partir de lo anterior, que aparece también en el horizonte, para muchos las preocupaciones de Estados Unidos (EU) son comprensibles si se toma en cuenta la hipótesis de algunos de sus líderes más extremistas, no suficientemente discutida, de que EU debe mantener un poder incuestionable sobre el resto de los países, con una supremacía militar y económica indudable, mientras se asegura a voluntad la limitación de cualquier ejercicio de soberanía por parte de Estados, ya que este libre ejercicio por parte de otros países podría interferir algunos de los designios globales de la gran potencia. Estos principios, que han guiado contundentemente la política mundial de EU después de la Segunda Guerra Mundial, debían abarcar como mínimo el hemisferio occidental, y el lejano y próximo Oriente. Y ha estado sin duda en el origen de las conductas más agresivas e imperialistas de Washington a lo largo de los últimos 200 años. Desde luego en América Latina.

Ahora, el gran problema actual para México es su necesidad de cambio y de afirmación como país independiente y plenamente soberano, teniendo justo al lado a la gran potencia que ha reivindicado y aplicado tales principios, que son diametralmente opuestos a un país como México que, lo repetimos, aspira a la plena independencia y soberanía. Y para colmo, dirigida ahora la potencia por un personaje como Donald Trump al que no le bastan los principios generales del derecho internacional para regular la conducta de su país, sino que parece estar dispuesto a aplicarlos a la menor provocación y con la mayor brutalidad, también tratándose en este caso de su vecino del sur.

Obviamente vivir en el vasallaje no es ni puede ser una opción para México, y tampoco la de renunciar a un desarrollo independiente y autónomo, que muchos ven como única posibilidad del futuro mexicano, y que fue ya aceptada y relativamente aplicada, en diversa medida, por los gobiernos que hemos tenido. Principios, por otro lado, que han sido olvidados y puestos de lado, poco a poco y desde hace un buen tiempo, por esos mismos gobiernos.

Pasamos actualmente por esta encrucijada, pero creemos que el país tiene aún suficientes reservas para sortear la dificultad. Por fortuna, el político que tiene la posibilidad real de llevar a cabo la transformación interna tiene también la posibilidad objetiva de no extremar las circunstancias que algunos puedan interpretar como una provocación o una incitación inútil o gratuita respecto al vecino del norte. Al contrario, su línea política en todos los ámbitos parece adecuadamente contenida, desde luego en la esfera política, pero también en la económica.

Ayer justamente tuve la oportunidad de leer calmadamente en la red varias entrevistas suyas con muy conocidos periodistas, y leer además la muy amplia entrevista sobre la política económica que eventualmente manejaría AMLO, del empresario regiomontano Alfredo Romo, y que arrojan en conjunto la impresión meditada, como decía, de contención y razón. Y que hacen evidente, una vez más, que los sistemáticos ataques en su contra sólo son propaganda interesada. Resulta impresionante, en diversos momentos, la contención de las respuestas pero también la firmeza de las convicciones y el amplio conocimiento de México (http://regeneracion.mx/entrevista-completa-de-jorge-ramos-a-lopez-obrador-video/) y la entrevista a Romo sobre la economía de López Obrador (https://www.youtube.com/watch?v=OvmDhe-fXbY).

Es evidente que son muy graves los problemas actuales por los que atraviesa el país, y tenderán a ser más graves en el futuro, en lo nacional y en lo internacional. Tenemos, sin embargo, suficientes reservas de calidad para hacerles frente, la tradición de México es grande y valiosa en ambos aspectos. Aprovechémosla a fondo.

Por lo demás, un momento como el presente no es de heroísmos inútiles ni de retóricas vacías, sino de optar por las vías más consistentes en nuestro horizonte. Pienso que las tenemos a la vista y que no debemos perder la oportunidad por la falsa presión de propagandas interesadas.

 

 

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