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 Xalapa, Ver.- Año IX No. 442

 

 

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Los tres candidatos

Víctor Flores Olea / La Jornada

¿Decir algo sobre el actual proceso de elección presidencial? Pero se ha dicho casi todo, y en todos los tonos, sobre dicha elección. Y, sin embargo, es siempre preciso decir algo más, que ojalá haga una mínima aportación a lo ya dicho.

Desde un principio sostuvimos que la designación temprana de tres candidatos abría un horizonte relativamente franco para la elección presidencial de 2018. Para algunos, esa elección (de los tres) resultaba más que satisfactoria, porque representaba lo mejor posible de las candidaturas a la vista, naturalmente en el carril de la ideología de cada uno. ¿Puede ser? Pero aun admitiendo que cada uno representa candidaturas consistentes en las corrientes que representan, y que coinciden con los principales reclamos de la ciudadanía (anticorrupción, antima­yúsculos fraudes electorales, en contra de la manipulación y de las mentiras repetidas a la ciudadanía), vemos ya que probablemente no son todos tan confiables como afirma la publicidad respectiva.

El hecho concreto es que cada uno carga con su historial político y personal. En el caso de Juan Antonio Meade, el patrocinio de su candidatura por el PRI nos habla de dos cuestiones que parecen innegables: la crisis de ese partido que no fue capaz de elegir un candidato de sus propias filas, y que probablemente nadie en sus filas llenaba mínimamente los requisitos que ahora se exigen a un candidato presidencial. Las mayores críticas a Meade no han sido en el aspecto técnico, al contrario, en ese terreno parece gozar del mayor número de elogios. Pero su gran falla, que es también falla del partido, es su carencia prácticamente total de experiencia política, lo cual ha sido ya notable en estas primeras semanas de precandidaturas.

Por eso su candidatura no levanta, como han dicho muchos. A nuestra manera de ver, y así lo dijimos desde el inicio, AMLO corrió con mucha suerte al encontrarse con este candidato, que no significaría una gran competencia en el sentido estricto de las campañas electorales. Aunque debe también decirse, el fuerte de Meade parece residir sobre todo en su preparación técnica, que parece innegable. Un tecnócrata adversario de un político, que en las condiciones actuales de México, sobre todo siendo un político de izquierda, llevaría todas las de ganar. Lo cual también consolida la candidatura de AMLO. Además de la desastrosa trayectoria del PRI en los 30 años pasados, cuando menos. Sobre los hombros del tecnócrata capacitado recae este fardo imposible de olvidar o borrar.

Por la parte de Anaya parece haber también una presunción firme de honestidad y capacidad profesional, incluso política. Que demostró en el proceso de su control al propio partido, PAN, y al PRD, al menos en su élite dirigente. Y por haber demostrado, digamos relativamente, en estas primeras semanas de campaña, con promocionales variados, adecuados y algunos atractivos, que no hay en sus filas falta de imaginación. Pero su mayor flaqueza radica en la unión del PRD con el PAN para constituir esa coalición Por México al Frente, cuya mayor debilidad, o una de sus mayores debilidades, parece ser esa supuesta unión entre el agua y el aceite, que ha implicado ya el abandono del frente de integrantes de los dos partidos; los del PAN emigrando sobre todo al PRI, y los del PRD, en su mayoría, a Morena.

Pero no acaba aquí lo que se pueda decir del frente. Debe repetirse que de inmediato proyectó una imagen de duro contrincante que podía llegar a las finales. Su corta pero dinámica promoción ya en plena campaña comunicó la sensación de un dirigente capaz pero encaramado en una nueva maquinaria conservadora que no le permitía posicionarse sobre algunos dilemas importantes, y que la presencia del PAN entorpece, tales como el matrimonio entre integrantes del mismo sexo u otras novedades que tocan el corazón del catolicismo tradicional, que para este partido resultan inaceptables.

El caso de la candidatura de Andrés Manuel López Obrador resulta también revelador del ambiente político y social prevaleciente. Desde luego, el firme rechazo a la actual situación, con una estructura de los poderes en México y su ejercicio que para las mayorías resulta intolerable. En primer término, las diferencias sociales y la concentración de 90 por ciento de la riqueza del país en apenas uno por ciento de la población, mientras los deciles marginados comparten una miseria que ha ido en aumento durante los años. Ello producto de la corrupción imperante en todos los medios (los políticos tendrían un lugar privilegiado) y a un régimen de explotación de clase muy estudiado, pero probablemente no consciente para muchos compatriotas.

El hecho es que Andrés Manuel López Obrador ha denunciado esta situación y ha asentado su candidatura en el concepto primordial de corregir tales hechos de injusticia, lo cual le ha otorgado de inmediato muy importantes dividendos entre los electores, hasta el punto de que todo indica que varios meses antes de la jornada electoral el porcentaje de su delantera ante otros candidatos no parece bajar de 10 por ciento. Para muchos esto resulta no significativo en vista del fracaso que han tenido recientemente varios pronósticos electorales (Trump y el Brexit). La delantera sostenida de la candidatura de AMLO hace pensar, sin embargo, que simplemente se está juzgando algo que ocurrirá fatalmente en el futuro.

Por supuesto, los integrantes de la mafia, en términos del propio López Obrador, dueños de los principales medios de comunicación y con gran poder para hacer escuchar su voz, han emprendido varias campañas en desprestigio del candidato de Morena, sin resultados satisfactorios. El hecho es que una importante mayoría de mexicanos está en favor de AMLO. Entre los méritos que presenta su candidatura no es la menor su persistencia en el propósito de alcanzar la Presidencia, y su continuo peregrinar por el país, hasta muchos rincones no visitados antes y que ahora han conocido al candidato que ofrece honestidad y superar el destino negro que para ellos parecía una fatalidad.

Pienso que tales son algunos rasgos primordiales que marcan ya las muy importantes elecciones del próximo primero de julio de 2018.

 

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