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 Xalapa, Ver.- Año IX No. 451

 

 

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Fin y cambio de época

Rolando Cordera Campos / La Jornada

En el principio fue el verbo, pero en nuestro triste caso, el verbo está también al final: así lo quiere el presidente Trump y así tenemos que asumirlo nosotros. De lo que se trata, nos lo ha dicho con majadera claridad el mandatario estadunidense, es de poner punto final a una forma de entender la relación bilateral que tan sólo hace veinte años llenó de esperanza a los realistas y algunos más de ambos lados de la frontera.

No es, por otro lado, una mera operación punitiva contra los mexicanos la que han emprendido Trump y su banda desde que arribaron al poder del Estado americano en enero de 2017. Más bien, la ofensiva contra México es parte de una batalla mayor en el comercio y las finanzas, así como en la estructura productiva planetaria, mediante la cual ese gang destructivo pretende ganar la guerra del fin del mundo global, tal como lo imaginaron sus arquitectos originales allá por el fin de otra guerra, la fría, que amenazó varias veces con llevarnos a todos los terrícolas a un hoyo negro definitivo.

Con todo y sus mantras sobre el fin de la historia, el mercado mundial unificado y la democracia mundial de los derechos humanos, aquel discurso globalista contemplaba un papel relevante de las instituciones del orden de la segunda posguerra. Más allá de la euforia globalista, se cultivaba alguna cautela resumida en la conservación de dichas instituciones, en todo caso buscando su actualización e inscripción en la nueva estrategia dominante.

La cuestión, nos lo han dicho una y otra vez muy al estilo americano, como los sheriffs de Cananea, es la hegemonía del mundo y en ella es poco lo que un socio en sociedad y pretenso amigo y aliado puede hacer. Sólo callar y atender la voz del amo, agregaría Bannon, si le regresaran el micrófono.

Ese es el panorama y qué bueno que el presidente Enrique Peña Nieto y antes el Senado de la República alzaran sus voces y recordaran que, en efecto, para nosotros lo primero es la dignidad. Será en torno a ella, de la manera como entendamos y traduzcamos su defensa y afirmación en política y discurso, que podremos acercarnos a unos entendimientos con el Norte ofensivo que no impliquen la rendición o el silencio sumiso en temas que nunca han sido menores, pero que torpemente se pretendió minimizar en aras de una conversación mayor, estratégica se llegó a decir, que nunca llegó.

El comercio y su necesaria conversión en desarrollo; la migración como expresión mayor del derecho humano y reclamo social portentoso (el más subversivo acomodo de los pobres a una globalización insensible); la cultura, como fruto ominabarcante, como condición sin la cual no puede haber globalización con rostro humano, resumen la temática compleja y trascendente de un fin de época que no encuentra rumbo hacia nuevos confines.

Con el desafío civilizatorio, existencial, del cambio climático, que sólo podrá encararse y superarse con un desarrollo sustentable y un cambio sostenido en nuestros modos de vivir y entender la vida, la humanidad y nosotros como parte de ella tenemos una agenda vital e insoslayable.

A nosotros los mexicanos, como ha ocurrido en otros momentos decisivos, nos va a tocar ser pioneros, vecinos débiles de un epicentro incandescente, en el contexto de una relación binacional estrepitosamente desigual. Un contexto marcado, además, por la furia racista, xenofóbica y furibundamente antidemocrática, personificada, pero no monopolizada por Trump, quien ha llevado nada menos que a la señora Madeleine Albright a advertir sobre el peligro real e inminente del renacimiento del fascismo a escala mundial ( The New York Times, 06/04/18).

Hace más de un año, en enero de 2017, ya de cara a la agresión abierta del nuevo gobierno estadunidense, el Grupo Nuevo Curso de Desarrollo propuso la defensa del interés nacional como un quehacer obligado para la sociedad y el Estado mexicanos. Una tarea inseparable de la problemática económica y social de un desarrollo que parece haberse extraviado en medio de tanto y tan drástico cambio de instituciones y estructura.

Actualizarlo con perspectiva histórica y global es asignatura obligada para todos. Partidos y candidatos; críticos y exegetas de ocasión o convicción; gobernantes y gobernados.

No sé si en esto nos va la vida; sí creo que nos va parte fundamental de lo que hemos aspirado a ser en estos duros años de tránsito sin conclusión amigable alguna.

 
 

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