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 Xalapa, Ver.- Año IX No. 462

 

 

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¡Salud y Revolución social!

Gabriela Rodríguez / La Jornada

Hace 100 años, el lema ¡Salud y Revolución social! expresaba el buen ánimo posrevolucionario y, al mismo tiempo, las inquietudes sobre las difíciles condiciones sociales de la población mexicana que prevalecían una vez superada la lucha armada. Mientras celebraban el triunfo de la revolución, trabajadores metalúrgicos, electricistas, textiles, ferrocarrileros, tranviarios, mineros, artesanos, sindicados gremiales y jornaleros agrícolas exigían la reglamentación del artículo 123 constitucional, argumentando el derecho de los explotados a luchar contra los explotadores para procurarse un mejoramiento económico y moral, mediante la organización de sindicatos, federaciones y confederaciones, que se vinculaban a la lucha de los proletarios del mundo.

Para mí que aquel lema cobra total vigencia ante la actual contienda electoral. El ánimo es muy positivo en cerca de la mitad del electorado que hoy piensa que las oportunidades de una vida digna podrían extenderse, en caso de que el próximo primero de julio triunfaran los candidatos y las candidatas de Morena. Porque es un hecho que la Revolución Mexicana no le ha hecho justicia a más de la mitad de la población mexicana, quienes siguen estando excluidos del ejercicio de los derechos económicos y sociales que contempló la Constitución de 1917. Más aún, tales derechos han sufrido regresiones sustantivas con las reformas impulsadas en las últimas administraciones, con la excepción de la Constitución de la Ciudad de México, en la cual no sólo se recuperan los derechos perdidos, sino que se adicionaron derechos emergentes construidos por diversas movilizaciones sociales del siglo XXI.

Un estudio recientemente publicado por investigadores de El Colegio de México presenta un análisis actual y retrospectivo que muestra cómo se acumulan e interactúan las desventajas en el curso de vida de las personas. Para empezar, hay evidencia de retrocesos en el ingreso y movilidad en las últimas décadas. Tenemos una de las tasas de movilidad social ascendente más bajas en el mundo: el que nace pobre muere pobre. Los ingresos laborales de los trabajadores se han estancado desde 2007, aun con talento y esfuerzo, el panorama de la movilidad es muy desalentador. La situación es más grave para las mujeres, ellas son más propensas a descender en la escala socioeconómica si parten de una posición privilegiada, y las que nacen en hogares con pobreza tienen mayor probabilidad de mantenerse en condiciones de marginación en su vida adulta. Por la baja tasa de participación laboral femenina, las mujeres dependen en gran medida del ingreso de su pareja o familiares, y las que tienen un trabajo remunerado reciben menores ingresos que los hombres. El informe revela que las mujeres experimentan oportunidades desiguales en cuanto a educación superior, salario y trabajo dignos, ocupan más tiempo a las tareas de cuidado, las cuales tendrían que ser remuneradas.

Desde el año 2000, las oportunidades para acceder a empleos de calidad han disminuido: ha aumentado en 50 por ciento la proporción de trabajadores subordinados que ganan menos de un salario mínimo, la fracción con seguridad social no ha crecido y la de quienes trabajan sin contrato ha disminuido marginalmente. Se registra una continua convergencia salarial a la baja desde 2008, los salarios se han deteriorado para las personas con alta escolaridad, para los empleadores y para los trabajadores/as formales, sin observarse una mejora sustancial en los ingresos de otros grupos. Las oportunidades son también muy desiguales en términos territoriales, los logros educativos, los salarios y la movilidad social cambian por el simple y azaroso hecho de nacer en una entidad o municipio determinado ( Desigualdades en México, Resumen Ejecutivo, El Colegio de México, 2018).

La división del trabajo social sigue estando atrás de la división de clases y determina la reproducción material de la vida, las diferencias entre ricos y pobres se hicieron más extremas con las políticas neoliberales. Que las diferencias de clase sean conflictivas no significa que sean irreconciliables, la política es lugar de lucha y reorganización de la sociedad, espacio de conflicto de los diferentes para alcanzar reconocimiento y reorganizar el orden social. Hoy es urgente que la política recupere la ética, para conducir la vida colectiva hacia la armonización de las múltiples diferencias sociales y la distribución equitativa de las cargas impositivas. Los gobernados somos los actores principales de la política, quienes podemos traducir nuestra voluntad en suceso histórico. Con la voluntad de gobernantes y gobernados podremos recuperar la idea de la revolución social como proceso de verdadera transformación social. Tomará muchos años, pero soy de las que piensa que el primero de julio comenzará una revolución social y pacífica. ¡Salud y Revolución Social!

Twitter: @Gabrielarodr108

Gabriela.afluentes@gmail.com

 
 

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