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 Xalapa, Ver.- Año IX No. 463

 

 

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¿Importa el segundo lugar?

Federico Rubli Kaiser / El Economista

Esta semana llegaron a su fin las campañas electorales 2018. Un balance preliminar indica que, por decir lo menos, se caracterizaron por escupir lodo, descalificaciones, calumnias y, lo más grave, más de un centenar de asesinatos, la mayoría de ellos de candidatos. En vano estuvimos esperando propuestas concretas y realizables por parte de los tres candidatos que cuentan, porque al bufón ni vale la pena considerarlo. El común denominador de los tres fue que todos plantearon objetivos económicos loables con los que difícilmente podríamos discrepar, pero ni uno identificó las fuentes de financiamiento para llevarlos a cabo. Para el electorado que buscaba aclaraciones y explicaciones sobre sus plataformas y propuestas, los tres debates presidenciales no contribuyeron a ello.

La persistente y amplia delantera de AMLO en las encuestas llevó al planteamiento de que el “voto útil” sería la única forma de tumbar al puntero. Así, se desató una fuerte disputa por el segundo lugar entre el candidato del Frente y el del PRI. Un observador extranjero me preguntaba qué ventaja tiene pelear el segundo lugar, si lo único que cuenta es ganar. Pero para el PRI resultaría una diferencia muy grande entre quedar segundo y no tercero: se está jugando su sobrevivencia. Un tercer lugar, con una votación menor a la mínima que obtuvo Madrazo, de 23%, no ganar ninguna de las nueve gubernaturas, lograr una representación muy disminuida en las dos cámaras del Congreso y enfrentar un éxodo significativo de militantes hacia Morena, sería devastador para el PRI.

Ahora se aprecia que la apuesta de Videgaray y Peña de postular a un candidato externo no militante fue un error: por un lado, Meade nunca tuvo la capacidad de convencer al priismo fundamentalista de que estaba comprometido con el partido, y por el otro, a los no militantes, de que era un candidato ciudadano. Desde un inicio, le faltó carácter para plantearle a Peña y al partido que sería necesario mostrar un rompimiento. Siguieron más equívocos: sumó a su equipo de campaña personas antagónicas que no iban a trabajar para su causa, como Eruviel y Nuño, quien naufragó en estas últimas semanas y ya ni se le vio cerca del candidato. Por otro lado, integró colaboradores fieles pero inexpertos para lides electorales (como Vanessa Rubio, Luis Madrazo y Paco Guerrero) y otros mercenarios desquiciados como Javier Lozano que perjudicaron mucho la campaña. Ochoa también hizo mucho daño a la imagen de Meade. Constantes apariciones con impresentables como Romero Deschamps lo desprestigiaron aún más.

Siguió entonces como recurso desesperado tratar de ganar el segundo lugar mediante una guerra sucia de descalificaciones y falsedades en contra de Anaya y la difusión de encuestas ficticias que lo mostraban como segundo. A menos de que ocurra un “cisne negro” o un fraude este domingo, Meade quedará en tercer lugar. Con ello, se habrá sellado la hecatombe del PRI teniendo a tres responsables principales: Peña, Videgaray y Meade, aunado a la corrupción desbordada de este gobierno que llevó al hartazgo social. El futuro del PRI, ¿es un acertijo?

 

 

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