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 Xalapa, Ver.- Año IX No. 466

 

 

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Poder y gobierno

José Blanco / La Jornada

En mi artículo del pasado 3 de julio escribí: es hora de reconocer que Morena ha ganado el gobierno, pero el poder no, todavía. Lo refrendo, el poder del gobierno es parte importante del Poder (escribámoslo así), pero es eso: una parte. El statu quo frente al cual Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ganó las elecciones presidenciales está intacto en la sociedad política y, más aún, en la sociedad civil. La distinción entre una y otra es decisiva.

El concepto sociedad civil designa a las instituciones y organizaciones que están fuera de las fronteras del sistema estatal: escuelas (es decir, el contenido y orientación de la enseñanza), sindicatos, medios de comunicación (prensa, televisión, radio, redes so­ciales); iglesias, congregaciones y so­ciedades religiosas, agrupaciones empresariales (en México existen 210 cámaras empresariales nacionales, estatales y municipales; las más poderosas no son cámaras); colegios y academias de profesionales, organizaciones no gubernamentales, agrupaciones agrícolas, pesqueras y ganaderas; asociaciones campesinas y, en fin, todas las formas de organización no estatal: varios miles.

La sociedad política comprende a la totalidad del sistema estatal: los poderes de la unión (Ejecutivo, Le­gislativo y Judicial) con sus funcionarios, la burocracia, las policías, el Ejército y la Armada, el EMP, los jueces y tribunales, los organismos autónomos (Banco de México, Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Instituto Federal de Telecomunicaciones, Instituto Nacional de Transparencia, Instituto Nacional Electoral, entre muchos otros). En las democracias liberales los partidos políticos son parte de la sociedad civil; en un Estado corporativo como el mexicano, han formado parte del sistema estatal, y también forman parte del mismo sindicatos y confederaciones sindicales.

Por toda la historia, la élite económico-política mexicana ha ejercido su hegemonía sobre los dominados, mediante sus funciones de coerción y consenso. La coerción (o fuerza), por medio del conjunto del sistema legal que rige a las instituciones del sistema estatal y a todas las personas, y mediante las fuerzas policiales y militares. El consenso de los dominados respecto a la élite dominante, mediante el discurso ideológico que vuelve los intereses de la élite, sentido común en los dominados; también mediante los políticos que ocupan el sistema estatal y mediante los intelectuales orgánicos ordenanzas de la élite económico-política. Ese discurso ideológico se difunde en el espacio de la sociedad civil, utilizando la prensa, las iglesias, la enseñanza, el cine, la televisión, el discurrir político, en fin, todos los recursos para que el discurso de la élite, insistamos, se vuelva sentido común entre los dominados.

Dicho lo anterior, apuntemos que parte de las ideas y de los intereses de los dominados, también dejan su impronta en las ideologías complejas y diversas que viven en una nación compleja como es México. Eso significa que los múltiples espacios tanto de la sociedad civil como de la sociedad política son espacios de conflicto y lucha social, en los que cambia el equilibrio inestable entre los intereses dominantes y los intereses de los dominados, sin que esos espacios puedan todos cambiar radicalmente, a menos que refiramos un cambio completo del sistema social.

En la medida en que el discurso de los dominados crezca y éstos ganen para sí a grandes porciones de la sociedad, ese discurso puede provocar la posibilidad de que los intereses de los dominados cambien el contenido y orientación social de instituciones estatales y cambien el signo de muchas organizaciones de la sociedad civil dominadas por la élite.

Morena ha ganado el derecho a ocupar los poderes Ejecutivo y el Legislativo, de alcance nacional, y lo mismo ha ocurrido en numerosos estados de la República: ha ganado parte del poder estatal. En esos espacios todo está por hacerse, pero ya han sido enunciadas muchas ideas programáticas. El presente y el futuro de los excluidos y los dominados puede cambiar con su participación activa. No sólo es preciso revisar de cabo a rabo las instituciones estatales y cambiar lo posible; nos referimos a las leyes, disposiciones, políticas de Estado, las instituciones mismas, con las que se ha gobernado a los dominados; y es aún más importante que los marginados dirijan el mayor número de espacios de la sociedad civil, porque ahí, y en la sociedad política, se generará y difundirá el discurso ideológico que orientará a los nuevos actores políticos morenistas.

La cuarta transformación implica un cambio en las leyes y las instituciones del sistema estatal en favor de los dominados y los excluidos, y un cambio profundo en la sociedad civil, en la que tendría que dominar pro­gresivamente un nuevo sentido común, en las mentes y en los hechos: la igualdad, la solidaridad, la vida digna para los pueblos de México.

Nuevos liberales y negros intereses ya asestan mandobles con la pretensión evidente de empezar a minar el camino de Morena; si ese camino es largo hasta el primero de diciembre, después sigue la montaña… de los intereses creados.

 

 

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