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Star Wars Redux: La Fuerza Espacial de Trump

Karl Grossman*  / SinPermiso

22/07/2018

Si Donald Trump se abre paso para crear una Fuerza Espacial, los cielos se convertirían en una zona de guerra. Inevitablemente, habría un conflicto militar en el espacio.

El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 –del cual Rusia, China y los Estados Unidos son partes firmantes– que define el espacio como algo global y común a ser usado con fines pacíficos, así como todos los años de trabajo para facilitar el cumplimiento de dicho tratado, serían tirados al cubo de la basura.

Si los Estados Unidos suben al espacio con armas, Rusia, China, y luego India y Paquistán así como muchos otros países les seguirán.

Asimismo, tal y como he detallado a lo largo de los años en mis escritos y mis apariciones en programas de televisión, el armamento espacial sería de carácter nuclear –de la misma manera que el proyecto de la Guerra de las Galaxias de Reagan, que debía estar compuesto por reactores nucleares y sistemas de plutonio orbitando en plataformas de batalla, proporcionando así la energía para armas de hipervelocidad, rayos de partículas y armas láser.

Eso es lo que estaría sobre nuestras cabezas.

Entre las muchas cosas horribles que está llevando a cabo la administración Trump, esta sería la más terriblemente destructiva.

“No es suficiente con tener simplemente una presencia estadounidense en el espacio, debe darse una dominación americana en el espacio” dijo Trump en un encuentro del Consejo Nacional Espacial esta semana.

“Y aún más importante, estoy urgiendo al Departamento de Defensa y al Pentágono” dijo el lunes, “para empezar inmediatamente el proceso necesario para establecer una Fuerza Espacial como la sexta rama de las fuerzas armadas; esta es una gran declaración. Vamos a tener a la Fuerza Aérea y vamos a tener a la Fuerza Espacial, separadas pero iguales.”

La idea de los Estados Unidos subiendo al espacio con armamento no es nueva.

Hace falta remontarse a los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno de los Estados Unidos llevó a científicos nazis especializados en cohetería desde Alemania a Estados Unidos –principalmente al arsenal Redstone del ejército de los Estados Unidos en Huntsville, Alabama– para usar “su pericia tecnológica para ayudar a los Estados Unidos a crear un programa espacial y de armas”, escribe Jack Manno, quien se retiró el año pasado como profesor en la State University of New York/Environmental Science and Forestry College, en su libro Arming the Heavens: The Hidden Military Agenda for Space, 1945-1995.

“Muchos de los primeros programas de guerra espacial fueron concebidos por científicos mientras trabajaban para el ejército alemán. Científicos que trajeron sus cohetes y sus ideas a Estados Unidos al acabar la guerra” escribe. “Fue como un draft de un deporte profesional.”

De esos cerca de 1.000 científicos que fueron traídos por los Estados Unidos, “muchos alcanzaron posiciones de poder en el ejército, la NASA y la industria aeroespacial”. Entre ellos estaban “Werhner von Braun y sus colegas del V-2”, quienes empezaron “a trabajar con cohetes para el ejército estadounidense” y en el arsenal Redstone “se les fue encomendada la tarea de producir un misil balístico de alcance intermedio para poder lanzar armas atómicas hasta a 200 millas de distancia. Los alemanes produjeron un cohete V-2 modificado al que bautizaron como Redstone (…) Huntsville se convirtió en uno de los mayores centros de actividades militares espaciales de los Estados Unidos.”

Manno escribe sobre el ex-General de División Walter Dornberger, quien había estado al cargo de todo el programa Nazi de cohetería y quien “en 1947, siendo consultor de la Fuerza Aérea estadounidense y consejero del Departamento de Defensa (…) escribió un documento de planificación para su nuevo empleador. En dicho documento, Dornberger proponía un sistema de cientos de satélites equipados con armamento nuclear orbitando a diferentes altitudes y ángulos, siendo cada uno de ellos capaz de entrar en la atmósfera terrestre bajo orden desde la Tierra para proceder a su objetivo. La Fuerza Aérea comenzó las primeras fases de trabajo sobre la idea de Dornberger bajo el acrónimo de NABS (Nuclear Armed Bombardment Satellites).”

Para mi libro de 2001, Weapons in Space, Manno me dijo que “el control sobre la tierra” era aquello que querían quienes intentaban armar el espacio. También dijo que los científicos nazis eran un importante “vínculo histórico y técnico, pero también ideológico (…) El objetivo es (…) llevar a cabo una acción de guerra global, incluyendo sistemas de armas que se encuentren en el espacio.”

Pero entonces llegó el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre, impulsado por los Estados Unidos, la Unión Soviética y el Reino Unido. Éste hecho se describe en el documental de 2001 Star Wars Returns que escribí y narré.

Craig Eisendrath, quien había sido un miembro del Departamento de Estado de Estados Unidos en su creación, subraya que la Unión Soviética había lanzado el primer satélite al espacio, el Sputnik, en 1957 y “queríamos desarmar el espacio antes de que éste fuera armado (…) para mantener la guerra fuera del espacio.”

Adoptado por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1966, dicho tratado entró en vigor en 1967 y ha sido ratificado o firmado por 123 países.

Éste tratado garantiza que los países “se comprometan a no poner en órbita sobre la Tierra ningún objeto que contenga armas nucleares o cualquier otro tipo de armas de destrucción masiva, a no instalar dichas armas en cuerpos celestes o estacionarlas en el espacio de cualquier otra manera.”

El físico atómico Edward Teller, la principal figura en el desarrollo de la bomba de hidrógeno participante en la fundación del Lawrence Livermore National Laboratory en California, mostró a Ronald Reagan –cuando éste era gobernador de California y visitaba el laboratorio– un proyecto para hacer orbitar bombas de hidrógeno sobre la Tierra. Ese proyecto se convirtió en la primera piedra de la Guerra de las Galaxias de Reagan. Las bombas se usarían para dar energía a láseres de rayos X. “En cuanto la bomba en el núcleo de una estación de batalla explotase, múltiples rayos se dispararían para atacar varios objetivos antes de que la misma estación se consumiera a sí misma, convirtiéndose en una bola de fuego nuclear” explicó el periodista del New York Times William Broad, en su libro de 1986 Star Warriors.

Posteriormente, se dio un giro en el planteamiento de la Guerra de las Galaxias por el cual se acabó planificando hacer orbitar plataformas de batalla equipadas con reactores nucleares –o generadores termoeléctricos de radioisótopos alimentados con “súper” Plutonio– que proporcionarían la energía para armas de hipervelocidad, haces de partículas y armas láser.

El rápido desarrollo de la Guerra de las Galaxias bajo la presidencia de Reagan se reanudó durante las administraciones de George H. W. Bush y su hijo, George W. Bush. Con ello, a lo largo de todo éste proceso, el ejército de los Estados Unidos ha estado entusiasmado respecto a la guerra espacial.

Un Mando Espacial de los Estados Unidos se formó en 1982.

“Mando Espacial de Estados Unidos –dominando la dimensión espacial de las operaciones militares para proteger los intereses e inversiones de Estados Unidos. Integrando las capacidades para luchar en una guerra a las Fuerzas Espaciales a lo largo de todo el espectro del conflicto”, así se pregonó en su informe de 1998, Vision for 2020. Se usaron estas palabras para asemejarse a los inicios de las películas de la Guerra de las Galaxias. El Mando Espacial de los Estados Unidos fue establecido por el Pentágono para “ayudar a institucionalizar el uso del espacio”. O, como reza el lema de una de sus unidades, para ser el “Amo del Espacio”.

El informe Vision for 2020 declara, “Históricamente, los contingentes militares se han desarrollado para proteger los intereses e inversiones nacionales tanto de carácter económico como militar”. Los países construyeron armadas “para proteger y favorecer sus intereses comerciales” y durante “la expansión hacia el Oeste de los Estados Unidos, los puestos avanzados y la caballería emergieron para proteger a nuestras diligencias, asentamientos y ferrocarriles. La emergencia del poder espacial sigue estos dos modelos. Durante los primeros años del siglo XXI, el poder espacial también evolucionará hasta convertirse en un medio de combate separado e igual que los demás.”

“Esto es políticamente sensible, pero va a pasar”, remarcó el comandante en jefe del Mando Espacial Joseph W. Ashy en la Aviation Week and Space Technology (8/9/96):

Alguna gente no quiere oír esto, y seguro que no está de moda, pero –absolutamente– vamos a luchar en el espacio. Vamos a luchar desde el espacio y vamos a luchar en el espacio (…). Algún día, vamos a atacar objetivos terrestres –barcos, aviones y objetivos de tierra– desde el espacio.

O, como el Secretario Asistente de la Fuerza Aérea para el Espacio Keith R. Hall dijo en el National Space Club en 1997: “En lo que a dominación espacial se refiere, la tenemos, nos gusta y vamos a mantenerla.”

La idea básica de la aproximación del Pentágono al espacio aparece en The Future of War: Power, Technology & American World Dominance in the 2lst Century. Escrito por los “expertos en armas” George y Meredith Friedman, este libro de 1996 concluye: “Así como en el año 1500 era evidente que el eje vertebrador del poder europeo sería su dominación de los mares, no resulta difícil constatar que el eje vertebrador del poder estadounidense descansa sobre la dominación del espacio. De la misma manera que Europa expandió la guerra y su poder hacia los mares a escala global, los Estados Unidos está expandiendo su poder hacia el espacio y los planetas. Así como Europa moldeó el mundo durante medio milenio dominando los océanos con sus flotas, los Estados Unidos harán lo propio durante, por lo menos, ésa misma cantidad de tiempo.

O, como un informe de 2001 de la Comisión Espacial de Estados Unidos, dirigida por el entonces Secretario de Defensa Donald Rumsfeld afirmó: “En el período que viene los Estados Unidos van a llevar a cabo operaciones hacia, desde, en y a través del espacio para apoyar sus intereses nacionales tanto en la Tierra como en el espacio.”

El poder nuclear y el armamento espacial están íntimamente relacionados.

“En las próximas dos décadas, las nuevas tecnologías van a permitir el posicionamiento de armas en el espacio con una efectividad devastadora al ser usadas para lanzar energía y masa como proyecciones de fuerza en conflictos tácticos y estratégicos,” aseguró New World Vistas: Air and Space Power for the 21st Century, un informe de la Fuerza Aérea estadounidense de 1996. “Estos avances van a permitir láseres con una masa razonable como para provocar un gran número de bajas”. Sin embargo, “limitaciones en materia de energía imponen ciertas restricciones” a este armamento, haciéndolas “relativamente inviables”, pero “una forma habitual para obtener mucha energía consistiría en el traslado de la energía nuclear al espacio”. El informe sigue: “Dejando de lado las cuestiones emocionales relacionadas con la energía nuclear, esa tecnología supone una alternativa viable para obtener grandes cantidades de energía en el espacio”.

O como el General James Abrahamson, director de la Strategic Defense Initiative, dijo en un simposio sobre la energía nuclear en el espacio y la propulsión, “sin reactores [nucleares] en órbita, habrá un cordón ligero y larguísimo hasta la superficie terrestre” para proporcionar energía al armamento espacial.

Así, la energía nuclear sería necesaria con tal de instalar armamento en el espacio.

Desde 1985, ha habido una serie de intentos en Naciones Unidas para expandir el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 con el propósito de prohibir no sólo el armamento nuclear, sino toda clase de armamento en el espacio. El tratado resultante se llamaría Tratado de Prevención de una Carrera de Armas en el Espacio Extraterrestre (PAROS por sus siglas en inglés) y ha sido impulsado fundamentalmente por Canadá, Rusia y China. Para esta expansión del tratado se ha dado también un apoyo virtualmente unánime de todas las naciones del mundo, pero, al bloquearla, la administración de los Estados Unidos ha evitado su aprobación. 

Aunque librar una guerra en el espacio fue prometido vehementemente por las administraciones Reagan y Bush y ostensiblemente desincentivado por las de Clinton y Obama, todos los gobiernos estadounidenses han rechazado firmar el tratado PAROS.

En mi libro Weapons in Space, hago referencia a una presentación que di en 1999 para Naciones Unidas en Ginebra, justo en la víspera de la votación sobre el PAROS. En esa conferencia, hablé sobre “los planes estadounidenses para el uso militar del espacio” los cuales se encuentran “en total contradicción con los principios de cooperación internacional pacífica que tanto le gusta pregonar a los Estados Unidos”  y “nos empuja –a todos nosotros– hacia la guerra en los cielos.”

Mi intervención fue seguida por la de Wang Xiaoyu, primer secretario de la delegación de China quien declaró: “el espacio exterior es un patrimonio común de todos los seres humanos. Debería ser usado con fines pacíficos (…) No debe ser armado ni convertido en el escenario de una carrera armamentística.”

Al día siguiente, cuando me dirigía a presenciar la votación, vi a un diplomático estadounidense que había asistido a mi presentación. Nos acercamos el uno al otro y me dijo que deseaba hablar conmigo anónimamente. Así, me dijo, justo enfrente del edificio de Naciones Unidas, que los Estados Unidos tenían problemas con su ciudadanía para el despliegue de un gran número de tropas sobre el terreno. En ese sentido, el ejército estadounidense cree “que podemos proyectar nuestro poder desde el espacio” y ésa era la razón por la que los militares se movían en esa dirección. Le pregunté si en el caso que los Estados Unidos se fueran al espacio con armamento, otras naciones no les seguirían, iniciando así una carrera armamentística en el espacio. El diplomático contestó que el ejército estadounidense había hecho varios análisis y había determinado que China estaba “treinta años atrasada” para poder competir en materia militar con los Estados Unidos en el espacio y que Rusia “no tiene el dinero para hacerlo”. En ese momento se fue a votar y pude ver cómo, una vez más, había un apoyo abrumador a favor del tratado PAROS, pero los Estados Unidos lo bloquearon. Así pues, debido al requisito de unanimidad para aprobar el tratado, éste fue bloqueado de nuevo. 

Y eso fue durante el gobierno de Clinton.

Con la administración Trump, ya no sólo hay un rechazo al tratado PAROS, sino que se ha dado un giro en favor de que los Estados Unidos armen el espacio.

Se veía –y también se podía leer– venir.

“Bajo Trump, los Republicanos van a darle un buen vistazo a las armas espaciales”, era el titular de un artículo en 2016 del periódico de Washington Roll Call. El artículo rezaba: “Las ideas de Trump para una defensa de misiles y para varios programas militares espaciales había tenido algo cercano a nula atención comparado con las otras propuestas de defensa del candidato a presidente (…) Pero los expertos estiman que dichos programas se llevarán una parte significativa de lo que seguramente será un aumento en el presupuesto de defensa, potencialmente alrededor de los 500 mil millones de dólares o más, en la década que viene”.

Un gran apoyo para el plan fue anticipado en un Congreso dominado por los republicanos. Roll Call mencionó que el congresista Trent Franks, un miembro del House Armed Services Committee y un republicano de Arizona dijo “el brazo nuevamente fortalecido de los republicanos en Washington significa el advenimiento de grandes inversiones para programas orientados al desarrollo de armas que pueden ser desplegadas en el espacio”.

En un discurso en marzo en la en la estación del cuerpo de marines cerca de San Diego, Trump declaró: “mi nueva estrategia nacional para el espacio reconoce que este es una zona donde se libra la guerra, igual que la tierra, el aire y el mar. Quizá tengamos una Fuerza Espacial (…) Así que tenemos la Fuerza Aérea; pues tendremos la Fuerza Espacial”.

Bruce Gagnon, coordinador de la Red Global Contra las Armas y la Energía Nuclear en el Espacio, apunta que Trump no puede establecer una Fuerza Espacial por si solo: necesita de la autorización del Congreso. Asimismo, el año pasado, apunta Gagnon, el intento de establecer un Cuerpo Espacial integrado en la Fuerza Aérea pasó el filtro de la Cámara de Representantes pero no el del Senado”.

“Así que en éste punto eso es sólo una propuesta”, dijo Gagnon.

“Aun así, creo”, siguió Gagnon, “que esa propuesta es indicativa de que la industria aeroespacial ha tomado el control total de la Casa Blanca y de que podemos estar seguros que Trump va usar todos sus ‘poderes de Twitter’ para impulsarla con fuerza los próximos meses.”

Mientras tanto, explica Gagnon, hay una crisis fiscal “en constante desarrollo” en Estados Unidos. “Hace algunos años, una publicación de la industria aeroespacial pregonaba que necesitaban ‘una fuente especializada de financiación’ para pagar los proyectos espaciales e indicaba que ya habían encontrado una: los programas de licencia. Eso significa que la industria está ahora trabajando en destruir la seguridad social, el Medicare, el Medicaid y lo poco que quede del programa de bienestar. Si quieres ayudar a parar la Guerra de las Galaxias y la nueva Fuerza Espacial de Trump, lucha por la Seguridad Social y por el progreso social en Estados Unidos. Trump y la industria aeroespacial no pueden tener las dos cosas a la vez: la disputa resultará en el progreso social o en la guerra en el espacio.”

Tal y como Robert Anderson de Nuevo México, un miembro de la junta de la Red Global dice: “No hay dinero para el agua en Flint, Michigan, o para una red eléctrica en Puerto Rico, pero sí lo hay para hacer la guerra en el espacio”.

O como otro director de la Red Global, J. Narayana Rao de la India comenta: “El presidente Trump ha inaugurado formalmente el armamento del espacio al anunciar que los Estados Unidos deberían establecer una Fuerza Espacial que traerá consigo una carrera armamentística en el espacio exterior”.

Miembros de la administración rusa están protestando contra el plan de Trump para una Fuerza Espacial. “La militarización del espacio es el camino al desastre”, dijo Viktor Bondarev, el Presidente del Comité de Defensa y Seguridad del parlamento ruso a la agencia de noticias RIA el día después del anuncio de Trump. Esta Fuerza Espacial operaría en “cielos prohibidos”. También afirmó que Moscú está preparado para “tomar fuertes represalias” si los Estados Unidos violan el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre situando armas de destrucción masiva en el espacio.

Además, la oposición entre los legisladores en Washington ha empezado. “Afortunadamente, el Presidente no puede hacerlo sin el Congreso, porque ahora NO es el momento de dividir la Fuerza Aérea por la mitad”, tuiteó el Senador por Florida Bill Nelson.

“El espacio como una zona en la que se libra la guerra es la última obscenidad de una larga lista de viles acciones de una vil administración”, escribía esta semana Linda Pentz Gunter, quien se ha especializado en asuntos internacionales de naturaleza nuclear para la organización Beyond Nuclear. “El espacio es para maravillarse. Es donde vivimos. Somos un pequeño punto en medio de la inmensidad, flotando en la infinita oscuridad sobre la cual tenemos un conocimiento sorprendente y sobre la cual, sin embargo, aún nos queda mucho por saber”.

“La creación de una Fuerza Espacial no es una aspiración que pertenezca sólo al gobierno de Trump, por supuesto”, continuó en el sitio web de Beyond the Nuclear International del grupo de Takoma Park, Maryland, “pero aún parece peor si esta se encuentra en sus manos.”

* Karl Grossman

es profesor de Periodismo en la State University of New York. Es el autor del libro The Wrong Stuff: The Space’s Program’s Nuclear Threat to Our Planet. También es miembro del grupo de control de los medios de comunicación Fairness and Accuracy in Reporting (FAIR).

Fuente: https://www.counterpunch.org/2018/06/22/star-wars-redux-trumps-space-force/

Traducción: Miquel Caum

 

 

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