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 Xalapa, Ver.- Año IX No. 480

 

 

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Éxodo, sin maletas

Bernardo Bátiz V. / La Jornada

Sin maletas es un libro de Editorial Icono, de Bogotá, que recoge 10 testimonios de migrantes y refugiados que comparten con el lector sus tragedias, penurias y también sus esperanzas; son 10 relatos de cuando, por diversos motivos tuvieron que huir, escapar de sus países, esconderse, separarse de sus pueblos, de sus amistades y de sus familias, porque el mal los persigue, por que temen por su integridad física y la de los suyos o simplemente por que en su lugar no hay forma de ganarse el sustento diario con un trabajo honrado.

Parece que este fenómeno de personas emigrando, peregrinando, no por voluntad propia, sino por situaciones extremas, se ha convertido en un fenómeno mundial. Historias de éxodos y de peregrinos no son exclusivas de nuestro tiempo, pero en este umbral del siglo XXI parece que el fenómeno se recrudece. Lo mismo en África, que en los Balcanes o en América Latina o en Medio Oriente, la triste realidad de personas alejándose de su terruño no por espíritu aventurero ni por motivos turísticos, sino por sobrevivencia, se volvió algo cotidiano, propio de nuestra época, cuando el neoliberalismo y la globalización están llevándonos al desastre.

El libro, investigación y recopilación de la periodista Margarita Solano Abadía, colombiana radicada en México, llegó a mis manos por casualidad, cuando uno de los debates más importantes de la política, junto con la consulta sobre el aeropuerto, es el del drama de los migrantes hondureños que irrumpieron en el país y avanzan sobre territorio mexicano con intenciones de llegar a Estados Unidos, a buscar trabajo, a salvar sus vidas, con la alternativa de quedarse entre nosotros si la realidad se los impone; puede que la falta de fuerzas, de recursos o el cansancio les impidan completar su trayectoria.

Es un drama plural, suma de cientos de dramas personales y familiares, pero la irrupción y peregrinaje, como es frecuente, provoca dos tendencias encontradas. Unos quieren que se les impida el paso, que se les deporte al país de donde vienen, son aquellos que ven todo negro, peligro en todo, en el peor de los casos con horror y en el menos malo con temor. Otros, en cambio, piensan en ellos como seres humanos, como hermanos en desgracia a los que hay que atender, apoyar y si es posible, brindarles medios para que sobrevivan y cumplan su propósito.

Ante lo que sucede, fenómeno espontáneo propiciado por la pobreza y el temor o alentado por intereses políticos mezquinos, sin lugar a duda hay dos posiciones. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, es representativo de una de ellas; taimado y violento, usa el fenómeno para presentarse ante sus votantes como el defensor de la integridad y la soberanía de su país, como si el éxodo fuera de veras una amenaza; basta ver a los caminantes para entender que no hay tal; se trata de familias inermes, hombres y mujeres cansados, niños famélicos y ancianos voluntariosos. Como si esa caravana agobiada y mal comida, fuera en verdad un peligro para la potencia más poderosa del mundo.

La actitud ladina de Trump me recordó aquella película inglesa de hace varios años, El rugido del ratón (dirigida por Jack Arnold y protagonizada por Peter Sellers) en la cual un puñado de soldados armados con arcos y flechas y cubiertos con cotas de malla, intenta invadir Estados Unidos desembarcando en Nueva York; los neoyorquinos, más maduros que Trump, los ven con curiosidad y sin temor, como si fueran comparsas de un carnaval y terminan confraternizando con ellos.

Lo de los hondureños que hoy atraviesan nuestro territorio no es una broma ingeniosa, como en la película, ni el mandatario estadunidense entiende de bromas ni le importa el dolor humano, le interesa ganar su relección.

En el bando de quienes ven en los migrantes un grave peligro están quienes reclaman en su contra porque son muchos, porque dejan basura en su camino, porque quitan empleos a los mexicanos; como Trump, están dudando entre pedir al Ejército mexicano que los deporte o encerrarse en casa por temor a que los extraños los asalten.

El libro a que me referí, Sin maletas, llegó a mí sorpresivamente cuando el tema de actualidad nos lo proporciona el debate alrededor de los centroamericanos en busca de una meta confusa, pero con la esperanza de encontrar algo mejor que lo que hay en su país de origen. Los críticos son muchos, quisieran frenarlos, devolverlos sin consideración alguna, echarles encima policías, soldados, marinos, tanquetas y gases lacrimógenos.

Del otro lado están las actitudes generosas y solidarias, los que los reciben como son, hermanos en desgracia, peregrinos en busca de posada. De este lado están el padre Alejandro Solalinde y su organización Hermanos en el Camino; el papa Francisco; Las Patronas de Veracruz; el presidente electo, y las comisiones de derechos humanos. También milita en ese bando la tradición cristiana que aprendimos en la infancia; uno de los actos de misericordia, que son 14, es dar posada al peregrino.

jusbb3609@hotrmail.com

 
 

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