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 Xalapa, Ver.- Año X No. 494

 

 

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Ante los nuevos mundos

Rolando Cordera Campos / La Jornada

Mientras las aguas de la política encuentran nuevos cauces, la economía vuelve a advertirnos que por ella misma no tiene por qué cambiar en un sentido favorable para la sociedad y sus capas mayoritarias y más vulnerables. Tampoco, es de esperarse que tal cambio económico vaya a darse de modo automático en consonancia con el portentoso vuelco político que empezó a consumarse en julio pasado.

La política económica cuenta, como cuentan las instituciones del Estado, la producción y la distribución, junto con el dinero y sus múltiples dimensiones hoy convertidas en capital y poder. Qué hacer dentro y con este endemoniado complejo siempre ha sido tarea de políticos y hombres del Estado, hayan sido o no economistas.

En la historia del siglo XX destaca por supuesto John M. Keynes, como lo hace en prácticamente todos los campos de esa convulsa historia el presidente Franklin D. Roosevelt y, a su peculiar manera, Winston Churchill. No se diga mon général De Gaulle, siempre instalado en el centro de la historia de Francia y desde ahí en la del mundo entero.

Los socialismos de aquellos años nos dejaron nombres y hazañas que deben incorporarse a una nómina como la sugerida. Gramsci, Togliati y Berlinguer vienen de inmediato a la memoria,como pugnaces buscadores de horizontes históricos renovadores y liberadores de una ortodoxia que al final resultó fallida. Desde las ruinas, la civilización occidental reconstruyó el capitalismo devastado por la Gran Depresión y la guerra, así como unas democracias abatidas por los fascismos o bloqueadas por el estalinismo.

La segunda mitad del siglo XX pudo haber sido testigo de la consumación de tanta mudanza, pero en su lugar dio paso a una globalización desenfrenada, la entronización de un pensamiento único y la disgregación de formaciones políticas y organizaciones sociales decisivas para la reforma a fondo del capitalismo, preconizada por Roosevelt y teorizada por Keynes bajo la tormenta demoledora de las crisis de entre guerras.

Hoy vivimos tiempos que nos remiten a aquellos de desgracia y dureza, pero sería erróneo reditar las hipótesis del eterno retorno con cargo a analogías endebles históricamente hablando. Pero, por otro lado, mal haríamos en no saber leer el hecho de que mucho de lo acaecido desde 2008 apunta hacia una crisis mayor que afecta la cultura y las relaciones sociales, así como las formas productivas y distributivas que el mundo se había dado.

Con las impetuosas presencias de China e India en el escenario económico mundial, aquellas proclamas de los años cincuenta y sesenta sobre el Tercer Mundo, las Terceras Vías y el derecho soberano al desarrollo, reclaman fueros que les fueron cercenados por la globalización neoliberal y sus pretensiones universalistas y hasta totalitarias. Y así han empezado a moverse los nuevos mundos y nosotros con ellos. Por ello es obligado construir nuestro propio inventario de nombres, episodios, efemérides. Hay que hacerlo ya, antes de que la historia nos deje huérfanos; no sería la primera vez.

 

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