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 Xalapa, Ver.- Año X No. 498

 

 

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El costo de la democracia

Enrique Calderón Alzati / La Jornada

Hace algún tiempo, escuché a Andrés Manuel López Obrador hablar de la importancia que tiene la democracia para un país como el nuestro, en el que ésta ha sido por décadas sólo una quimera. –Si gano las elecciones en 2018, me gustaría mucho que usted me apoyara organizando una consulta nacional sobre algunos puntos de mi programa de gobierno, pues ello me permitiría conocer las opiniones de la sociedad mexicana en su conjunto, y sobre todo, pero sobre todo, me permitiría iniciar un programa que faculte a todos los mexicanos comprender lo que es la democracia y que su logro depende de la participación del pueblo tanto como del gobierno; es probable que al principio muchos no comprendan cuál es la esencia de la democracia, pero sé que terminaremos logrando que nuestro país sea realmente democrático.

El sábado y domingo pasados se realizó una consulta pública, convocada por el Presidente para decidir la puesta en operación de una central termoeléctrica ubicada en el municipio de Amilcingo, Morelos, en un paraje cercano al Popocatépetl, para generar energía que habría de ser distribuida a Morelos, Puebla y Tlaxcala; dicha planta había sido construida por el gobierno anterior con un costo de varios miles de millones de pesos, al parecer sin realizar estudios de riesgo ni tomar en cuenta las afectaciones que ésta causaría a la población de un buen número de localidades cercanas, pero sobre todo sin consultarles su opinión, en tanto la planta significaba no sólo beneficios, sino también problemas de contaminación y utilización del agua, vital para la agricultura de la región.

Sabiendo de todos estos problemas y tomando también en cuenta la enorme cantidad de dinero invertido en forma cuestionable e incluso irresponsable, era necesario tomar una decisión: poner la planta en operación o cancelar el proyecto, desmontar el equipo instalado y buscar un lugar propicio para su operación, lo cual implicaba seguramente el traslado de los equipos, así como la construcción de otra planta, lo cual causaría costos importantes. En un país con un régimen democrático, la obligación del Presidente en un caso como este, es convocar a una consulta para que el pueblo decida y de manera especial la población potencialmente afectada o beneficiada, y esto es precisamente lo que el mandatario hizo. Los resultados hablan por sí mismos: mientras los beneficiados votaron por el sí, los afectados, al parecer mayoritarios, decidieron rechazar la consulta, incluso quemando algunas de urnas, lo cual impidió que votaran en contra muchos que seguramente no estaban de acuerdo con la operación de la planta; adicionalmente sus líderes convencieron a una parte de la población de boicotear la consulta absteniéndose de votar. ¿Cuál fue el resultado de este proceso democrático? Ni más, ni menos que el contrario al que pueblo y gobierno deseaban obtener. Por ello, la susodicha termoeléctrica deberá entrar en operación, no obstante que la mayoría esté en contra de ello. De no hacerlo, seguramente el Presidente sería culpado por sus detractores de no acatar el resultado de la consulta.

La explicación que podemos concluir de este desenlace resulta dolorosa; acostumbrados a los fraudes electorales y las imposiciones realizadas por los gobiernos pasados, la población afectada decidió actuar como lo hizo, pensando que el nuevo gobierno actuaría de manera similar a como lo hicieron los anteriores, no obstante que solo ocho meses atrás, esa misma gente le había dado su voto de confianza. Esto nos hace ver que es mucho lo que nos falta para lograr la democracia, aun cuando el gobierno esté empeñado en lograrlo. Además, la consulta tuvo un resultado trágico e irreparable con la muerte del líder social Samir Flores, quien luchaba por las mismas causas que el Presidente. Hoy son muchos los que piensan que los asesinos de este líder social estuvieron coludidos con el actual gobierno. Recuerdo que en alguna de sus historias, el famoso detective inglés Sherlock Holmes afirmaba que para encontrar al asesino de un crimen, habría que determinar quiénes se benefician de éste y quiénes son los perjudicados. La democracia a la que hemos aspirado los mexicanos de tiempo atrás ha tenido un gran avance con la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador y de Morena, pero es mucho aún lo que falta por hacer; una tarea de la mayor importancia, es convencer a la población de todo nuestro país incluyendo a nuestros familiares y amigos, de que la democracia no es sólo responsabilidad de los gobernantes, sino de todos los que la hemos anhelado de tiempo atrás, ante su ausencia, quedándonos claro entre otras cosas que ella no se logra destruyendo urnas ni convenciendo a la gente que los procesos democráticos actuales son los mismos que los empleados por los gobiernos anteriores para hacer prevalecer sus intereses.

Por otra parte, no podemos negar que hay convencidos de que el actual gobierno está llevando al país a la bancarrota, algunos de ellos considerados como líderes de opinión, que en el pasado fueron escasamente críticos ante las acciones francamente delictivas de los gobiernos anteriores y cuyo comportamiento está ligado a intereses económicos, mientras que otros tienen puntos de vista que difieren de los de los nuestros y que, pensando de manera diferente a la nuestra, merecen nuestro respeto. Este es el costo que como nación debemos pagar todos con nuestro esfuerzo y nuestra preparación. La democracia no es gratis.

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