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 Xalapa, Ver.- Año X No. 503

 

 

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Zapata vivo

Gustavo Esteva / La Jornada

A100 años del asesinato de Zapata, renace el rumor que nunca ha cesado, que unos creen de verdad y otros deciden creer: Zapata cabalga de nuevo. No lo hace en el magnífico alazán, el As de Oros, que le regaló Guajardo en el primer día de la emboscada y en el que montaba cuando acudió a la cita. Cabalga en su gran caballo blanco, el que tanto quería. A veces, dicen viejos campesinos, se le puede ver cuando se levanta de madrugada con el sol de la montaña.

No invoco la leyenda y el mito. Apelo al símbolo para mostrar la notable actualidad del zapatismo. Tiene aún su sentido original pero también uno actual. Ambas modalidades alumbran un mundo nuevo, al terminar la era atroz que nos ha tocado vivir.

Sigue vigente Tierra y libertad. Continúa la lucha para conseguir tierra y se intensifica su defensa, ante la ola de despojo que recorre el mundo. Como nunca se lucha por la libertad, al multiplicarse los mecanismos que la coartan o suprimen.

Tiene aún más vigencia la idea de recuperar los ejidosque detonó la revolución zapatista. Los españoles usaron esa palabra para referirse a complejos regímenes comunales que no podían entender. Los pueblos indios la hicieron suya para afirmarse en sus formas de ser, vivir y gobernarse. Cuando recuperaron sus ejidos, los zapatistas realizaron un experimento social de gran envergadura. Tanto la forma de trabajar las tierras recuperadas o los ingenios en ruinas como los dispositivos de gobierno propio dejaban atrás las relaciones sociales capitalistas lo mismo que las reglas de la democracia formal. Crearon una nueva sociedad. Los revolucionarios que asesinaron a Zapata tuvieron que desmantelarla para poder someter el país al molde capitalista y a sus formas políticas; sus ejidos fueron claramente la negación de los ejidos zapatistas.

El 1º de enero de 1994 se dio a conocer un aliento semejante. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) nació también comopueblo en armas, pero aprovechó brillantemente el apoyo de millones de personas para poner las armas a dormir. A pesar de continuas provocaciones, ataques y acosos, el EZLN no ha vuelto a usar las armas y ha sabido defenderse sin ellas. Pero siguen ahí.

La memoria de Zapata y Sandino estaba presente en los zapatistas, para eludir la emboscada que les tendió el gobierno en 1995. La inmensa ola de rechazo al engaño generó un marco jurídico que abrió una oportunidad de negociación con el gobierno. Los zapatistas se comprometieron a fondo con ella. Cuando el gobierno traicionó los acuerdos a que se había llegado, aplicaron lo acordado en los territorios bajo su control. Crearon así una forma de existencia social que se ajusta bien a la tradición zapatista. Puede hablarse de la Comuna de la Lacandona en la misma forma metafórica en que se habló de la Comuna de Morelos.

Como el zapatismo original, el de hoy no pretende constituirse en clase dominante ni conquistar los podridos aparatos estatales. Se constituye fuera del Estado y lo desafía. De la misma manera que se organizó como ejército con el propósito de desaparecer los ejércitos, haciéndolos innecesarios, construye una forma de existencia social en que no haya clases dominantes ni se deba subordinar a una estructura estatal la voluntad autónoma de los pueblos.

El lema del Congreso Nacional Indígena, Nunca más un México sin nosotros, definió su lucha como reivindicación contra la marginación histórica de los pueblos indios. En los siguientes 20 años los zapatistas observaron el desmantelamiento de los estados-nación, de los que ya sólo quedan rituales y policías, y el renacimiento de nacionalismos protofascistas de la cuarta guerra mundial. Ante la destrucción sistemática de lo que quedaba del país adoptaron un nuevo horizonte político, que se mantiene a ras de tierra más allá de las equívocas fronteras nacionales.

Es la hora de la violencia. El patriarcado capitalista dominante ha adoptado un patrón autodestructivo que no es una oportunidad de emancipación, sino un deslizamiento a la barbarie. México y Siria ocupan el primer lugar en el mundo por índices de violencia. En ambos países las únicas áreas seguras, donde se puede vivir con tranquilidad, son aquellas en que se realiza un experimento social radical: los kurdos de Rojava, en Siria, y los zapatistas de México. Los dos grupos están armados, pero no usan sus armas para crear su seguridad, la cual se basa en las relaciones sociales que han establecido, en sus formas autónomas de gobierno.

Ni el zapatismo de ayer ni el de hoy caben en las categorías políticas e ideológicas conocidas. Se nutrieron de muy diversas tradiciones y experiencias, pero no se redujeron a los cánones establecidos y se caracterizaron por la innovación. En vez de imaginar la sociedad futura, los zapatistas reinventaron el movimiento para dejar atrás la etapa actual y lo expresaron en sus iniciativas y en su modo de vivir. Es el aliento que el CNI dejará sentir estos días en Chinameca, donde asesinaron a Zapata.

gustavoesteva@gmail.com

 
 

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