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Cambridge Analytica: matriz de fraudes electorales

Víctor Flores Olea / La Jornada

Más de 15 años de esfuerzos y de una militancia abierta que jamás se ocultó. Esa verdad conocida fue el secreto a voces del ascenso imparable de AMLO al poder, verdad que se integra por multitud de hechos menores y detalles que componen su ascenso triunfante. Las nuevas técnicas electorales no sólo buscan una variante en los números sino una coincidencia en las posiciones electorales. No se trata sólo de obtener una mayoría numérica, sino de lograr la convicción coincidente y sumada de las voluntades. En la revista Proceso de la semana que pasó se describen con mayor detalle las técnicas usadas por la empresa Cambridge Analytica, particularmente en las últimas elecciones de Estados Unidos, que ganó Donald Trump, en que se muestran los procedimientos de publicidad y engaño de que se valió el ganador en 2016 y también los partidarios del Brexit, en Gran Bretaña.

Por supuesto, el dinero es primordialmente estadunidense y el grupo técnico británico. Los acontecimientos tenían lugar en América, el análisis de sus significados en Londres. ¿El objetivo? Controlar voluntades, pues es imposible manejar las conciencias para lograr votos en la dirección deseada. Control de respuestas en un sistema de condicionamientos desconocido, tal vez imposible antes.

Según las tesis dominantes de los especialistas en estos fraudes superrefinados, se trataría no tanto de convencer a los disidentes electorales por la razón, sino por el temor, no tanto por el argumento sino por el aspaviento teatral capaz de originar reacciones predeterminadas. Se trata, en síntesis, de abandonar algunos de los principios más consolidados de las elecciones en México, en favor de una suerte de conductismo sicológico que se aproxima más a la gobernanza por el ejemplo y por la muestra de experiencias elementales y vividas.

La novedad de esta orientación de la conducta, que por supuesto se vale de la mentira y de los engaños, es que por vez primera se atiende sobre todo al seguimiento de la conducta de los individuos aislados o en grupos, y se confía ciegamente en la capacidad de imitación que tiene la mayoría de los humanos. Se adivinará fácilmente que una técnica que tiene que ver con la sicología y que, al final, se refiere a los procesos electorales contemporáneos, no está ni de lejos divorciada de la mentira, la exageración y la peor retórica elemental que hace su presencia en los enfrentamientos partidistas.

Es fácil entender por qué las técnicas de Cambridge Analytica se hayan desarrollado en manos de la derecha o de la extrema derecha, que son los movimientos que han solicitado precisamente la orientación de los líderes de la extrema derecha o que se han dejado conducir por ellos. El caso de Trump es ejemplo de lo que afirmo. En México, habría información suficiente de que el primero en recurrir a la dirección del Cambridge Analytica fue el Partido Acción Nacional, en los comicios de 2006, por gestiones de Felipe Calderón, extremista de la derecha mexicana, quien volvió a recurrir a la empresa conductista cuando él y su mujer tuvieron la pesadilla de fundar un nuevo partido de la derecha.

Por supuesto, hay incertidumbre acerca de lo que pueda ocurrir en las elecciones presidenciales de 2024. Todo indicaría, sin embargo, que Morena, bajo la dirección de Andrés Manuel López Obrador, volverá a triunfar, si no con la amplitud anterior, sí de manera suficientemente desahogada como para que ningún otro partido pueda reclamar válidamente el triunfo. Aun cuando Cambridge Analytica y otros semejantes participen con los partidos y movimientos de la extrema derecha. Desde el punto de vista financiero no hay problema, ya que en este sentido la derecha tiene sobrados recursos.

Decíamos que no parece haber un plan consolidado de críticas y descalificaciones a AMLO. La descalificación de la derecha no es intelectual o filosófica, sino social, en el sentido de que se pretende rebajarlo a un estrato social inferior. De ahí que hayan surgido multitud de chascarrillos a costa de AMLO, quien no puede ser fácilmente criticado desde el punto de vista político, pues en las últimas elecciones mostró su superioridad arrolladora respecto a los otros políticos en liza. No se trata tanto de una disminución intelectual sino de una disminución social, de una definición, con chascarrillos, que colocaría a López Obrador en un rango bajo de la estructura social.

En el caso de AMLO se ejemplifica a un hombre que, sin duda, está fuera de las élites. Tampoco se le coloca como líder de una de las clases en lucha, sino como parte de un estrato que ciertamente no está en lo alto de las clases sociales. Su lucha, a ojos de las élites, es por ascender en la pirámide social y no persigue la destrucción de esa pirámide, sino su ascenso dentro de la misma. Esta visión, por cierto bastante elemental, configura la imagen de un hombre de nuestro país en los siglos XX y XXI que ha sido excepcional en nuestra época y que, como dice una de sus principales frases publicitarias en lo político, está haciendo historia al lado de muchos otros que lo apoyamos.

 
 

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