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 Xalapa, Ver.- Año XI No. 566

 

 

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Hablemos de capitalismo gandalla

Abraham Nuncio / La Jornada

“No os dejéis engañar. Cuando el rico sale a la calle lo hace para reclamar privilegios; cuando el obrero lo hace es para reclamar derechos”. En el aluvión de la red me encontré tal mensaje. Sintetiza el contenido de este artículo.

Lo que se ha difundido como neoliberalismo no es sino un capitalismo gandalla en el sentido que le da a este vocablo el Diccionario de Mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua. Gandalla: adjetivo referido a persona, que se aprovecha de alguien o se apropia de algo de manera artera.

El vértice de ese capitalismo es el de los más ricos de México. Ahora protestan en sus autos de lujo, deportivos y blindados. Con sus caravanas pretenden la pronta defenestración del presidente López Obrador, como si no hubiera un marco normativo ni existieran los más de 30 millones de mexicanos que votaron por él. ¿El propósito?: seguir disfrutando de sus privilegios sin límite. Es la muestra ululante del uno por ciento de la población nacional y sus seguidores, a los que se suma un sector de la clase media alta, que piensa que su apariencia le da para ser parte de los integrantes de esa minúscula minoría.

Entre los motivos agitados en sus pancartas, los caravaneros señalan al titular del Ejecutivo de conducir al país al comunismo o al socialismo. Sólo un zafio redomado o un despistado consuetudinario puede afirmar que el gobierno de López Obrador nos conduce al socialismo.

Bastaría que los promotores de la embestida ideológica y financiera le preguntaran a sus asesores, que hoy convergen en ese sótano sórdido y violento, tan familiar a Galio, qué es socialismo y comunismo, para que buscaran otro tipo de espantajo a sus ambiciones.

Pero nada nuevo hay en esa embestida. Veamos.

Juan López Cancelada dirigió la Gaceta de México, y sus opiniones favorecían al Consulado de Comercio de México (antecesor de las cúpulas empresariales de nuestros días). El consulado estaba controlado por los comerciantes monopolistas. Éstos se conjuraron para dar un golpe de Estado al virrey Iturrigaray, que dio muestras de apertura a los reclamos de los criollos en la Nueva España. López Cancelada les sirvió de vocero. También en su combate a la independencia. Sus opiniones cambiaron al triunfo de la Constitución de Cádiz, para luego ponerse al servicio de ese déspota de siete suelas que fue Fernando VII. Hasta el fin de sus días, López Cancelada insistió en que la nueva república debía esperar la reconquista de su antigua metrópoli. Un poco de visión y habría muerto feliz: la reconquista tendría lugar poco más de siglo y medio después, con la venta de los bancos mexicanos a los de España.

Conocido, pero no asumido, es el episodio por el cual los conservadores del siglo XIX pidieron a Napoleón III de Francia que les facilitara un emperador para que gobernara México. Ahora, Gustavo de Hoyos, presidente de la Coparmex, se queja ante el rey Felipe VI de la gestión de López Obrador.

Santiago Vidaurri, gobernador de Nuevo León hacia mediados del siglo XIX, casó a su hija Pudenciana con Patricio Milmo, el empresario más poderoso del noreste mexicano. Ante la necesidad de recursos para sostener la guerra contra el imperio de Maximiliano, Vidaurri se los negó a Juárez, y su hijo, Indalecio, baleó al Presidente. El apellido Milmo se proyectaría en la radio y la televisión del México futuro.

Enrique Gorostieta González, consuegro de Francisco G. Sada, uno de los dos fundadores de la Cervecería Cuauhtémoc (confiscada por las fuerzas revolucionarias en 1914) fue ministro de Justicia, primero, y de Hacienda, después, en el gabinete de Victoriano Huerta. Su hijo, Enrique Gorostieta Velarde, sería ascendido entonces de coronel a general y más adelante se convertiría en el comandante en jefe del ejército cristero.

El artículo 123 permanecía sin legislar tres lustros después de promulgada la Constitución de 1917. Las presiones empresariales lo impedían. En septiembre de 1929 nace Coparmex para fortalecer esa postura. Luis. G. Sada, su primer presidente, y el intelectual y empresario Joel Rocha, tío bisabuelo de Ricardo Salinas Pliego, fueron sus figuras centrales.

Del Monterrey industrial también saldrían iniciativas para impedir el surgimiento de la CTM; para defender los intereses de las trasnacionales del petróleo a la hora de su nacionalización; para impulsar la fundación del PAN; así como oponerse al texto gratuito; para enfrentarse a reformas fiscales; para catapultar fugas de capitales como la que promovió el grupo Monterrey, luego del apoyo oficial a Alfa (el escándalo de Banobras), a efecto de paliar su crisis en 1981, y la de febrero-marzo de este año. Ahora, el presidente de la regiomontana Femsa señala, al momento de pagar 8 mil millones de pesos por concepto de impuestos atrasados, que podría invertir el doble para sacar a López Obrador de la Presidencia. Su ataque es múltiple: desde abajo, con voces como la del fascista Gilberto Lozano; por arriba, con la postura de Carlos Salazar Lomelí, director ejecutivo de Femsa y presidente del CCE, y desde en medio con el Consejo Nuevo León, pieza estratégica incrustada en el gobierno del estado.

El capitalismo gandalla, antes y ahora, apela a extremos para continuar disfrutando sus privilegios. 

 
 

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