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 Xalapa, Ver.- Año XI No. 577

 

 

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Más allá de la oposición

José Blanco / La Jornada

Es preocupante la atención y tiempo que el Presidente dedica a los enemigos de la 4T. Muchos podemos confiar en su experiencia en la esgrima de cada día con ellos, pero el gobierno debiera revisar si sigue en ese rumbo. El segundo Informe de gobierno abrió con unos párrafos sobre la corrupción, y (casi) cada día menciona a los corruptos.

Uno de nuestros clásicos identificó el efecto del rebote: lo que resiste apoya. Pero en los últimos tiempos se ha desvelado con claridad: ese flujo vale para las dos partes. El alto grado de la presencia de los enemigos de la 4T proviene del oxígeno que les suministra el Presidente al ocuparse de ellos tan asiduamente. Sin duda es un modo de continuar su lucha contra la corrupción, pero mientras más y más esa inmensidad de purulencia sigue y sigue y, por lo visto, continuará emanando de los procesos judiciales, debería ser menos necesario señalarlos por la voz presidencial. Esa lucha incluye dar una amplia información constante y una exhibición sin tregua de los corruptos. Pero no tiene que hacerlo siempre el Presidente; él mismo puede medir los momentos en que una intervención suya convenga, con arreglo a objetivos políticos específicamente buscados.

El lugar natural para levantar todas las espadas flamígeras debería ser Morena. Aunque, ya sabemos, el mundo es como es y esto hoy por hoy no parece posible. Los morenos de mayor peso deberían pensarlo a fondo, la erradicación de la corrupción tiene que ser parte de su discurso cotidiano. Pienso en el quid del Morena de AMLO, no en la diversidad de las personas afiliadas, donde hay de todo.

El Presidente debiera conceder más de su tiempo al largo plazo, es decir, a definir con líneas claras –acompañado de sus mejores mentes–, hacia dónde vamos, hacia dónde quiere llevar al país, cuál es el Estado que puede dejar definitivamente en la sucia ciénaga del pasado, a la corrupción neoliberal.

Más allá de los procesos judiciales indispensables para poner tras las rejas a todos los culpables, México necesita vitalmente un sistema judicial eficaz y libre de corrupción e impunidad. El Presidente, y el extenso lopezobradorismo, tienen que estar seguros del proceso reformador que puede llevar a esa meta. El Poder Judicial ha vivido en el secretismo total; es parte central de su cultura política y judicial. No más ese camino: los ciudadanos debemos estar enterados con claridad sobre una reforma que está formulando el propio Poder Judicial. Y que puedan opinar los que saben.

El liberalismo de AMLO lo lleva una y otra vez a expresar su convicción en la división de poderes. Pero la 4T busca revolucionar a la sociedad y sus instituciones. Con ese gran objetivo el Presidente ganó la elección; es su responsabilidad política la reforma del Poder Judicial.

Hace tiempo fue reformado el Poder Legislativo. Lo hicieron las fuerzas políticas dueñas del México de entonces: la corrupción neoliberal. Es tiempo de revisar con ojo reformador los fundamentos de la representación de la soberanía popular y ciudadana. Como a todos nos consta, por recientísimos hechos ocurridos en la Cámara de Diputados, la soberanía popular es un trapo desgarrado por el vodevil de traficantes que la compran y la rentan. El Presidente es el responsable político de cambiar los fundamentos y organización del Poder Legislativo.

El capitalismo mundial es un pandemónium; el desconcierto reina por la crisis sanitaria y la económica. Abunda aquí y allá un torpe sálvese el que pueda, una mirada cortoplacista propia del neoliberalismo. En México la 4T debe poner claridad máxima en el rumbo y en los objetivos de largo plazo. La corriente social del lopezobradorismo, durante el sexenio, tiene que convertirse en otra cosa: en el sustento político de la continuidad de la 4T. El Presidente no puede excluirse de pensar en el mañana más allá de su gestión sexenal.

Otro tema crítico es la economía. El Presidente nos informa sobre la recuperación del empleo y su optimismo relativo a la recuperación de la actividad económica. Hacia fines de año la economía estará de vuelta, ha dicho. Ojalá el Presidente tenga en el bolsillo más de un escenario económico; puede ser altamente necesario. La crisis económica es mundial, abarca a todos como el Covid-19, y los grandes capitales internacionales trabajan en quién sabe qué proyecto pos-Covid (a la Lampedusa), de carácter posglobalización neoliberal. No podemos desentendernos de ese proceso en marcha, pero nos son indispensables otros basamentos para una operación de una economía mixta con máxima justicia distributiva. Este proyecto demanda entre otras cosas una determinada estructura productiva, que es necesario pensar, debatir y planear. Hay un mucho más allá de la vuelta a las actividades económicas como si no hubiera ocurrido nada.

A Morena corresponde pelear sin tregua por un Estado de bienestar cada vez más extenso y sólido. La educación y la salud por delante, suficientes, para todos los excluidos. Es su turno.

 

 
 

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