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Nueva York, Portland y Seattle son declaradas ciudades anarquistas

David Brooks / La Jornada

Nueva York., Nueva York, Seattle y Portland fueron declaradas ciudades anarquistas por el gobierno de Donald Trump, quien utiliza su poder ejecutivo como arma electoral contra bastiones demócratas y, al mismo tiempo, procede para consolidar el control derechista de la Suprema Corte –que podría ser el último árbitro de una anunciada disputa electoral– antes de las elecciones del 3 de noviembre.

A 43 días de la elección general, la muerte de la juez liberal de la Suprema Corte Ruth Bader Ginsburg ha creado un frente más en la guerra política que ya se desarrollaba de manera sin precedente con el presidente poniendo en duda el proceso en un país que está por registrar más de 200 mil muertes por la pandemia, la peor crisis económica desde la Gran Depresión y el despertar del movimiento de protesta más grande de su historia.

Trump indicó ayer que nombrará a una mujer para sustituir a Ginsburg el sábado y dijo que desea que sea ratificada antes de los comicios.

Los demócratas –quienes exigen que el ganador de las elecciones debería ser quien nomine al próximo juez– no pueden frenar la ratificación del Senado sin ayuda de por lo menos cuatro republicanos; por ahora sólo dos se han pronunciado en contra de proceder con una nominación antes de la elección, y todos observan a otros dos o tres que podrían romper filas con el presidente.

La batalla por la Suprema Corte –si Trump y sus aliados logran su deseo tendrán mayoría de seis jueces conservadores contra tres liberales– tiene implicaciones potencialmente gigantescas con severas consecuencias para el futuro de varios temas magnos del país, desde los derechos de las mujeres y de los gays, hasta las libertades civiles, la justicia crminal, los derechos laborales y el proceso electoral. Por lo tanto, el puesto vacante y quien lo ocupe de inmediato se volvió tema central de esta elección para los candidatos y las bases de ambos partidos.

Por otro lado, el procurador general de la nación, William Barr, en una maniobra plenamente electoral, designó ayer a las ciudades de Nueva York, Portland y Seattle ciudades anarquistas que han permitido violencia y destrucción de propiedad, en referencia a las protestas contra el racismo sistémico y la violencia policiaca, y con ello, amenazó con reducir su financiamiento federal por órdenes de Trump.

Los alcaldes de las tres ciudades denunciaron, en declaración conjunta, los juegos políticos baratos de Trump, quien, acusan, siempre busca culpar a otros de sus fracasos. El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, declaró que el magnate no es rey, no puede anular fondos a la ciudad de Nueva York. Es un acto ilegal. Expertos apuestan que la medida será frenada por tribunales.

Mientras, la pandemia –que está por alcanzar el saldo de 200 mil muertos en Estados Unidos, mucho más que cualquier otro país– sigue como tema electoral. Ayer, en un discurso de campaña en Wisconsin, el candidato demócrata Joe Biden declaró que por las mentiras e incompetencia de Donald Trump durante los últimos seis meses, hemos visto una de las pérdidas más grandes en la historia de Estados Unidos. Eso, junto con la crisis económica que desató el manejo de la pandemia, es el flanco más vulnerable políticamente para el presidente.

Trump ha insistido en que su repuesta fue la mejor jamás adoptada, que China tiene la culpa de la pandemia y asegura que pronto tendrá lista una vacuna y una resucitación de la economía.

Las 200 mil muertes por Covid-19 suman más que las combinadas de estadunidenses en todos los conflictos bélicos desde la Segunda Guerra Mundial hasta la fecha.

Por otro lado, el fiscal de distrito de Nueva York, Cyrus Vance, indicó que podría tener suficiente evidencia para investigar al mandatario por fraude fiscal.

Por ahora, Biden continúa con una ventaja de entre 7 y 8 puntos a escala nacional en el promedio de las principales encuestas, así como en varios de los estados clave que determinarán el resultado final.

Entre latinos, Biden goza de una ventaja de 62 por ciento contra 26 de Trump, según una nueva encuesta de NBC News/Wall Street Journal/Telemundo, pero esa ventaja de 36 puntos del sector minoritario más grande del país es menor del que gozaba la candidata demócrata Hillary Clinton en 2016. Más aún, en aquella elección, Trump logró conquistar aproximadamente 30 por ciento del voto latino.

 
 

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