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Explosión de incendios en el oeste de EEUU

Barry Sheppard / SinPermiso

27/09/2020

El mundo ha visto las imágenes que asolaron la mayor parte de la costa del Pacífico estadounidense, desde la frontera canadiense hasta México.

El 15 de setiembre, un centenar de grandes incendios, y otros pequeños muy numerosos, asolaron los estados de Washington, Oregón y California. Una nube de humo tóxico cubrió gran parte de esos estados, creando escenas apocalípticas.

El humo se extendió por los estados del este, sobre todo Idaho, Colorado y Nevada. También se informó de incendios en dichos estados.

Una escena apocalíptica se produjo un día en la zona de la bahía de San Francisco, cuando los habitantes de todas las ciudades se despertaron bajo un cielo anaranjado sombrío. El alumbrado, que solo se enciende habitualmente por la noche, quedó encendido durante toda la mañana. Ningún rayo de sol penetró a través del humo mezclado con la niebla y numerosos paneles solares no alcanzaron a producir electricidad.

Una foto del centro de San Francisco, a comienzos del atardecer, mostraba calles sombrías con los faros de los coches encendidos, luces en los edificios iluminados y un cielo anaranjado.

Por doquier en el área de la bahía, la gente notó esa siniestra escena. Parecía bíblica.

En más de un mes, cinco millones de hectáreas ya han ardido en los tres estados.

Los incendios se iniciaron en California en agosto, y se extendieron por los estados de Washington y Oregón, en estos últimos días.

Respecto a California, un artículo del New York Times señalaba: “La crisis a que se enfrenta el estado más poblado de la nación es más que un simple cúmulo de catástrofes individuales. También es un ejemplo del por qué los expertos en clima se preocupan desde hace tiempo, pero que muy pocos de entre ellos esperaban ver tan pronto: un efecto en cascada, mediante el cual una serie de catástrofes se encadenan, activan o  amplifican unas a otras. “Caen fichas de dominó de una forma que los norteamericanos nunca imaginaron”, declaró Roy Wright, que dirigió los programas de resiliencia de la Agencia Federal de gestión de catástrofes hasta 2018, y que creció en Vacaville, en California, cerca de uno de los mayores incendios de este año. Es el apocalípsis.

Las crisis simultáneas en el estado ilustran la forma de como opera el efecto arrastre. Un verano canicular implicó condiciones de sequedad nunca vistas antes. Esta aridez contribuyó de hecho a los fuegos más importantes nunca registrados en el bosque durante la estación. Seis de los veinte mayores incendios de la historia de California tuvieron lugar este año…

Los incendios en bosques con elevadas temperaturas no solo expulsan a miles de personas de sus casas, sino que provocan igualmente la dispersión de productos químicos peligrosos en el agua potable (y humo)

Las consecuencias del calor excesivo y del aire asfixiante y del humo amenazan la salud de las personas que ya luchan contra la pandemia; y la amenaza de nuevos incendios ha llevado a las compañías de seguros a anular las pólizas de las viviendas, mientras que la principal compañía de electricidad del estado ha cortado el suministro a decenas de miles de hogares.

Hay otro efecto a añadir a esta cascada. El calentamiento climático implica un aumento de la temperatura en el norte, en nuevas zonas. Es lo que se ha producido este año, cuando las condiciones californianas se extendieron por primera vez a Oregón y Washington.

Esos estados no estaban preparados para la erupción de los incendios en los bosques. Los bomberos tuvieron que enfrentarse a una nueva situación de incendios que se desplazaban rápidamente. Las autoridades tuvieron que poner a punto muy rápidamente procedimientos para evacuar a la gente y éstas personas tampoco estaban preparadas.

En zonas de Oregón hubo gente que se negó a evacuar, dando crédito a los rumores extendidos en los medios sociales por los partidarios de Trump de que eran los terroristas “antifascistas” quienes provocaban los incendios. Se quedaban en sus casas con sus fusiles, dispuestos a tirar contra pirómanos antifascistas imaginarios.

La mayoría de esos incendios en la costa oeste se produjeron en áreas de elevada altitud. Lo que se ha producido en los últimos años es lo que algunos científicos han considerado como la primera fase de la estación de incendios, entre junio y setiembre.

Pero la situación en Oregón fue muy diferente. Thimothy Ingalsbee, ecologista especialista en fuegos de bosques y antiguo bombero, actualmente director de Firefighters United for Safety, Ethics and Ecology, vive en Eugene, en Oregón. Fue entrevistado en Democracy Now, el 14 de setiembre.

Declaró: “La pasada semana tuvimos más de dos docenas de incendios muy grandes en la vertiente oeste de las (montañas) Cascadas. Hubo tasas de crecimiento del fuego explosivas, decenas de miles de acres, varios kilómetro cuadrados diarios.

Es normal en Oregón tener grandes incendios en las montañas. Lo extraño, es que esos fuegos bajen de las montañas, superen los valles y se dirijan hacia los suburbios de las grandes urbes como Portland y Eugene…

Lo raro de verdad, es que ha habido una tempestad de vientos en toda la región. Los vientos provenían de los desiertos al este de las montañas, incidiendo en los valles y propulsando las llamas.

Y aunque ciertos científicos dudan en atribuir un acontecimiento aislado al cambio climático, estas son las condiciones previstas por los climatólogos, Y allí donde solían ser raros, serán mucho más frecuentes en el futuro”.

Timothy Ingalsbee señaló igualmente que “cuando se ha declarado un incendio, en ciertos casos el viento ha derribado las líneas eléctricas durante la noche, cerca de las ciudades, por lo que la gente no ha sido avisada, las llamas lamieron sus paredes y tuvieron que huir para salvar la vida.

Los primeros equipos llegados al lugar tampoco fueron capaces de combatir el fuego, Debieron ayudar a huir a la gente. Solo unos días más tarde pudieron lo bomberos combatir el incendio”.

La situación en Oregón es ahora como la que hemos visto estos últimos años en California: incendios empujados por vientos provenientes de los desiertos del este de California, en general a partir de octubre, en lo que se ha calificado como la segunda oleada de la estación de incendios.

A partir de 2017, grandes incendios de ese tipo se han desplazado con rapidez hacia el oeste, destruyendo ciudades y pueblos y dejando numerosos muertos. Si esa tendencia se mantiene, lo que observamos en Oregón empezará a producirse en California durante el resto del año.

Esta primera estación ha conocido ya incendios sin precedentes en la costa del Pacífico, pero esto quizás no es más que un preludio de lo que viene.

Hay quienes empiezan a llamarlos “incendios climáticos”. Mientras que Donald Trump sigue negando la misma existencia del cambio climático. Afirma que los incendios actuales son simplemente resultado de una mala gestión de los bosques de los demócratas, negando la evidencia.

Joe Biden y otros demócratas han atacado a Trump por su negación del cambio climático. Pero apoyan la continuación del uso de combustibles fósiles. El gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, afirma que el cambio climático está en el origen de los incendios. Pero este año, ha aprobado más de 700 permisos de prospección de petróleo y gas en el estado.

Joe Biden, afirma claro y fuerte, que está por la fracturación hidraúlica (fracking). Es contrario al Green New Deal, incluso edulcorado, presentado por Alexandria Ocasio-Cortez y otros en el Congreso, pero que nunca ha progresado incluso en una Cámara controlada por los demócratas.

La mala gestión de los bosques es un factor secundario en los incendios, pero es en gran parte resultado de las políticas de Trump que apoyan las talas rasas de los bosques, la explotación forestal sin freno, etc. Por supuesto, esas políticas existen desde hace mucho, tanto con los demócratas como con los republicanos.

Con las políticas austeritarias de recorte de los gastos sociales, por ambos partidos, el número de bomberos es insuficiente. Son poco numerosos en los estados limítrofes y siguen luchando heroicamente contra todos los incendios que siguen propagándose.

Ingalsbee declaró: “Sin embargo, un punto muy importante es que cualquiera que sea número de bomberos, de camiones cisterna o de otros medios no se podrá hacer frente a este fenómeno. Se trata de un incendio de bosques provocado por el clima. La naturaleza es mucho más poderosa que nosotros. Y por lo tanto, a menos que dominemos las emisiones de combustibles fósiles, no podremos hacer nada que impida de verdad que este tipo de acontecimientos se produzca.

Barry Sheppard Veterano militante e historiador de la izquierda socialista de EEUU, actualmente miembro de Solidarity.

Traducción: Ramón Sánchez Tabarés

 
 

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