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 Xalapa, Ver.- Año XI No. 582

 

 

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El síndrome Lilly Téllez

Jaime García Chávez / SinEmbargo

El de Lilly Téllez es, en verdad, un síndrome. Revela signos de una enfermedad política mayor que a lo largo de los meses y años que vienen se irá manifestando de manera más franca, abierta, indubitable. Puede convertirse en epidemia. No se trata de una simple traición, que lo es, sino de reconocer que en política no basta echar las redes al lago y, salga lo que salga en pesca, encaramarlo en importantes puestos de poder haciendo a un lado principios, identidades, congruencias, para “acumular fuerza política”, aunque luego deserten para regresar a los orígenes que troquelan y no se desvanecen.

Eso lo que más exhibe son los límites de la primacía de un movimiento con líder carismático y unipersonal por encima de lo que es un genuino partido político, más si lo consideramos inserto en una democracia, así sea precaria, como la mexicana. La señora Téllez, para salir del enredo, mintió, simuló y generó, quizá sin proponérselo, que los dirigentes del PAN hicieran lo mismo, encabezados por un Marko Cortés y el Senador Mauricio Kuri, líderes sin base y absolutamente erráticos. 

Nos dijo la sicofante estar “más que harta de la partidocracia mexicana”, estado emocional localizable en muchos espacios de la vida pública nacional. Pero no lo logra, no se le cree, ni genera confianza. Si así fuera, frente a ese mal tenía abiertas tres puertas, dos de congruencia: renunciar al cargo o permanecer en él como ave solitaria en su curul durante cuatro años más. Pero optó por la tercera: como el cargo senatorial da beneficios munificentes, se “resignará” a quedar bajo el alero del PAN, precisamente una organización que ha sido pieza clave de esa partidocracia molesta que denosta ahora ella, como si fuera una ingenua quinceañera engañada.

Y como el cretinismo no tiene límites, se adentró en otras mentiras que ofenden a todos por el cargo que ocupa, pagado con impuestos, y en franco deterioro de la institución senatorial. Más de lo que está, afirmo. Trata de presentarnos a Andrés Manuel López Obrador como un simple cabrito mamón al que lo define y caracteriza la ingenuidad. Lo hace empleando el viejo truco de presentarlo como “un hombre bueno pero engañado por un pandilla de malvados”, en este caso los grupos radicales de izquierda que se apoderaron de la agenda del país que, imagínese, han “envenenado al Presidente”. ¡Tan cándido que es el de Macuspana! 

 

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