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 Xalapa, Ver.- Año XI No. 584

 

 

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Trotsky asilado por Cárdenas

Román Munguía Huato / SinPermiso 

23/10/2020

“Está usted en su casa”. Lázaro Cárdenas a León Trotsky

“Cárdenas me ha dado asilo no porque esté de acuerdo con mis ideas, sino porque está de acuerdo con las suyas”. León Trotsky

La conmemoración de los 50 años de la muerte de Lázaro Cárdenas nos permite recordarlo como un dirigente nacionalista revolucionario que tuvo una visión y una política exterior loable y trascendental. Se le puede rememorar por muchos motivos, pero aquí lo haremos por el hecho muy significativo de haberle abierto generosamente las puertas de una nación a un marxista revolucionario protagónico de la primera revolución socialista triunfante del mundo, exiliado desde 1929 y perseguido por el terror estalinista.

Lázaro Cárdenas del Río (Jiquilpan, Michoacán, 21 de mayo de 1895–Ciudad de México,19 de octubre de 1970) fue un general y estadista mexicano, presidente de México del 1 de diciembre de 1934 al 30 de noviembre de 1940. “Para muchos mexicanos –escribe Mario Morales Mora– este fue el presidente constitucional más destacado del siglo XX; el recuerdo de su vida pública y privada, hoy cuando abundan los signos de interrogación, cobra especial relevancia. Lázaro Cárdenas, el liberal revolucionario convertido en soldado de la nación para luego ser electo presidente de la República legó una vida ejemplar, plena de trabajo por los más débiles, en ella la búsqueda incesante de caminos y modos para abatir la pobreza ancestral de México, sólo se detuvo con su muerte, acaecida en 1970.” http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/muro/pdf/cardenas_perfil.pdf

Como todo político, Cárdenas fue un hombre de su época, especialmente de una época posrevolucionaria y, por ende, de una lucha de clases que marcaría su impronta política como presidente y sus acciones políticas relevantes. La figura histórica de Lázaro Cárdenas se agranda mucho más con el tiempo, sobre todo cuando hemos visto pasar en las últimas décadas a presidentes quienes son signo de la degradación política y de una profunda corrupción gubernamental, y de quienes algunos han fungido además como criminales y genocidas, tal es el caso ominoso de Gustavo Díaz Ordaz. La lista de este tipo de presidentes del país es larga y abarca muchos sexenios funestos.

Cárdenas reúne por sí mismo los méritos suficientes para pasar a la historia como uno de los estadistas más importantes de su época. Se ha escrito extensamente sobre el reparto de tierras a los campesinos con base a la Reforma Agraria, la nacionalización petrolera, la educación socialista, etcétera. Se podría añadir su simpatía hacia la Revolución Cubana. De Cárdenas se ha escrito y se puede escribir mucho, pero aquí se trata de hacer relevante el papel histórico de quien al Derecho de Asilo lo convierte en verdadera manifestación del Estado de Derecho y su legitimidad civilizatoria, humanitaria y democrática. Al igual que el asilo concedido a Trotsky es el asilo a cientos de españoles, niños y adultos, huyendo del terrorismo fascista franquista de la Guerra Civil; además de la donación de armas para la defensa de la República Española. A través de su gobierno, México lo hizo como un gesto modesto y solidario con la lucha democrática y revolucionaria de los peninsulares ibéricos, a diferencia de la URSS estalinista que perseguía intereses aviesos tratando de impedir el triunfo republicano y revolucionario.

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Lev Davídovich Bronstein (Yánovka, Ucrania, 26 de octubre–Ciudad de México, 21 de agosto de 1940), más conocido como León Trotsky fue un político y revolucionario ruso. Junto con Lenin fue uno de los organizadores clave de la Revolución de Octubre, que permitió a los bolcheviques y a los soviets tomar el poder derrocando a la dictadura zarista entre febrero y octubre de 1917. Tuvo a su cargo la creación del Ejército Rojo para combatir a los ejércitos blancos (zaristas) y extranjeros. Posteriormente, a partir de 1924, con la muerte de Lenin, se enfrentó política e ideológicamente a Iósif Stalin, liderando la Oposición de Izquierda, lo que le causó el exilio y posterior asesinato. Tras su destierro de la Unión Soviética por la contrarrevolución burocrática–estalinista, fue el líder de un movimiento internacional de izquierda revolucionaria identificado con el nombre de trotskismo y caracterizado por la idea de la revolución permanente. En 1938, fundó la Cuarta Internacional. Murió asesinado en México el 21 de agosto de 1940 por Ramón Mercader, un agente español de la NKVD soviética, por orden de Stalin.

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Ambos políticos emergen de profundas revoluciones sociales de naturaleza y magnitud distinta, y tendrán algunas semejanzas ideológicas, pero, sin duda, el respeto político y la simpatía manifiesta es digno de considerarse. Uno en el poder gubernamental y otro desterrado y viviendo en un país que le dio cobijo hospitalario y reconfortante en los últimos años de su vida. México fue el único país que dio asilo a León Trotsky en su huida trashumante de la furia criminal del estalinismo. Todas las naciones habían negado la entrada al revolucionario ruso, en un “planeta sin visa” durante meses.

“El mundo es un planeta sin visado para León Trotsky” dijo André Breton, pero, finalmente una pequeña parte del planeta abrió sus brazos solidarios al revolucionario soviético. El único asilo tan anhelado durante años por el revolucionario bolchevique se lo concedió este país con la autorización del presidente Lázaro Cárdenas a petición de Diego Rivera y Octavio Fernández Vilchis, quienes para lograr tal propósito tenían todo el apoyo del general Francisco Múgica, titular de la secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas. Trotsky y Natalia Sedova arribaron a Tampico el 9 de enero de 1937. El creador del Ejército Rojo fue expulsado de la URSS en enero de 1929 por Stalin, quien lo persiguió implacablemente hasta asesinarlo brutalmente. La casa en la calle de Viena 45 en Coyoacán se convirtió en una pequeña fortaleza que no fue suficiente para protegerlo de la amenaza mortal de Stalin y sus gangsters. Ni los muros protectores, ni los guardias extranjeros pudieron impedir el fatal desenlace de una cacería obsesiva. Pese a todo los hostigamientos, amenazas y atentados de los estalinistas mexicanos y extranjeros, el propio Trotsky escribió que desde su llegada a este país estuvieron “rodeados de atención y hospitalidad”.

La historia de cómo se obtuvo el asilo para Trotsky es una historia interesante llena de vicisitudes y adversidades furibundas de los estalinistas y sus asociados y representantes políticos ominosos, los Amigos de Moscú, como el gánster Vicente Lombardo Toledano. Obtener la visa para Trotsky no fue nada sencilla, participaron notablemente Diego rivera y Octavio Fernández, la Sección Mexicana de la Liga Comunista Internacionalista (LCI), Anita Brenner, representantes sindicales y dirigentes de organizaciones obreras como los del sindicato de la construcción, la influencia decisiva del general Francisco J. Múgica y, de manera principalísima el general Lázaro Cárdenas. Aquí, solamente queremos dejar los testimonios propios de Cárdenas y Trotsky en torno al asilo, la percepción de este último sobre el caudillo revolucionario mexicano y de algunos acontecimientos posteriores.

Lázaro Cárdenas sabía que su decisión de asilo podría desatar fuertes conflictos políticos, especialmente aquellos provocados por las huestes estalinistas del Partido Comunista Mexicano. El Partido Comunista Mexicano (PCM) envió al Presidente Cárdenas un mensaje pidiéndole reconsiderar el asilo. La Sociedad de Amigos de la URSS también dio a conocer un mensaje, advirtiendo de los riesgos de permitir la entrada a México a un personaje al que calificaban de “enormemente peligroso”, traidor, contrarrevolucionario, fascista y agente del imperialismo, entre otras acusaciones.

Entonces, el Presidente emitió un mensaje explicando por qué había autorizado el asilo: “México, de conformidad con su política tradicional, reivindica una de las conquistas del Derecho de Gentes: la prerrogativa de asilo para los exiliados políticos”. Además, subrayaba, “El asilo no supone, por sí mismo, la afinidad de pensamientos, de propósitos o tendencias entre el país que lo concede y el sujeto que se beneficia”. El presidente Lázaro Cárdenas había escrito en su diario: “Encontrándome en Torreón, Coahuila, autoricé se dé asilo en nuestro país al señor León D. Trotsky, expulsado por el gobierno de Rusia, radicado provisionalmente en Noruega. México debe mantener el derecho de asilo a toda persona de cualquier país y sea cual fuere la doctrina política que sustente. Diego Rivera me entrevistó en La Laguna solicitando el asilo de Trotsky”.

Ante la petición personal de Diego Rivera y Octavio Fernández de asilo, Cárdenas manifestó: “El señor Trotsky puede venir a México. El gobierno que represento le concederá asilo como refugiado político... en vista de las circunstancias que hacen que su vida esté en inminente peligro, según me aseguran ustedes. Se le concederán todas las garantías necesarias... no será un prisionero”.

El 1 de diciembre de 1936 Cárdenas envió a Eduardo Hay, Secretario de Relaciones Exteriores –quien era amigo de los estalinistas mexicanos y se oponía al asilo– un extenso telegrama explicando los motivos y razones por lo que se le estaba concediendo el asilo político a León Trotsky:

C. General e Ing. Eduardo Hay, secretario de Relaciones Exteriores, México, D.F.

Se acercó al suscrito una comisión solicitando que sea concedido por el gobierno nacional permiso de residencia en el territorio de la República al ciudadano ruso León Trotsky.

La petición fue presentada con carácter de urgente en razón del grave peligro, en que a juicio de los comisionados, se halla la vida del ciudadano Trotsky, porque tendría que retornar a su país a causa de la negativa que ha recibido de la generalidad de los gobiernos europeos para vivir en naciones de ese continente, así como por la inminente conclusión del permiso que le fue concedido en Noruega.

Como en derredor del caso diversos grupos y personas han expuesto públicamente opiniones que alegan en contra del asilo pedido, juzgo pertinente expresar a usted las razones en que se apoya el Ejecutivo federal para acceder a lo solicitado.

La política de México, lo mismo en lo que se refiere a sus relaciones internacionales como en lo que atañe al tratamiento que otorga a los ciudadanos o súbditos de los demás países, no sólo se ciñe a las normas establecidas universalmente, sino que representa, a lo largo de nuestra historia, un esfuerzo permanente para lograr la evolución del Derecho en un recto sentido de justicia para las naciones y de liberalidad para los hombres, cualquiera que sea la procedencia o el origen de éstos.

Leal a esa conducta, México se siente ahora en el deber de reivindicar con su actitud una de las conquistas de mayor contenido humano que había logrado ya el Derecho de Gentes: la prerrogativa del asilo para los exiliados por causas políticas.

El asilo no supone por sí mismo afinidad de pensamiento, de propósitos o de tendencias entre el país que lo concede y el sujeto que se beneficia de él. Este concepto es tan evidente, que sólo se expresa aquí para evitar interpretaciones desviadas, a las que por error pudiera darse pábulo.

Con referencia a quienes temen que la hospitalidad que se concede al ciudadano Trotsky dé origen a perturbaciones interiores o a complicaciones «en el exterior, creo pertinente declarar que considero infundadas esas aprensiones. Y, en todo caso, nada justifica que un país perfectamente definido por instituciones propias, por objetivos sociales y económicos auténticos nacionales por una política internacional congruente con sus tradiciones, abrigue temores por la presencia de un hombre, cualquiera que sea su valimento personal o su doctrina política.

A mayor abundamiento, debo manifestar que no se descubren concretamente los riesgos que pueda correr la tranquilidad pública por la estancia en México del ciudadano Trotsky, si éste acata nuestras leyes y no toma injerencia alguna en el juego de la vida social y política del pueblo mexicano, tal como corresponde a la condición de todo emigrado político.

En virtud de las razones anteriores, queda usted autorizado para que cuando se le presente la solicitud formal de asilo en favor del ciudadano Trotsky, la tramite usted de conformidad.

Presidente de México. Lázaro Cárdenas.”

 

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Al desembarcar en Tampico el 9 de enero de 1937, Trotsky declaró de inmediato su agradecimiento al gobierno cardenista el asilo concedido, y añadió: “Mis amigos aprovechan hábilmente la atmósfera general de intranquilidad, sin duda proseguirán su campaña en el Nuevo Mundo. No me hago ilusiones. Me defiendo exponiendo mis ideas, planes y actividades ante la opinión pública. Confío en la imparcialidad y objetividad de la prensa del Nuevo Mundo.”

Cuando el fundador del Ejército Rojo y su esposa Natalia llegaban al puerto de Tampico en el petrolero noruego Ruth, una lancha del gobierno acercó hacia la nave a funcionarios estatales y federales, periodistas nacionales y extranjeros y amigos de confianza de Trotsky. Los aguardaba el tren presidencial “El Hidalgo” para trasladarlos a la ciudad de México. De ese momento, Trotsky escribió: “A las diez de la noche abandonamos Tampico en dirección a la capital, en un vagón especial, acompañados del representante del ministro de Vías de Comunicación”. Pero antes de alejarse del puerto, Trotsky transmitió un mensaje al general Cárdenas. “En un telegrama de agradecimiento al presidente Cárdenas, enviado desde Tampico, repetí mi firme propósito de abstenerme de toda intervención en la política mexicana”. El contenido del mensaje fue el siguiente: “Al pisar suelo mexicano considero como deber mío expresarle en nombre de mi esposa y el mío a Ud., personalmente Sr. Presidente y por conducto de Ud. a su gobierno y al pueblo de México nuestra profunda gratitud por la hospitalidad demostrada en estas horas difíciles. Al mismo tiempo le ruego tenga la seguridad que deseamos estrictamente evitar toda intervención en la vida política de México o cualesquiera procedimientos que pudieran perjudicar las relaciones del gobierno de México con los gobiernos de otros países. Estoy seguro que no tengo méritos personales que merezcan las atenciones cordiales que me hicieron las autoridades mexicanas al llegar al país. Espero merecerlas en el futuro.”

El 14 de enero de 1937, el general Cárdenas respondió de este modo al telegrama que le dirigiera el asilado: “Señor León Trotsky. Agradezco a usted el contenido de su atento mensaje enviado de Tampico. Deseo tanto que su señora esposa como usted se sientan bien en suelo mexicano. Presidente de la República. Lázaro Cárdenas”.

A partir de su llegada a la Ciudad de México hubo intercambio de algunos telegramas entre ambos políticos. El contenido de los mensajes siempre fue de mutua simpatía y respeto. Aunque nunca se vieron personalmente, Cárdenas siempre se portó como uno de los mejores amigos políticos de Trotsky.

Una caracterización de Trotsky sobre Cárdenas es esta: “El general Cárdenas se coloca entre los hombres de Estado que han cumplido un trabajo comparable al de Washington, Jefferson, Abraham Lincoln y el general Grant… Uno tiene realmente la impresión de que el único gobierno valiente y honesto de ésta época es el gobierno de Cárdenas… Aunque Stalin se diga comunista, desarrolla en realidad una política reaccionaria; el gobierno de México, que no es comunista, desarrolla, aunque sea en pequeña escala, una política progresista… Marx, por supuesto, no consideraba a Abraham Lincoln como comunista; pero esto no le impedía alimentar la mayor de las simpatías por la lucha que Lincoln dirigía. La I Internacional envío al presidente de la guerra civil un mensaje de saludo y Lincoln, en su respuesta, apreció mucho este apoyo moral… El proletariado internacional no tiene razón alguna para identificar su programa con el programa del gobierno mexicano. Los revolucionarios no tienen ninguna necesidad de cambiar de color, de adaptarse y de alabar como lo hacen los alumnos de la GPU, cortesanos que cuando ven el peligro, venden y traicionan al bando más débil.”

Desde luego, la naturaleza peculiar del régimen político cardenista fue estudiada por Trotsky y lo caracterizó como un bonapartismo sui generis, lo que ha dado origen a innumerables trabajos de teoría e historia política nacional. Desde esta perspectiva analítica, sobresaliente es el libro El Escándalo del Estado. Una teoría del poder político en México, de Manuel Aguilar Mora.

El 16 de febrero de 1938, León Trotsky y Natalia Sedova recibieron la terrible noticia de la muerte de su hijo León Sedov, en París. Después se supo que había sido asesinado por un sicario estalinista. Natalia le escribiría al general Cárdenas el 12 de septiembre de 1940: “Su afectuosa atención nos sostuvo en los dolorosos momentos de la pérdida de nuestro hijo, en febrero de 1938”

En viaje a Guadalajara en julio de 1938, y de paso por Jiquilpan, Trotsky y Natalia enviaron a Los Pinos –con carácter de extraurgente– el siguiente telegrama dirigido a Cárdenas: “Habiendo llegado a Jiquilpan lugar de nacimiento de el Grande Estadista, consideramos como nuestro deber infinitamente agradable enviar a Ud. Sr. presidente y a su señora esposa, nuestros saludos más calurosos y respetuosos. León y Natalia Trotsky”. Cuando el presidente Cárdenas tuvo conocimiento de que Trotsky y Natalia se hallaban de viaje por Michoacán, el 12 de julio le envió un telegrama a su hermano, el teniente coronel Dámaso Cárdenas, por el cual le indica saludarlos y atenderlos en su nombre, anunciándole que el mismo día le enviaría un mensaje contestándole los saludos que Trotsky le había transmitido. En efecto, el 12 de julio, Lázaro Cárdenas remitió un acogedor telegrama a los viajeros por Michoacán: "Muy agradecido a usted y a su señora esposa por saludo que se sirven enviarme con motivo de su visita a mi pueblo natal. Celebro que Jiquilpan haya alojado a tan distinguidos visitantes. Deséoles feliz recorrido. Afectuosamente. Presidente de la República. L. Cárdenas”. El 4 de enero de 1939, el presidente volvió a reiterar sus buenos augurios a la pareja de asilados. “Señor León Trotsky. Distinguido señor y amigo: Mi señora y yo enviamos a usted y a su estimada esposa un cordial saludo con motivo del año nuevo, deseándoles completo bienestar. Lázaro Cárdenas.”

El 20 de agosto de 1940, los planes de Stalin contra la vida de Trotsky culminaría con su asesinato ejecutado por el piolet del agente de la GPU, Ramón Mercader del Río, alias Frank Jackson, alias Jacques Mornard. El 12 de septiembre de 1940, Natalia le escribió al general Cárdenas: “Permitame ofrecer a su esposa y a usted mi más profundo agradecimiento por su visita, por sus sinceros sentimientos, por su inalterable convicción de la honradez de León Trotsky y por el desprecio manifiesto por usted para la calumnia y la mentira. Calumnia y mentira que no son armas capaces de asegurar a quien las maneja una victoria definitiva. Mi entrevista con usted, el 24 de agosto, se ha convertido para mí en un apoyo moral para el resto de mi vida. Usted prolongó la vida de León Trotsky por cuarenta y tres meses. Llevo en el corazón mi gratitud por esos cuarenta y tres meses. No sólo yo, sino centenares de miles de luchadores puros, que pugnan por la renovación de la humanidad.”

Poco tiempo después del asesinato de Trotsky, Cárdenas pronunció un discurso contundente en el que acusó al PCM de “traición a la patria” por haberse prestado a servir a un país extranjero en contra de la vida de un distinguido huésped de México. Lázaro Cárdenas dirigió un mensaje a los trabajadores sobre el asesinato de Trotsky en el que decía que los comunistas mexicanos que habían prohijado el crimen... han cometido el delito de traición a la patria, han prostituido sus doctrinas de redención y de progreso proletario, han herido al país poniéndolo en evidencia y, de esta manera, han cometido un crimen que la historia censurará como algo indigno para el que lo inspiró y para aquellos que colaboraron a su éxito.”

En la Medianoche del Siglo (Víctor Serge dixit), Trotsky afirmó: “Uno tiene realmente la impresión de que el único gobierno valiente y honesto de esta época es el de Cárdenas”. En su testamento escribió: “Natasha se acerca a la ventana y la abre desde el patio para que entre más aire en mi habitación. Puedo ver la brillante franja de césped verde que se extiende tras el muro, arriba el cielo claro y azul y el sol que brilla en todas partes. La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente.”

Román Munguía Huato

Es académico de la Universidad de Guadalajara (México) y militante de la Liga de Unidad Socialista.  

 
 

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