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Eduardo de la Torre Jaramillo

François Hollande/Edgar Morin: diálogo sobre la política

10/01/2014

El artículo de esta semana es sobre un pequeño libro del excandidato presidencial francés Hollande, ahora presidente y el intelectual Morin; es un debate-diálogo en el contexto de la campaña electoral de 2012 en Francia, y sobre todo porque quizá es el único país donde los intelectuales tienen una participación muy activa en la política, por lo que obliga a que sus  políticos sean inteligentes, preparados y entrenados en la complejidad.

Retomando parte de lo mencionado anteriormente, los intelectuales que debatieron intensamente sobre el destino de Francia en esa campaña electoral fueron: Regis Debray, André Glucksmann, Michel Serres, Jacques Attali, Marc Augé, Alain Badiou, Ernesto Laclau, Jacques Le Goff, Alain Touraine, entre los más conocidos.

El libro es una entrevista que les hace Nicolas Truong, éste repite la autodefinición de Edgar Morin, “un conservador revolucionario. Conservador, porque la política debe saber preservar la diversidad, las culturas y la biosfera. Pero, consciente de los peligros, la política también debe revolucionar la democracia, la economía y las mentalidades”. De François Hollande escribió “desea iniciar una transición energética, económica y generacional… y quiere ser el presidente de la salida de la crisis”.    

La entrevista de Truong empieza con la pregunta: “¿cuál es su idea de la izquierda”?, a lo que Edgar Morin responde: “se trata de volver a las tres fuentes clásicas del siglo XIX- la libertaria (la realización plena del individuo), la socialista (la mejora de la sociedad) y la comunista (vivir en libertad) que históricamente se separaron y lucharon entre sí. La idea comunista se deterioró en su versión estalinista y maoísta; la socialdemocracia se ha agostado y el ideal libertario se aisló”.

François Hollande, respondió: “esas tres fuentes han pasado, en efecto, por muchas vicisitudes, a veces por periodos de sequía, pero siguen vivas. Hoy día, la familia socialista tiene aún más responsabilidades que en el siglo XIX porque ha ejercido el poder…la izquierda debe fijarse como meta cumplir el proyecto republicano, pero también debe iniciar una reconquista: hacer que la democracia vuelva a ser más fuerte que los mercados, que la política recupere el control sobre las finanzas y regule la globalización”.

En otra de las interesantes preguntas que realiza Truong es: “¿hay que ampliar la globalización o iniciar una desglobalización?”; a lo que Morin responde: “…Haría falta, pues, una política de humanización de esta economía deshumanizada. Además, hay que recuperar un control humano, ético y político sobre la ciencia… Por eso es preciso globalizar y desglobalizar a la vez, continuar con todo lo que la globalización aporta en cooperación, en intercambios fructíferos, en culturas y en un destino común, pero salvar los territorios, recuperar las agriculturas tradicionales y asegurar la autonomía. Hay que posicionarse más allá de la alternativa estéril globalización versus desglobalización”.

En el caso de François Hollande afirmó que: “¡la globalización no es una ley de la física! Es una construcción política. Lo que unos hombres han decidido y construido, otros hombres pueden cambiarlo. El poder político debe intervenir para luchar contra la economía de casino y la especulación financiera, para preservar la dignidad de los trabajadores y basar la competencia en unas normas medioambientales y sociales”.

Por demás es un libro interesante porque la política se vuelve a situar en el ámbito de las ideas, de la ética de la responsabilidad, primero el diagnostico global sobre la crisis de la política, su abdicación frente a la economía, y esa aspiración de rescatar que la política vuelva a ser el centro de la sociedad, algo de la nostalgia de la antigua Grecia; y por otro lado leer a estos intelectuales que debaten abiertamente sus posiciones sin ser intelectuales orgánicos; por ejemplo, todo esto también tiene una enorme distancia con las elecciones de Estados Unidos, donde privan más los consultores políticos, el marketing y ahora la boga del storytelling. 

En el caso de México, si lo comparo al menos en la elección presidencial pasada, la de 2012, donde un candidato presidencial no pudo intelectualmente hablando recordar tres libros que le hayan influido en su vida; pero eso no sólo pasa en el PRI, en el año 2000 Vicente Fox se entrevistó con Eugenio Derbez, en el personaje caricaturizado de intelectual, como “Armando Hoyos”. La máxima era ganar popularidad, no importa si se autodegrada un candidato presidencial. Regresando a la elección presidencial, allí observamos a pocos intelectuales apoyar el regreso del PRI, y si a muchos intelectuales de izquierda promoviendo una “república amorosa”, o mejor dicho la inteligencia emocional sustituyendo al rol tradicional de los intelectuales, en fin, fue su derrota racional para delinear algún proyecto político viable.

Continuando con el mismo tema, en el país nos encontramos con políticos de diversas líneas: aspirantes a tecnoburócratas, paleopolíticos, cleptómanos, totalitarios, humanistas, liberales, marxistas trasnochados, y quizá los peores son los empresarios metidos a políticos, quienes por su propia ignorancia nunca llegan a comprender la actividad política y la van confundiendo con asuntos estéticos, servidumbre con ciudadanía; en fin, hay muy poco talento, talante y preparación por parte de la clase política mexicana, la cual debe entender que ya estamos viviendo en una política del conocimiento, la cual expulsará paulatinamente a aquellos políticos que nunca lleguen a ser mayores de edad.    

Twitter: @EtorreJaramillo

  conversatorio.siglo21@gmail.com

 

 

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