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Eduardo de la Torre Jaramillo

Por una política del conocimiento

 01/02/2014

Le doy puntual respuesta a mi amigo Don Enrique Olivera Arce, quien ha escrito sobre este tema en sus últimos artículos, y considero pertinente continuar el debate sobre el tema; lo primero que hay que decir que no se trata de ideología, ya que prácticamente desapareció en la sociedad del consumo, tal y como lo vaticinó Daniel Bell en 1960 en su libro “El fin de la ideología”, y como bien la había concebido Napoleón Bonaparte, que la ideología sólo era “el enmascaramiento de la realidad”. Por lo tanto, hablar hoy en día de ideología me parece ocioso porque ya no tiene ningún significado para la sociedad, al igual que las geometrías políticas de izquierda y derecha. Todo esto como resultado de una sociedad de consumo o en su defecto voyerista que desprecia la política.

Ahora bien, con la irrupción de la sociedad del conocimiento y cuyo correlato es la economía del conocimiento, todo ello transitó hacia una política del conocimiento, pero ¿qué significa este estadio?; pues bien hoy en día el conocimiento es un instrumento para convivir, y soy más explícito, actualmente nuestros problemas colectivos no son problemas de voluntad política, de falta de decisión o de inmoralidad; sino que son fracasos cognoscitivos o que tienen su origen en una organización deficiente del conocimiento.

Continuando con la línea de interpretación anterior, las cuestiones que se dirimen en la ciencia son también asuntos de ciudadanía; y por ejemplo, una crisis económica tiene que ver menos con la voluntad política para resolverla y se puede considerar que dicha crisis es producto de un fallo cognoscitivo. Es así que como afirma Daniel Innerarity que “las políticas del conocimiento y a través del conocimiento se han convertido en un asunto de ciudadanía democrática, donde nos jugamos muchos problemas teóricos y, principalmente, la calidad de nuestro espacio público”.

Es así que el asunto de fondo es cómo se organiza la incertidumbre de la sociedad, si las instituciones tienen un severo problema de confianza; nuevamente cito el ejemplo de una crisis económica o del sistema de pensiones, ya no es un asunto personal, de buenas intenciones o político (basta recordar aquella frase echeverrista de que “la economía se maneja en Los Pinos”), sino que pasó a ser un tema técnico y más si se está en el contexto de la globalización.

Para ser más claro, pongo otro ejemplo: las elecciones de un candidato a un puesto de elección popular, digamos un alcalde, el problema no es ganar, porque allí se puede hacer desde el “sentido común”, y tratando con siervos y no con ciudadanos, donde a los primeros se les utiliza para ganar a través de hacer acarreos, compra de votos, coacción con un determinado programa social (en fin, la prehistoria política); empero, el verdadero problema se presenta a la hora de gobernar, porque se necesita de un saber multi y transdisciplinario; ya que en estos tiempos la gobernanza es sobre temas financieros (por ejemplo para entender una bursatilización), ecológicos, de protección civil, además de los saberes tradicionales como el derecho, la contabilidad y la ingeniería; inclusive el territorio donde el gobierno es demasiado chico para los grandes problemas de: agua, contaminación, deforestación, seguridad pública, educación, etc.; y demasiado grande para los pequeños problemas como la puesta de los servicios en una nueva colonia.

Dado lo anterior, la paradoja de la sociedad del conocimiento es su desinformación y desconocimiento, con resultados producidos por la ignorancia, como bien puede ser el endeudamiento de un municipio o de un Estado, el cual se puede dar por corrupción o por ignorancia en la gobernación, es así como la insolvencia de un determinado Estado o municipio es producto de una falla cognoscitiva, y por más voluntad política o sentido común, éstos ya no pueden resolver los problemas económicos.

Entonces la baja calidad de la gobernación se produce con políticos que no tienen una alta preparación, ya que únicamente se quedaron en el proceso del “yo quiero”, pero la diferencia es el “yo sé, y puedo”, y aquí se produce la abismal diferencia entre el querer y el poder de una figura pública; en nuestro caso veracruzano, puedo afirmar que los municipios tienen una deuda, la cual eufemísticamente le llaman bursatilización, la cual es hasta por 30 años, acaso eso no es un tema de desorganización de las finanzas públicas, de derroche, de falta de planeación, al final es un fallo cognoscitivo al no saber administrar las arcas públicas.

Finalmente, la construcción de un nuevo orden político transita por el desorden y el caos, de allí que la innovación sea la ruta en gestionar lo inesperado y la propia incertidumbre, de eso se trata la política del conocimiento, de reordenar al poder en el contexto de la globalización.

Twitter: @EtorreJaramillo

  conversatorio.siglo21@gmail.com

 

 

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