Opinión

Xalapa, Ver., Año VIII No. 380     Semana anterior   Contacto

 

 

CAMALEÓN

Alfredo Bielma Villanueva

Veracruz,  ¿Ínsula Barataria?

26/11/2016

En esta lamentable etapa por la que atraviesa la entidad veracruzana, en retrospectiva ya podemos visualizar el daño causado por un Grupo de ayuda mutua que arribó a la más alta esfera del poder porque Fidel Herrera Beltrán requería que se cubrieran las anomalías en la aplicación del recurso público durante su mandato. Este grupúsculo fue integrado con individuos carentes de sensibilidad social, ajenos a la vocación de servicio, elevados al poder con el único propósito de medrar a costa del erario veracruzano. ¿Qué permitió este desaguisado contra el destino de millones de personas, los que cometieron el delito de lesa entidad, cuáles las circunstancias que lo permitieron? Son interrogantes cuya respuesta son nada difícil de desentrañar.

Lo que ha ocurrido en Veracruz es verdaderamente asombroso, y parecería increíble si no lo estuviéramos comprobando, ¿en manos de quién depositamos el gobierno de la entidad? ¿Por qué permitimos ese latrocinio que desde el centro del país nos recuerdan con lacerante respuesta “nosotros ya mandamos el recurso”? ¿Qué calificativo pudiéramos otorgarle a este conjunto de personas  que se adueñaron de la administración pública veracruzana para imponer el patrimonialismo político como modelo de gobierno?

No podemos llamarle gobierno a lo que Javier Duarte de Ochoa encabezó en estos últimos seis años, tampoco servidores públicos a quienes lo acompañaron y son cómplices de la quiebra financiera del gobierno. Pandilla sería la mejor expresión, porque no es casualidad el que por lo menos nueve de ellos están vinculados a proceso, señalados por la justicia como depredadores del recurso público. Esto apenas empieza, y difícilmente podrán evadir la cárcel; encierro para Duarte y compañía es lo que exige la sociedad veracruzana, y mientras tanto bueno sería expropiarles el patrimonio que formaron con el dinero de todos los veracruzanos.

El daño ha permeado para mal del sistema político mexicano porque entre los señalados del pillaje figuran cuatro diputados federales y dos diputados al Congreso local, a quienes desde ya debiera iniciarse proceso acusatorio. En cuanto a Javier Duarte, doble culpa es la suya porque juró velar por el bien de los veracruzanos y en vez de aplicarse a mejorar Veracruz lo deja en plena bancarrota, porque no supo gobernar y dedicó tiempo y posición a enriquecerse de manera desorbitada e ilícita.

Al margen del perjuicio ocasionado, la historia universal y de México está colmada de estos casos y su renovada fluidez en el transcurso de los tiempos lo demuestra con rotunda claridad; Miguel de Cervantes, Shakespeare, Da Vince, Homero, Virgilio, entre otros egregios testigos y hacedores de la historia han trascendido a su tiempo porque conocieron a la perfección la condición humana, inexorable fuente de la acción del hombre. Dígalo sino ese magnífico relato de Cervantes en el Quijote, en el capítulo relativo a la Ínsula Barataria, un corto territorio entregado a Sancho Panza para su gobierno. Si bien su desenlace es feliz por la natural viveza de Sancho, es evocable por cuanto a que revela lo ocurrido cuando el talento para gobernar está ausente.

Imaginemos el diálogo entre Fidel Herrera y Javier Duarte antes de conferirle la candidatura priista al gobierno de Veracruz y traslapemos la escena a lo que dice don Quijote a su fiel escudero: “Infinitas gracias doy al cielo, Sancho amigo, de que antes y primero que yo haya encontrado con alguna buena dicha, te haya salido a ti a recibir y a encontrar la buena ventura… y tú, antes de tiempo, contra la ley del razonable discurso, te ves premiado de tus deseos. Otros cohechan, importunan, solicitan, madrugan, ruegan, porfían, y no alcanzan lo que pretenden; y llega otro, y sin saber cómo ni cómo no, se halla con el cargo y oficio que otros muchos pretendieron; y aquí entra y encaja bien el decir que hay buena y mala fortuna en las pretensiones. Tú, que para mí, sin duda alguna, eres un porro, sin madrugar ni trasnochar y sin hacer diligencia alguna, con solo el aliento que te ha tocado de la andante caballería, sin más ni más te ves gobernador de una ínsula, como quien no dice nada. Todo esto digo ¡oh Sancho! para que no atribuyas a tus merecimientos la merced recibida, sino que des gracias al cielo que dispone suavemente las cosas… (Quiero aconsejarte) y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto de este mar proceloso donde vas a engolfarte; que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones”.

No estaba Sancho preparado para la gobernanza y sufrió sinsabores, por ello en nostálgica reflexión clamaba al final de su aventura en la Ínsula que le dieron para gobernar ¿(seis años después?):  “…dichosas eran mis horas, mis días y mis años; pero después… me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos (…) abrid camino señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad: dejadme que vaya a buscar la vida pasada para que me resucite de esta muerte presente. Yo no nací para ser gobernador, ni para defender ínsulas ni ciudades (…) Quédense en esta caballería las alas de la hormiga, que me levantaron en el aire para que me comiesen vencejos y otros pájaros, y volvámonos a andar por el suelo con pie llano, que si no le adornaren zapatos picados de cordobán, no le faltarán alpargatas toscas de cuerda…”. Sancho sí pudo regresar al paraíso perdido, pero el privilegio de la libertad está vedado para quienes no entienden que “entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento (y) de los desagradecidos está lleno el infierno…”, eso escribió hace 401 años Miguel de Cervantes Saavedra. Sabia virtud de conocer el tiempo.

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