Opinión; articulista invitado

Xalapa, Ver.- Año VI No. 400

   

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Alfredo Poblete Dolores

El “chivo expiatorio” y el chile

En la antigüedad algunos grupos de nómadas del medio oriente llevaban a cabo un ritual que se repetía en ciertas épocas del año. Elegían un cordero que se destinaba para la ceremonia del sacrificio. Al inicio del rito, cada uno de los miembros de esa comunidad, posaban sus manos en el animal. Con esa acción “transmitían” a la bestia todos sus pecados, errores y desviaciones cometidos en ese año. Acto seguido lo inmolaban. Ese trance servía para “limpiar” los pecados de todos los integrantes de esa colectividad. Año con año se realizaba el rito. Ese es uno de los antecedentes más remotos del catolicismo. La familia católica tiene en Jesucristo al cordero que quita todos los pecados del mundo.

Cuando en los grupos humanos -en las familias es más evidente ese proceso- algo no funciona adecuadamente o existen rasgos marcadamente patológicos emerge un “personaje” que es señalado como “la oveja negra.” En las familias “eligen” a su cordero entre los miembros más sensibles, fuertes o inteligentes. Su comportamiento “desviado”, o “fallido” –inducido inconscientemente- causa decepción, malestar, irritación o vergüenza entre los demás miembros de esa célula social. Se le recrimina y culpabiliza de todas las zozobras que se anidan en ese grupo. Por absurdo que parezca ese “carnero u oveja descarriada” tiene una función que incide en la estructura, jerarquía y dinámica de la comunidad. Ese “personaje” –con su errático comportamiento- permite mantener el equilibrio o la homeostasis del grupo. No elimina las patologías ni resuelve las crisis o conflictos; únicamente favorece, con su actuación desatinada, que los otros miembros “funcionen” o sean percibidos con menos desaciertos o “enfermedades” en el alma.

La “oveja negra” cumple también la función de “chivo expiatorio.” Él es un depositario de los “pecados,” yerros, ignorancia y torpezas de la comunidad donde se desarrolla. En las profundidades del alma grupal y del inconsciente colectivo se gesta la elección de quien más adelante “jugará” ese papel. El proto-agonos (el primero que va a morir) es elegido, desde la parte más oscura de ese grupo y desarrollará ese rol con pocas posibilidades de escapar a la tragedia que se cierne sobre su destino. El “protagonista elegido” generalmente es un “cordero” o una “oveja.” Muchas veces es todo el rebaño el que juega ese papel. Todo depende de la gravedad y características de la patología social.

Las sociedades, sin importar sus creencias o inclinación religiosa, escogen a algún miembro para que cargue con todos los pecados de ese grupo y posteriormente puedan  inmolarlo. La clase política actual eligió a uno de sus miembros para jugar el papel de “chivo expiatorio”. La diferencia es que ese animal elegido para sacrificio no tan sólo cometió pecados y aberraciones. No, él perpetró delitos y cuando menos incidió en actos criminales cometidos contra las familias veracruzanas. Los priistas creen que si todos ellos colocan sus manos sobre el “robusto chivo” -apresado en Guatemala- y lo sacrifican será suficiente para expiar todas las culpas, maldades y vilezas –junto con los delitos y crímenes- cometidas en los últimos sexenios. No se dan cuenta que son ellos -junto con otros grupos o partidos políticos- los que deben ser inmolados para purificar la vida nacional.

Por otra parte, la fuga y posterior captura de Javier Duarte levantó muchas y justificadas sospechas. Los recelos y desconfianzas populares fueron manifestados en los medios de comunicación y de forma privada. El señor Peña Nieto, refiriéndose a las suspicacias producto del encarcelamiento, dijo: “No hay chile que les embone. Si no los agarramos, porque no los agarramos; si los agarramos, porque los agarramos”. Evidentemente la frase: “no hay chile que les embone” está cargada de un fuerte componente sexual. Pa´su  ¡Le salió lo alburero al presidente!

Otro Enrique, éste de apellidos Ochoa Reza, anda achacando culpas, complicidades y delitos a un miembro de la clase política nacional ajeno al partido que preside. Mucho agradeceríamos –para la salud pública del país- que el presidente del partido tricolor mostrara las evidencias físicas, tangibles y contundentes de la complicidad existente entre el político tabasqueño -señalado por EOR- y el regordete exgobernador veracruzano. Repito y subrayo: que sean pruebas palpables, evidentes, tajantes y convincentes. Hasta ahora -el de la ensortijada y despeinada cabellera- ha proferido pura desatinada verborrea y charlatanería discursiva.

Para terminar, dicen que el que se ríe se lleva. A los dos enrique´s -Peña Nieto y Ochoa Reza- les digo refiriéndome a sus recientes declaraciones y al fruto picoso llamado chile: “si no les cabe, no repartan”.  

Xalapa, Eqz., Ver., a 20 de abril de 2017

alfredopoblete@hotmail.com

 

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