Opinión; articulista invitado

Xalapa, Ver.- Año VI No. 423

   

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Alfredo Poblete Dolores

Ante la desgracia: lo sublime y lo abominable

Para: Roberto, Alfredo y Ana*

Mucho dolor y sufrimiento trajeron los terremotos de septiembre. Muerte, destrucción y desolación se esparcieron en varias entidades del país. En medio de la catástrofe, la desgracia y las pérdidas emergió lo mejor -de lo mucho y bueno- que posee el ser humano: la solidaridad, el apoyo y respaldo en las labores de salvamento y auxilio. Mujeres y hombres -principalmente jóvenes- pusieron y siguen brindando sus fuerzas, conocimientos y tesón inquebrantable para rescatar vida y todo lo susceptible de ser rescatado.

Es cierto, militares, marinos, policías, cruz roja, iglesias, etcétera participa(ro)n en las arduas y peligrosas tareas de salvamento. Intervenciones valiosas y dignas de reconocimientos; pero, no fueron a brindar socorro en calidad de voluntarios, para ellos, esa es su obligación laboral o moral. Es cierto, algunos actuaron más allá del deber y tocaron los límites del heroísmo.

Contemplar a través de la TV a los hombres -con marros, martillos, barretas y otros utensilios- tratando de destrozar los muros, paredes o techos derrumbados por el cataclismo en búsqueda de vida fue y es muy emotivo; a otro número importante de mujeres y chef profesionales preparando o entregando raciones de comida a los rescatistas y a los rescatados; a contingentes de jóvenes -desplazándose por la ciudad- en bicicletas o motocicletas trasladando: agua, alimentos, medicinas, material de curación o instrumentos de rescate es más, mucho más, que alentador. La inmensa mayoría de ellos son residentes del lugar devastado. Otros se movilizaron de distintos puntos de la república o del mundo para brindar ayuda.

La indiferencia social, el individualismo, egoísmo y tantas otras torceduras o anomalías que se presentan en los grupos que conviven en las -grandes o medianas- ciudades fueron vencidas -al menos temporalmente- por la compasión, hermandad e identificación con el doliente y necesitado. Esos rasgos fraternales -que alientan el espíritu- y que surgen en los grupos de personas que los medios de comunicación llaman “sociedad civil” yo prefiero llamarle “sociedad humanizada”. 

Se debe remarcar otro rasgo del espíritu humano que se sublimó en este mes. El generoso pueblo de México -que no pudo ni puede ir a los lugares donde se han presentado los terremotos- han donado víveres, medicinas o dinero de manera desinteresada y solidaria. Ese rostro -a veces oculto ante tanta podredumbre- enaltece y agranda el alma nacional. Aquí tiene cabida otra distinción. No es lo mismo que mi vecino deposite cien o quinientos pesos de ayuda fraterna a que una organización como -por ejemplo- Teletón “done” recursos ajenos; esa “sacrosanta” fundación ya se dio a la tarea de recolectar fondos para los damnificados. Los dos socios de esa “benévola institución” Pedro Fernando Landeros Verdugo como representantes de México Unido (Legionarios de Cristo) y Emilio Fernando Azcárraga Jean por parte de Televisa utilizarán lo recaudado para eludir impuestos y obtener dividendos económicos. Ellos aprovechan y seguirán sacando utilidades ante cualquier resquicio -incluido el dolor y la desgracia del prójimo- para sacar ventajas monetarias. Si usted no cree en la miseria espiritual de ambos grupos empresariales lo remito a la más reciente y repudiable mascarada: el “rescate” de la inventada niña llamada Frida Sofía y magnificada por “periodistas” de esa cadena. La poderosa firma televisiva, los falsos católicos agrupados en la empresa Legionarios de Cristo y los repudiables “comunicadores” no son los únicos ruines y abominables. 

Existen otros individuos y grupos que padecen lo que nombré como: “síndrome de Graco”. Graco Ramírez actual gobernador de Morelos tiene un entenado -Domingo Gayosso Cepeda- hijo de la esposa de Ramírez y actual presidenta del DIF estatal de nombre Elena Cepeda. Graco y su consorte quieren que Domingo sea el próximo gobernador (2018-2024) morelense. En medio de la desgracia y la tragedia que experimentaron a partir del 19 de septiembre -no olvidar que en ese estado fue el epicentro del movimiento telúrico- la pareja está monopolizando los donativos y donaciones que de diversas partes del país llegan a esos lares. Ellos pretenden “entregar” lo recaudado y recolectado cuando sea pertinente. Casi seguro que el “grueso” de lo recogido - acumulado y escondido en el DIF morelense- se utilizará el próximo año en la campaña política de Domingo.

El “síndrome de Graco” tiene síntomas y signos evidentes, compartidos por la inmensa mayoría de la clase política del país: cinismo, desfachatez, canallada, ruindad, corrupción, impunidad. Los que padecen ese síndrome son aprovechados, insensibles, infrahumanos y bestiales. Muchos gobernadores y sus sacrosantas cónyuges, presidentes municipales y sus parejas, funcionarios federales y estatales padecen el mal social y espiritual de Graco. Ellos están acaparando lo que el próximo año distribuirán -como almas caritativas- en las elecciones para ocupar cargos públicos.

Otro síndrome salió a flote -en esta desgracia- y este tiene el nombre del jefe de gobierno. El “síndrome Mancera” mismo que se caracteriza por la corrupción galopante. Don Miguel Ángel y/o sus colaboradores más cercanos y algunos jefes delegacionales estuvieron -en éstos últimos años- haciendo grandes negocios con las inmobiliarias. Permitieron la construcción de edificios en zonas de alto riesgo, no supervisaron las construcciones o permitieron la utilización de materiales fuera de especificaciones. Algunos de esos edificios se derrumbaron con el sismo. Ahora quieren que las labores de rescate se apresuren o suspendan -para con maquinaria pesada borrar las evidencias- y los peritajes no se lleven a cabo como procede; esas “autoridades” obstaculizan a los rescatistas nacionales y extranjeros para que no descubran -accidental o involuntariamente- la corrupción oculta; quieren borrar las huellas de la nauseabunda deshonestidad y su cauda de muerte y destrucción; quieren -además- ocultar o encubrir responsabilidades político/empresariales por la mala construcción, eludir responsabilidades penales y que la impunidad siga reinando.

Los temblores y su cauda de desgracias pusieron a flote -una vez más- lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Los jóvenes mexicanos nos mostraron y siguen mostrando la solidaridad y hermandad con sus congéneres en plena adversidad; las cúpulas político/ empresariales contribuyen -de nueva cuenta- con sus canalladas y vilezas a engrandecer el museo del horror de la vida pública. La historia y esas almas juveniles pondrán a cada quien en el lugar que merecen estar.

*Seres humanos de valía incuantificable.

Xalapa, Eqz., Ver., a 25 de septiembre de 2017 

alfredopoblete@hotmail.com

 

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