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Xalapa, Ver.- Año VIII No. 461    

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Alfredo Poblete Dolores

Elecciones: corrupción e impunidad

17 de junio de 2018

Muchos mexicanos consideramos que las grandes dificultades por las que atraviesa el país se reducen a tres o cuatro problemas. El más destacado —de los inconvenientes nacionales— es la diada corrupción/impunidad. La maligna dupla se encuentra asentada en casi todas las áreas sustantivas de los distintos niveles de gobierno. Veamos.

Desde un bache —de una calle en cualquier ciudad del país– que no es “tapado” o cuando es reparado ese daño y a los quince días de haber subsanado el estropicio se vuelve a abrir. En el primer caso se puede sospechar que el dinero —proveniente de la federación a través del ramo 33— alguien, lisa y llanamente, se lo birló. Si el hoyo en la rúa fue “reparado” y después —de acuerdo a las “autoridades” de una lluvia “atípica”, aunque sea chipi-chipi— se vuelve a abrir podemos maliciar que entre el regidor de obras públicas y su contratista preferido hubo tratos tipificados como actos de corrupción. La corrupción está presente desde el bache que aparece en cualquier calle hasta llegar a los socavones de las autopistas o libramientos de “primer mundo” que en algunas ocasiones cobran vidas y en otros casos son un peligro latente de desgracias venideras.    

Si revisamos al sistema nacional de salud —IMSS, ISSSTTE, Ejército, Marina, Pemex, etcétera— encontraremos podredumbre en la adquisición de medicamentos, en la contratación de personal, en la compra de insumos de intendencia, mantenimiento de las instalaciones, etcétera. Vayamos a las estructuras industriales de PEMEX: refinerías, centros petroquímicos, plataformas, oficinas y demás. Ahí el saqueo es descomunal. Ya sea en sus eslabones productivos —producción, refinación, distribución y ventas— hasta las áreas de apoyo —recursos humanos, financieros o materiales— están infestadas de putrefacción. Lo mismo sucede en la CFE, que en las oficinas del gobierno federal, estatal y municipal. En las instituciones procuradoras de justicia, en las cámaras legislativas federal o locales, etcétera.

El candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador ha repetido en innumerables ocasiones y en varios foros que va a luchar en contra del flagelo de la corrupción. Ha dicho que va a gobernar con el ejemplo. Ésta aseveración ha provocado críticas, descalificaciones y burlas. Evidentemente que el ejemplo —por si solo— no es suficiente para acabar con el mal ni garantiza su extinción. Lo que sí es seguro que un presidente corrupto garantiza la continuidad y agravamiento del problema de la deshonestidad y respalda o asegura que los atracos y saqueos a las arcas nacionales se perpetúen.

Si el joven Anaya acusado de ser un “vulgar ladrón” e indiciado por ese hecho —según JAMK— llegara a la presidencia y la acusación fuera cierta —todo indica que si ha cometido actos ilegales— tendríamos garantía de seis años de saqueos. Si JAMK llegara a ser el titular del ejecutivo federal, el solapamiento a los corruptos y corruptores, estaría garantizado otro sexenio. Su comportamiento como titular de la SHCP —con todo y su unidad de inteligencia financiera— no pudo detectar la podredumbre del caso Odebrecht; la descomunal rapiña de los gobernadores priistas y panistas en casi todos los estados de la república o la estafa maestra siendo titular de la SEDESOL. Los tres botones de muestra —de un sinnúmero de pifias y contubernios— apuntalan la sospecha de que Meade es un desvergonzado y alcahuete profesional. El refranero popular dice que: “tanto peca el que mata a la vaca como el que le agarra la pata” y parece ser que Don Antonio le pasó el cuchillo al matador ayudo a destazar al animal y si me apuran hasta se comió un T-Bone o un ribeye de esa res.

Al Peje lo han acusado de muchas cosas, lo han hecho en muchas ocasiones y la mayor parte de las veces sin pruebas. Los aparatos de inteligencia del gobierno tienen más de veinte años escudriñando su vida personal y sus facetas social y financiera y a él —a él, a él— no le han podido comprobar ningún acto deshonesto, desleal o relacionado con hechos de corrupción. Esa es una de sus fortalezas y banderas de lucha.   

El candidato de MORENA ha dicho entre otras cosas que “su fuerte no es la venganza” o que él “va a perdonar a sus enemigos” algunos se pitorrean de ese tipo de declaraciones o las aprovechan —tergiversando el sentido de las mismas— para intentar sacar ventajas electorales. El joven Anaya dice que esas son pruebas tácitas de un pacto de impunidad entre Peña Nieto y López Obrador. Por otra parte, Meade ha hecho un embrollo con la declaración del Peje de “que hará todo lo posible para pacificar el país incluyendo la amnistía.” De esa táctica pacificadora el PRI ha hecho una campaña de calumnias, acusaciones falsas y maliciosas para causar daño y  restar votos al Peje.

Tengo entendido que el presidente de la república no es policía, ni ministerio público o juez. Son diferentes voces de diversos estratos de la sociedad mexicana las que exigen que el presidente no intervenga directamente en las investigaciones —estimulando unas o coartando otras— de los casos más emblemáticos de corrupción y criminalidad. AMLO dice que de llegar a la presidencia él dejará que las instancias impartidoras de justicia actúen en libertad y con independencia.  

En el país existen muchos casos de impunidad que siguen esperando justicia y para efectos procesales están abiertos. Al próximo presidente debemos exigir que se “reabran” varias de esas investigaciones y los datos o hechos criminales sean contemplados con otra óptica. Debemos presionar para que se le imparta justicia a: los 43 estudiantes de Ayotzinapa; los 31 petroleros muertos en la explosión —no fue acumulación de gas— de la torre de Pemex (31-01-13); el incendio (5-06-09) de la guardería ABC con los 49 niños muertos y el centenar de heridos; el caso de la violación y muerte de la indígena Ernestina Ascencio (26-02-07); la casa blanca; la torre bicentenario; Odebrecht; las raterías de los sindicatos; los fraudes electorales; los contubernios y complicidades del crimen organizado–políticos; etcétera.

Casi al terminar la sesión del tercer debate y ante la acusación del pacto de impunidad Peña-Peje que Anaya esgrimía insistentemente en contra de AMLO. Éste último le espetó: “ni a ti te voy a encarcelar.” Y le creo. De quien si se debe cuidar el abanderado blanquiazul es del presidente. Si Don Ricardo no gana la próxima contienda electoral es muy probable que Don Enrique lo enchiquere. También es cierto que si el señor Anaya gana, el 1 de julio, el señor Peña tendrá que refugiarse en el quinto infierno para no pisar chirona. El tricolor y el blanquiazul no quieren aplicar la justicia a su contraparte. Ambos traen sed de venganza.     

alfredopoblete@hotmail.com

 

 

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