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Xalapa, Ver.- Año VIII No. 474    

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Alfredo Poblete Dolores

La bancarrota y los fifís

Alfredo Poblete Dolores

22/09/2018

A nivel mundial son pocos los políticos congruentes y coherentes. En nuestro país, el presidente electo es uno de los escasísimos personajes públicos que ha demostrado coherencia entre el discurso y la acción; cohesión entre lo que dice y lo que hace o —en otras palabras— lo que promete lo cumple. Sus adversarios y detractores dicen lo contrario. Obviamente que López Obrador no es perfecto. Como cualquier ser humano, se equivoca y como político en algunas ocasiones su comportamiento es fallido o confuso. Sí, lo anterior es cierto, pero entre sus defectos no está la incongruencia. 

En estos últimos doce años lo han calumniado. Para los que no saben, calumnia es: una acusación falsa que tiene el propósito o la intención de hacer daño. En ese tenor, lo han comparado con personajes latino americanos desacreditados o que en su desempeño público han cometido excesos y desatinos. Nada más alejado de la realidad que ese comparativo. Si de cotejar se trata y, hablando exclusivamente de congruencia, a López Obrador le encuentro similitudes con Pepe Mújica —expresidente de Uruguay— y con el papa Francisco. Tienen —los tres— otras semejanzas y parecidos que por el momento no abordaré.  

A López Obrador lo han acusado de todo. De ser “un peligro para México”, populista, dictatorial, autoritario, mesiánico, etcétera. Fotomontajes, noticias falsas y otras patrañas han rodeado la vida pública del personaje. A pesar de lo anterior, triunfó o —mejor dicho— arrasó en la pasada campaña electoral. Ya es presidente electo. Quizá por esa razón, los ataques hacia su persona menguaron y sus detractores se agazaparon durante unas semanas. Hoy, con renovados bríos, sus malquerientes vociferan engañifas en los micrófonos y en los cafés; otros, por conveniencia o encargo, escriben —en los diarios, revistas o páginas electrónicas— gazapos malintencionados y “sesudas” sandeces.   

Si el tabasqueño ganaba las elecciones, los pronósticos —de los engaña bobos— eran alarmantes y catastróficos. Con su triunfo, los vaticinios no se cumplieron: no se devaluó la moneda, no hubo fuga de capitales ni tampoco existe conflicto insalvable con los dueños del dinero. Confrontación y puntos de vista diferentes sí, pero —hasta ahora— no existe un peligroso brete con los potentados. 

Por otra parte, las “inocentes” mofas con respecto a la lentitud de su discurso, a que se “come” algunas letras o por su acento sureño, cambiaron. Ahora muchos periodistas se sienten agredidos porque les llama prensa “fifí”; se alarman los dueños del dinero y la clase política por decir que el país está en bancarrota y pusieron el grito en el cielo  cuando dijo que Rosario Robles —la de la estafa maestra y otras pillerías— es un “chivo expiatorio”. Vayamos por partes. 

Andrés Manuel ha escrito 17 libros. Por supuesto que no es un asunto menor. Alguien que ha realizado tal labor es —por decir lo menos— un conocedor del lenguaje y del significado y alcances de las palabras. Es lisa y llanamente una persona culta. Menciono lo anterior para sustentar lo siguiente: “fifí” es una palabra que fue muy utilizada hace 60 o 70 años y se usaba para denominar a los presumidos y presuntuosos que siguen las modas, estilos y vanas costumbres. El calificativo está bien aplicado para esos periodistas que siguen la moda de atacarlo —por consigna— y se las dan de sabiondos. A ese puñado de petulantes —aparte de fifís— les pondría otro calificativo muy usado también en aquellas lejanas épocas: periodistas “nailon” (sintéticos o que no son genuinos).  

Dadas sus creencias religiosas, López Obrador, sabe lo que significa ser un “chivo expiatorio” y se lo aplica correctamente a Rosario Robles. Él también sabe lo que no significa esa alocución. Sabe, para empezar, que, “chivo expiatorio”, no es sinónimo de inocente, tampoco implica indultar a quien se califica con esa expresión o eximir de responsabilidades a quien se rotula de esa manera. Muchos periodistas ignorantes o chayoteros acusan al presidente electo de estar perdonando los fraudes y robos que —supuestamente— esa funcionaria ha cometido. Nada más alejado de la realidad. No falta mucho tiempo para que las instancias correspondientes —no la presidencia de la república— actúen en contra de la señora Robles. Cuando eso suceda no faltara quien  acuse a AMLO de misógino o diga que el tabasqueño es vengativo. De todos modos: Juan te llamas.   

Asimismo, un verdadero alboroto causó el presidente electo cuando dijo: el país está en bancarrota. La batahola la causaron las cúpulas empresariales, financieras, políticas y periodísticas. Esa macolla tiene razón. Pregunte usted a Slim, Azcárraga, Larrea, Salinas de Gortari, Fernández de Cevallos, Romero Deschamps, Víctor Flores, López Doriga y similares si sus finanzas personales están en ruinas o si sus negocios están quebrados. Evidentemente que la respuesta es NO. Ante esa respuesta existe un malvado “pero” y ese “pero” es que ellos no son el país. Cuando el tabasqueño habla de bancarrota no se refiere a las cúpulas o a la endiosada variable llamada: macroeconomía. Los encopetados no están en bancarrota. No, ellos —en gran medida— provocaron el quebranto nacional y por eso —ante el señalamiento de la bancarrota— reaccionaron con tal vigor y empuje.     

Calculo que 90 o 100 millones de mexicanos vivimos en crisis. Los sistemas —federales y estatales— que deben impartir justicia están derrumbados; el sistema educativo es un fiasco; las instancias encargadas de velar por la salud de los mexicanos está infestada de ladrones y es un desastre; el campo mexicano está en ruinas, etcétera. Estamos inmersos en el pavor que provoca la inseguridad; la vileza y deshumanización de los corrompidos funcionarios públicos y tantas y tantas bajezas que cotidianamente y a la vista de todos cometen esos personajes. En síntesis, todo debe ser reconstruido. 

Podemos concluir que la bancarrota del país es, en el fondo, moral y que la ruina de las cúpulas —financieras, empresariales, políticas y periodísticas— se ubica en el ámbito de la ética.

alfredopoblete@hotmail.com

 

 

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