Opinión

Xalapa, Ver., Año VIII No. 480    

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CAMALEÓN

Alfredo Bielma Villanueva

El Movimiento, ¿llegó para quedarse?

En cualquier sistema político que se prestigie de democrático, condición sine qua non debe ser la existencia de partidos políticos porque vertebran su existencia; y un imperativo inexorable de todo partido es la búsqueda del poder y una vez conseguido defenderlo con denuedo utilizando el arte de la política como herramienta y la satisfacción al electorado como condición de su permanencia en el disfrute o gozo del poder.

Pero en toda democracia también se combinan el deterioro de la fuerza política en el ejercicio del poder con las exigencias emanadas desde el contexto social, tal es la acción depredadora que todo partido político en la oposición debe mantener, porque en la lucha por el poder quien gobierna está comprometido a cumplir lo ofrecido porque de lo contrario pierde adeptos y fuerza de convocatoria.

En nuestro país, un caso emblemático es el Partido Revolucionario Institucional que, nacido en 1946 y prosiguiendo la inercia de todo partido en el gobierno, mantuvo el poder omnímodo hasta el año 2000 cuando perdió la presidencia de la república, adonde regresó después de un interregno de 12 años protagonizado por su antagónico, tradicional opositor, el Partido Acción Nacional. Ambas organizaciones suscribieron etapas gloriosas de fino antagonismo ideológico en las décadas de los años sesenta, cuando en el PAN estaba bajo la batuta del brillante Christlieb Ibarrola, y el icono de la izquierda en aquellos tiempos, Vicente Lombardo Toledano, terciaba en la disputa capitaneando al Partido Popular Socialista.

Cabe la interrogante ¿por un simple prurito democrático, un Partido Político debiera ceder a otro el ejercicio del Poder? La respuesta es No, porque el Poder ni se comparte ni se delega, la fórmula democrática consiste en arrebatárselo al partido en el poder con la conquista de los votos, y de manera pacífica, que tal es la esencia de toda democracia y así ha sido en nuestro país.

¿Qué el PRI fue un partido hegemónico? se responde con otra pregunta ¿qué partido no lo es cuando tiene la oportunidad de conservarlo? Que conste, estamos en el supuesto de un país democrático. Cuando Fidel Castro asume el poder en Cuba fue paradigmática la consigna: “el poder se arrebata con las armas en las manos”, válida por supuesto en un régimen de inspiración dictatorial como lo era el presidido por Fulgencio Batista.

En esa lógica, al PRI le arrebataron el Poder con votos, primero el PAN, ahora MORENA. La explicación a este fenómeno implica décadas de acontecimientos sociales, políticos y económicos que lo dilucidan, la larga la narrativa para comprobarlo excede los límites de un análisis contemplativo. Pero encuentra soporte en el hecho de Reed Latino Awards 2018, considerados también los “Óscar de la política”, que en la categoría de mejor campaña presidencial se confiere a AMLO. Además, también premia la canción “Hoy despierto”, interpretada por la señora Beatriz Gutiérrez Muller, esposa de López Obrador. Lo cual ratifica el aserto: en política las causas superan a las casualidades

El acontecimiento electoral de julio pasado constituye la síntesis de un largo periodo de acontecimientos nacionales, rico en experiencias y decepciones, plagado de injusticias y desigualdades sociales, producto de una clase política voraz, al amparo de una partidocracia pervertida (del PRI, PAN, PRD y adláteres que los acompañaron) cuyas acciones siguieron la consigna dictada por los intereses de “clase” política.

Pero es indiscutible que MORENA llegó con pretensiones de quedarse, cualquier argumento en contrario no encuentra cabida en la lógica de un Partido Político devenido de un Movimiento organizado para escalar al Poder. En ese marco, su líder nato, Andrés Manuel López Obrador, además de presidente electo, mantiene un bono democrático con crédito bastante elevado ¿hasta cuándo? Pronto asumirá el poder presidencial, será a partir de ese momento cuando empiece a medirse la cuenta a su favor o en demérito, el ejercicio del poder lo desgastará o fortalecerá, según el caso, y de manera concomitante ese vaivén repercutirá en MORENA.

Respecto de los partidos políticos opositores a Morena todo orbita de acuerdo a la nueva recomposición de fuerzas, una categoría en la cual el otrora partido hegemónico, el PRI, que ocupaba la primera posición y por efectos del resultado electoral fue relegado al rango de tercera fuerza política, donde el PAN permanece como segunda fuerza, mientras el PRD lucha por su sobrevivencia. Luego entonces, no se advierte en lo inmediato una oposición fuerte para MORENA cuyos propósitos son hegemónicos.

Opositores en tales circunstancias no representan, hoy, hoy, hoy, verdadera oposición. Un PAN cuyo proceso electivo amenaza con dejarlo más dividido de como está, un PRI en estado catatónico, y un PRD al borde de la extinción no alientan a quien no coincida con López Obrador y su Movimiento. No obstante, la consulta “plebiscitaria” de este 28 de octubre marcará la ruta que seguirá el gobierno entrante, aunque mientras las decisiones las tome un solo hombre todo queda en lo impredecible, lo cual a los mexicanos no debiera extrañar porque repite el mismo esquema de aquellos “destapes” de candidatos priistas a la presidencia de la república, sujetos a la voz del Gran Tlatoani. ¿Síndrome priista? No, significa simplemente que en el PRI se utilizaban las herramientas adecuadas para conducir un país, y así se seguirá haciendo porque lo dictan los cánones del arte del buen gobierno, ya por el PAN, el PRD o MORENA.

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