Opinión

Xalapa, Ver., Año X No. 498    

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CAMALEÓN

Alfredo Bielma Villanueva

Parodia Pírrica

01/03/2019

Es famosa la frase del general Pirro, rey de Epiro, expresada después de un exitoso combate de su ejército: “otra victoria como esta y estamos perdidos”, a causa de los estragos sufridos por su triunfante ejército en el cruento combate contra un disciplinado contingente romano. Real o imaginaria, esa alocución sobre un episodio ya catalogado como histórico ha servido como referencia para ilustrar acontecimientos en los cuales una victoria podría equivaler a la derrota, e igual a cuando en el futbol un empate sabe a fracaso. Es evocable, por ejemplo, en casos como el fallido intento de la bancada de Morena para defenestrar al Fiscal General, evento en la cual tres de sus elementos votaron en sentido contrario, desvaneciendo la mayoría calificada y dejando al descubierto serias deficiencias de operación política.

En el corto tiempo que Morena lleva de ejercer el Poder en la entidad Veracruzana se está demostrando, una vez más, la tesis que postula los efectos desgastantes del ejercicio del poder. Pudiera aplicarse al caso de Cuitláhuac García, quien ha sufrido merma de la apreciación favorable en los diferentes sectores de la sociedad veracruzana, a pesar del corto tiempo que lleva su gobierno. Correlativamente, es en el Poder Legislativo donde las pérdidas del partido gobernante han sido de mayor alcance, y obviamente impactan en el Ejecutivo, pues la ineficiencia en la conducción de su bancada legislativa ha dado al traste con los propósitos gubernativos, peor aún, en la refriega perdieron a tres de sus elementos, lo cual refleja un control deficiente, síntoma muy delicado. Aunque ya se revirtió esa tendencia, no se advierten signos de mejoría para suponer que no pudiera repetirse el desaguisado.

Además, la genética social de Morena lo coloca en situación vulnerable, pues no escapa a la pugna por el poder entre los diferentes grupos que componen un partido político, porque los protagonistas, seres humanos al fin, están propensos a ser arrobados por el influjo del Poder. Lo observamos en nuestro estado, gobernado por políticos fraguados en prolongada oposición al régimen, hasta que ganaron con López Obrador el premio mayor. Ya en el poder se pierde la cohesión que los unía frente al adversario común; pero ahora disputan entre sí tajadas de poder, en circunstancias diferentes, porque no es igual criticar, protestar, discursear sin compromiso, que construir el edificio que su retórica dibujaba. Ubicados ya arriba de la arena política, empiezan los jaloneos: Manuel Huerta en visibles diferendos con Cuitláhuac, Rocío Nahle haciendo futurismo y preparando el camino para una hipotética oportunidad que quizás nunca le llegue, Ricardo Ahued resguardándose de los obuses que lo quieren fuera de la competencia, Rafael Hernández Villalpando, zorrunamente se mantiene a prudente distancia del campo de tiro. Ese intercambio es de rutina, solo los actores cambian, pero en medio del escenario sigue estando la sociedad veracruzana.

En el rejuego saltan las liebres, demostrando ausencia de control por desconocimiento o desorientación de los bisoños cazadores. Es posible advertirlo con relativa facilidad, y una muestra la tenemos en el publicitado sueldo de Cuitláhuac García, quien en diciembre pasado aseguró que pediría al Congreso reducir su sueldo mensual a 57 mil pesos. Sin embargo, a quien le corresponde llevarlo a cabo se le olvidó o no supo cómo hacerlo, porque en el presupuesto de egresos aprobado aparece su sueldo de 74 mil 938 pesos, y en igual condición quedaron los mandos medios, a pesar de la anunciada rebaja del 13%. Es decir, ni los diputados, ni la Secretaría de Finanzas acataron la disposición del gobernador, aunque se supone que al recibir más de lo que señaló, el gobernador ha devuelto el excedente correspondiente a diciembre, enero y febrero. Quizás sea un efecto del lento aprendizaje de sus colaboradores, ayunos de conocimientos a la altura del cargo encomendado.

En la legislatura pasada, la bancada de Morena sufrió el desgaje de tres de sus elementos, la ruptura cimbró al partido porque eran tiempos previos a las campañas de presidente de la república y gobernador del estado; curiosamente, en la actual legislatura se repite el fenómeno cuando tres de sus integrantes desobedecieron la consigna partidista de votar contra Winckler, y eventualmente se apartaron de Morena. Ambos sucesos sin ser lo mismo se asemejan, aunque en circunstancias diferentes; los desertores del pasado encontraron fuera de Morena jugosos “alicientes”, y no regresaron al redil original; se presume que los migrantes de ahora también pudieran haber recibido ciertos “estímulos” para su eventual apartamiento. Pero Morena ahora hace gobierno y ofrece expectativas a futuro, un motivo que pudiera explicar el regreso de los apóstatas transitorios, Jessica Ramírez, Augusto Nahúm Álvarez Pellico y José Magdaleno Rosales. El episodio de su efímera conversión sirve para la expectativa de confirmar aquello que postula: “quien traiciona una vez, traiciona mil veces”.

Que no siempre la suerte del principal la sigue lo accesorio se constata en el aumento de los índices de aprobación del presidente López Obrador, según consulta Mitofsky, en noviembre de 2018 tenía 61.6%, tres meses después aumentó a 67.1%. La eliminación de las pensiones a los expresidentes, no más seguros médicos a funcionarios, bajar sueldos a funcionarios de alto nivel y bajar el ISR en la frontera son consideradas como muy buenas medidas, y a pesar de la cancelación del aeropuerto de Texcoco, que no fue afortunada, señalan los encuestados. Según Mitofsky, los ciudadanos opinan que la inseguridad sigue siendo preocupante. Es significativa la respuesta sobre si debiera permanecer en el cargo López Obrador: 53.3% que sí, 46.7% que no. Sin embargo, el encuestador refiere que Ernesto Zedillo incrementó su aprobación de diciembre de 1994 a febrero de 1995, pues pasó de 32.3% a 42%, aunque después bajó abruptamente. Esa es una fotografía de tres meses de gobierno, es apenas el arranque, aunque no dejaría de sorprender si la tendencia prosigue al alza.

¿Qué necesita hacer Cuitláhuac para emparejarse a la tendencia arrolladora de AMLO? Esa es la tarea de sus colaboradores y suya propia, que en todo caso consistirá en tirar los lastres que le impiden el despegue y recordar que es el responsable histórico ante Veracruz.

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