Opinión

Xalapa, Ver., Año X No. 508    

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CAMALEÓN

Alfredo Bielma Villanueva

 

Cuitláhuac es honesto

En su reciente visita a Minatitlán, el presidente de México demostró que- al menos hasta ahora- mete las manos al fuego por Cuitláhuac García, el gobernador de Veracruz a quien se le acumulan los pendientes de su cargo y acaba de pasar por el tormentoso affaire de las patrullas compradas y/o arrendadas para ser entregadas al servicio de la seguridad pública. Observar a un presidente de la república dando un efusivo saludo a un gobernador no es frecuente en nuestro país, lo hizo López Obrador con Cuitláhuac García ponderándolo como un hombre honesto. Sin duda fue un gesto afectuoso y un respaldo político de primer orden.

A este asunto cada quien puede darle la lectura según su información, formación ideológica o querencia política, pero en política no todo lo que parece es, y no escapa a la percepción del ojo público que un gesto de esa naturaleza, si se atiende de quien proviene y a las circunstancias prevalecientes en Veracruz. Sería erróneo suponer que al presidente se le escapa la difícil situación del escenario veracruzano, también la urgencia de acomodarle herramientas adicionales a su correligionario Cuitláhuac García para enfrentar este universo de galimatías en que se ha convertido la entidad veracruzana, cuya importancia política y económica es de incuestionable prioridad para preservarla dentro de los dominios de Morena.

Tener un respaldo político y moral de un  presidente de la república debe ser alentador y motivo de orgullo, pero conlleva un enorme compromiso para no defraudar esa confianza, sobre todo en el caso de un gobernador a cuyo cargo se depositan cientos de millones de pesos y la tarea de acarrearle beneficios a más de ocho millones de gobernados. Esa responsabilidad se magnifica cuando el discurso diario se centra en luchar contra la corrupción, erigida como la causa de todos los males, las raíces de Pandora, cuya extirpación exige que, además de ser honesto, Cuitláhuac haga hasta lo imposible por parecerlo. Sin embargo, han sucedido hechos que no caminan con esa lógica…

Al ponerse al descubierto casos de nepotismo en Secretarías cuyos titulares han acudido a esa práctica y tratar de ocultarlo negando lo evidente no habla de propósitos claros ni convincentes de terminar con uno de los vicios más arraigados en la burocracia, ese hecho configura corrupción y solaparlo es complicidad. El nada transparente procedimiento en la compra de automotores para destinarlos al uso de patrullas es otro de los casos que habrán puesto al presidente López Obrador en vigilia sobre Veracruz. Si nos diéramos a la tarea de encontrar las motivaciones del halago minatitleco pudiéramos discernir dos hipótesis: no es un mensaje críptico y por lo tanto, según Perogrullo nada esconde, o bien que subyace una preocupación en al ánimo del cuasi paisano. La indefensión de la sociedad veracruzana ante una delincuencia desbordada, el obsesivo pleito con el Fiscal a quien la inoperante estrategia para quitárselo de encima falló escandalosamente, y el dificultoso arranque de la administración estatal forman un expediente preocupante, en solo cinco meses de ejercicio del poder.

Ese bagaje debe preocupar al adalid del cambio. Porque AMLO guarda la convicción de fortalecer sus posiciones en vías de instaurar el nuevo régimen y requiere de la sinergia de sus afines. Obviamente esa circunstancia exige eficiencia, eficacia y caminar al ritmo acelerado para el cambio, un desentono desequilibra el paso, si éste es el caso de Veracruz  no estamos en condición de adivinar, menos de aseverarlo, que así lo advierte el presidente, pero visto desde el llano el panorama no invita al optimismo.

alfredobielmav@hotmail.com

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