Opinión

Xalapa, Ver.- Año X No. 508    

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Alfredo Poblete Dolores

La guerra en las calles y en las redes

11 de mayo de 2018

La primera marcha en contra de AMLO se llevó a cabo el 10 de marzo pasado —a 100 días de iniciado su mandato— y fue denominada “chalecos amarillos México”. Asistió un puñado de personas que fueron muy criticadas en las redes. Sufrieron del escarnio y la burla por la desorganización y las peticiones que hicieron. Los “chalecos amarillos” aparecieron por primera vez en Francia para protestar en contra de las políticas económicas de Emmanuel Macron presidente de Francia. Ese movimiento se volvió internacional. Los originales “chalecos amarillos” se deslindaron completamente del movimiento mexicano por no tener ninguna vinculación política ni ideológica con ellos y les prohibieron usar el nombre y el emblema francés.

La segunda marcha —en contra del actual presidente— tuvo mejores resultados que la primera y se desarrolló el 5 de mayo pasado. Fueron convocados los ciudadanos de una veintena de ciudades importantes del país. En la Ciudad de México marcharon aproximadamente 15,000 individuos. En Guadalajara, Jalisco asistieron 1,300 personas; en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río caminaron sobre el inclemente sol con pancartas en contra del presidente 300 ciudadanos aproximadamente y en Xalapa, Veracruz fueron 12 (si, doce). La exigencia de que AMLO renuncie a la presidencia fue la constante en los rótulos que portaban. En otros carteles se leían reproches en contra del ejecutivo federal acusándolo de inepto, ignorante o irrespetuoso de las leyes y las instituciones.

La inmensa mayoría de mexicanos no se enteró de la marcha nacional; otros más se mostraron indiferentes al acontecimiento; un importante número de compatriotas que apoyan al presidente no respondieron a la convocatoria por obvias razones y, otros que son contarios a las políticas de López Obrador no están dispuestos que los manipulen personajes que con anterioridad ocuparon la silla presidencial y sumergieron al país en una vorágine de violencia y pillaje.

Vicente Fox encabezó la marcha en León y reunió a 2,000 guanajuatenses. El expresidente dice que el actual mandatario no sabe gobernar y portaba una pancarta que decía: “Mejor criterio en la toma de decisiones”. Felipe Calderón prefirió apoyar la marcha desde las redes sociales y aprovechó para invitar a los manifestantes a unirse al partido político que promueve. Llamó la atención una pancarta en donde se leía: “los que tenemos cerebro no votamos por ti” y, paradójicamente, en otro cartel de la misma manifestación aparecía la leyenda: “AMLO ya no dividas al país.” ¡Vaya contrasentido!

La desinformación y la tergiversación de las políticas presidenciales fueron sintetizadas en las pancartas —en algunos casos— con aberrantes faltas de ortografía. En otros casos los carteles fueron rotulados con reproches vagos y confusión en las demandas.

La batalla por el poder no tan sólo es en las calles. En los medios escritos y electrónicos se desarrolla la lucha con denuedo y muchas veces los comunicadores pueden caer en desatinos. Recientemente el Papa Francisco dijo que algunos comunicadores pueden cometer pecados y señaló cuatro de los principales yerros periodísticos y deslices comunicacionales: informar parcialmente, dice que esa forma de comunicar ayuda a la manipulación y a la desinformación; la calumnia, que no es otra cosa que  publicar falsedades con el propósito de dañar a los adversarios; la difamación, otra artimaña que consiste en traer hechos del pasado de algún personaje y con base en ello maquinar ataques y descalificaciones de su actuación actual y por último dice que muchos medios y comunicadores son coprofílicos y tiene razón, aman las excrecencias, la suciedad y la inmundicia y de esos mismos materiales fabrican sus notas y comentarios. En el ámbito nacional y estatal abundan ejemplos de comunicadores pecaminosos —de acuerdo al Papa Francisco— que se dicen católicos y trabajan sin moral ni ética y no escuchan ni atienden los mensajes ni recomendaciones de su guía  espiritual.    

En las redes sociales —facebook, twitter, linkedim, instagram, etcétera— los rumores tóxicos y las fake news tienen su nicho natural y su caja de resonancia; en ese ámbito crecen las habladurías y se reproducen las mentiras y falsedades. Muchas veces esas redes se alimentan de lo publicado en la prensa escrita o lo trasmitido en los medios electrónicos. Tomemos un ejemplo: Consulta Mitofsky cuyo director general es Roy Campos difundió un dato en días pasados. Le comentó a la periodista Ana Francisca Vega del diario el Economista que empezó a medir la popularidad del presidente en febrero pasado y que tenía —en ese entonces— una aceptación de 67%. Le dijo también que con motivo —entre otras causas— de la matanza de 14 minatitlecos suscitada el 19 de abril pasado las simpatías del presidente habían disminuido un 6% y se ubicaban en 61%.

Ubiquemos a Roy Campos en el pasado reciente. El 24 de junio de 2018, una semana antes de que se llevara a cabo la elección presidencial dijo: “el candidato Andrés Manuel López Obrador, de la coalición Juntos Haremos Historia (Morena-PT-PES), cierra la campaña electoral como puntero con una preferencia de voto de 37.7%.” Un día después, el 25 de junio, GEA-ISA —cuyo presidente es Jesús Reyes Heroles—  pronosticó una votación de 44% a favor de AMLO; el 27 de junio Grupo Reforma dijo que López Obrador tendría el 51% de los votos; en esa misma fecha Parametría —de Francisco Abundis— ubicó el número de votos en 53% y el Financiero en 54%. Recordemos también que el actual presidente obtuvo en julio del 2018 el 53.19% de la votación nacional. El pronóstico más cercano fue el del Señor Abundis y el más lejano a lo sucedido en la elección presidencial fue el del Señor Campos.

Usted cree que Don Roy ¿elaboró mal las preguntas de la encuesta? ¿Eligió mal la muestra censada? ¿Los individuos seleccionados para ese trabajo no fueron representativos del universo a estudiar? No, eso no sucedió. Además, no dudo que el director de Consulta Mitofsky conozca a la perfección los criterios de medición estadística y todos los vericuetos de esa forma de ponderación. Lo que le hace falta a Roy Campos es tomar unas clases de ética y de honestidad profesional para ver si así deja de “cucharear” los resultados de los sondeos y cálculos que realiza. Quiero suponer que las manipulaciones no las hace de manera gratuita.

Las mismas clases con la misma dosis son recomendables para varios periodistas nacionales y estatales. Que esas lecciones los alejen de la perniciosa actividad de recibir dinero a cambio de escribir mentiras y publicar patrañas. De igual manera, que esas enseñanzas les sirvan para que el orgullo y la dignidad profesional regresen a sus quehaceres y contribuyan a la pacificación y progreso del país.

Los bots y los usuarios fantasmas —creaciones cibernéticas— no entienden de razones ni argumentos humanos. A ellos —mientras la ley los alcance— sólo hay que ignorarlos y no replicar a lo tarugo las ficciones que pregonan o creer las falsedades que difunden.  

alfredopoblete@hotmail.com

 

 

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