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Xalapa, Ver.- Año X No. 511    

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Alfredo Poblete Dolores

La guerra: Trump, diplomacia y principios

31 de mayo de 2019

El presidente Trump amenaza con imponer aranceles a los productos mexicanos si el gobierno de nuestro país no se somete a sus dictados. En respuesta el presidente de México tomó la decisión de enviar una carta de protesta al gobierno norteamericano. El documento en sí y su contenido es histórico. Epístola valiente, digna, apegada a los principios constitucionales que sin ambages fija la posición del gobierno ante el chantaje y, de paso, brinda lecciones de historia y de sentido común al presidente gringo.  

En materia de política exterior —y en otros rubros— los tres últimos presidentes mexicanos actuaron de manera diametralmente opuesta al actual gobernante. Los exmandatarios que ocuparon la silla presidencial del 2000 al 2018 violaron flagrantemente las normas e ideas fundamentales plasmadas en el artículo 89 de la carta magna. En EEUU están conscientes que los políticos mexicanos han estado dispuestos a trasgredir y quebrantar la constitución y cualquier otra ley con tal de plegarse a los designios de los gobiernos norteamericanos. Veamos algunos antecedentes y revisemos diferencias con el actual gobierno.  

Para empezar, en el artículo 89 de la constitución política de los estados unidos mexicanos se mencionan las facultades y obligaciones del Presidente. En el inciso X señala claramente lo que debe hacer el mandatario en aspectos de política exterior y dice lo siguiente:

X. “Dirigir la política exterior y celebrar tratados internacionales (…) En la conducción de tal política, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.”

Los principios de derecho internacional —expresados en la Carta Magna—son valiosas herramientas para dirigir la política exterior, opinar y relacionarse con prudencia y actuar con sabiduría. No son —como creen algunos— entelequias conceptuales, ideas irrealizables o sueños guajiros. Ese conjunto de razonamientos constitucionales imponen obligaciones al titular del ejecutivo y al canciller para relacionarse con los gobiernos de otros países. El respeto a la soberanía de otras naciones es la piedra angular de la diplomacia internacional.

Cualquier persona —ocupe el cargo que ocupe— si carece de principios y valores anda en la vida desorientado, desubicado y actuando con comportamientos erráticos. Los últimos presidentes se desarrollaron en la vida sin asideros éticos, sin agarraderas morales y con escaso conocimiento de la constitución e historia nacional. De esa realidad anímica y espiritual —de Fox, Calderón y Peña— estaban conscientes los gobiernos gringos. Por sus decisiones y comportamientos —ante las potencias extranjeras— nuestro país sufrió pérdidas en su patrimonio, depauperación económica y degradación en el nivel de vida de los mexicanos.

Los tres ex presidentes estuvieron sometidos —al igual que sus secretarios de relaciones exteriores— a los designios, conveniencias o intereses emanados de los gobiernos de EEUU. Como ejemplos, Felipe Calderón aceptó las políticas provenientes de la DEA para desencadenar una guerra contra el crimen organizado y Peña Nieto se comportó de manera indigna ante el irracional presidente gringo. La dupla Peña-Videgaray, expulsaron al embajador de Corea del Norte. El motivo para tal proceder fue el pleito entre Trump y el líder supremo del país asiático Kim Jon-Un. Para vergüenza del gobierno mexicano a las dos o tres semanas —de la expulsión del diplomático— los mandatarios gringo y coreano se reunieron para restablecer relaciones que suavizaran sus rijosidades. Para rematar, entregaron (30/11/18) a J. Kushner —yerno de Trump— la Medalla del Águila Azteca máxima distinción que el gobierno entrega a un personaje extranjero. Haciendo la aclaración que ese señor no tiene ningún mérito para ser condecorado.

Por otra parte, Donald Trump desde que asumió la presidencia de los EEUU inició su campaña de reelección. En su cruzada ocupa conceptos básicos de psicología de las masas y nociones superficiales de la dinámica de los grupos humanos. Sabe que necesita cohesionar a los miembros del partido republicano y ganar a otros seguidores. Para tal fin dirige su discurso al gringo blanco, inculto e ignorante. Dentro de sus incondicionales encontramos: aporofobicos (aporo= pobre y fobos= miedo o rechazo); alofobicos (alo= otro); xenófobos (xeno= extranjero) y supremacistas blancos. Quiere que se adhieran a su causa los racistas que se mantienen indecisos con su voto y los titubeantes del partido demócrata. Para aglutinarlos tiene que proferir discursos de odio, discriminatorios y de exclusión hacia enemigos inventados. A los latinos o musulmanes les achaca cualidades negativas o peligrosas. El miedo y el rechazo a los diferentes le permiten cohesionar con mayor fuerza a sus simpatizantes y logra que se aglutinen, a su alrededor, los vacilantes y dudosos.

La posición del gobernante mexicano, apegada a los preceptos constitucionales, ha generado, al interior del país, severas críticas de sus adversarios. Los embates no han logrado infringir el daño que pretenden hacer y necesitan ayuda. Los neoliberales latinoamericanos empiezan a venir al país para apoyar a sus correligionarios. En días pasados llegó —como punta de lanza del conservadurismo— el premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa a decirnos que el presidente está equivocado al abandonar de facto al Grupo de Lima, que falla al no oponerse al dictador Nicolás Maduro, etcétera. Después que lean la carta de AMLO ¿qué dirán al respecto?   

El Grupo de Lima (GL) tiene menos de dos años de fundado y nació para “solucionar” los conflictos de Venezuela. Son 14 países americanos —México entre ellos— que están sometidos a las políticas intervencionistas de EEUU y pretenden derrocar al gobierno de Nicolás Maduro y apropiarse de las riquezas naturales de esa nación y de las mayores reservas de petróleo del mundo. Peña Nieto y Luis Videgaray estando al frente de la política exterior siempre pensaron que la diplomacia es mansedumbre ante el fuerte u obediencia ciega al poderoso. El actual mandatario mexicano marcó distancia con el GL y se alejó de las políticas intervencionistas del señor Trump. Ahora que el respeto y los principios republicanos han retornado al gobierno mexicano —los conservadores— añoran el tutelaje de EEUU y quisieran el retorno de ex cancilleres como Jorge Castañeda, Claudia Ruíz Massieu, Luís Videgaray u otro similar para ocupar la titularidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Después de que lean la misiva ¿seguirán pensando lo mismo?

La epístola del presidente López Obrador tendrá varios efectos en el país. Provocará que muchos mexicanos cierren filas ante la posición digna y honorable del gobierno; que se mantengan atentos y unidos a cualquier otro embate del señor Trump; que en las elecciones de mañana en donde estarán en juego siete gubernaturas, el partido del presidente, se quedé con la mayoría y que la aceptación —en las encuestas— se incremente hasta un 90% en las simpatías presidenciales y para rematar que los conservadores nacionales pierdan otra bandera de lucha.  

alfredopoblete@hotmail.com

 

 

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