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Xalapa, Ver.- Año X No. 512    

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Alfredo Poblete Dolores

La guerra: contra la corrupción en PEMEX

8 de junio de 2019

Mi solidaridad con el presidente López Obrador en su lucha por la dignidad y en defensa de la soberanía del pueblo de México

La corrupción en PEMEX es de larga data y los corruptos que ahí trabajan actúan en los diferentes niveles de la estructura organizacional de esa institución. Los petroleros de sexenio tejieron a través de los años una red de deshonestos, saqueadores o traidores a la patria. El calificativo depende del nivel jerárquico donde funcionan. La lucha emprendida por el  presidente es contra “los peces gordos” y adláteres. Para empezar los huachicoleros de cuello blanco sufrieron —en meses pasados— un severo trastorno en su operación e importantes menoscabos en sus ganancias y a algunos de ellos les espera la cárcel. La lucha seguirá y el turno le corresponde a un colaborador del ex presidente EPN.

Emilio Lozoya Austin es licenciado en economía por el ITAM y posee otra licenciatura en derecho por la UNAM, tiene además, una maestría en administración pública por la Universidad de Harvard. Antes de ser director de PEMEX fue miembro del consejo de administración de Obrascon, Huarte, Lain (OHL). Esa empresa está conformada por un grupo de hombres de negocios dedicados principalmente a la construcción y tienen su sede en Madrid, España, con presencia en una treintena de países. En México, el presidente del consejo de administración fue —hasta abril de 2016— José Andrés de Oteyza y Fernández—Valdemoro quien fungió como secretario de patrimonio y fomento industrial durante todo el sexenio del presidente José López Portillo y Pacheco (1976-1982). Dejó la consejería de OHL tras los escándalos de corrupción —autopista Viaducto bicentenario y aeropuerto de Toluca— que quedaron evidenciados en unas grabaciones telefónicas. Sobre la construcción de la autopista el señor Oteyza —en otra grabación telefónica filtrada— le dice a su interlocutor que le había dicho a Peña Nieto que, en la empresa, estaban “muy agradecidos” con Lozoya y Gerardo Ruíz Esparza en la consolidación de los proyectos constructivos de OHL. En el mundo de la política priista, ya sabemos lo que significa ese “agradecimiento”. OHL y otras empresas constructoras de España financiaron —ilegalmente— campañas políticas del derechista Partido Popular (PP) que llevó a Mariano Rajoy a la presidencia española. El político español tuvo que dimitir a tan importante puesto por el escándalo de corrupción —de OHL con el PP— que fue descubierto.    

Para entender el proceder público del señor Lozoya Austin diremos que es nieto de Jesús Lozoya Solís gobernador provisional de Chihuahua (1955-1956) e hijo de  Emilio Lozoya Thalmann, quien fue director general del Issste y titular de la Secretaría de Energía en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Su formación académica más laureada y presumida la ubicamos en el ITAM y la Universidad de Harvard. Su aprendizaje y desempeño laboral lo llevó a cabo en empresas con reconocidas prácticas de corrupción, soborno, fraudes y otras mañoserías. Entró al servicio público federal en el sexenio del expresidente Peña Nieto.

Algo pasa en esas instituciones —familia, escuela, trabajo en IP y gobierno— para formar a ciudadanos como el señor Lozoya. Él es un arquetipo de la personalidad neoliberal y prototipo del político exitoso en nuestro país. Esa misma o similar trayectoria la encontramos en hombres públicos y funcionarios de todos los partidos políticos. Es cierto, también hay clase medieros y de origen más desfavorecido que no pisaron el ITAM o Harvard pero que admiran, toman como ejemplo o quisieran tener lo que tienen los políticos o funcionarios como Emilio Lozoya y están dispuesto a hacer lo que sea con tal de vivir y poseer lo que tiene ese estándar.

La red donde se desenvolvía don Emilio es internacional, Harvard, OHL y después Odebrecht. Él no fue un ladronzuelo durante su estancia en Pemex. Por su proceder puede ser catalogado como traidor a la patria de acuerdo al artículo 123 del código penal federal.

Lozoya asumió la dirección general de Petróleos Mexicanos el 4 de diciembre de 2012 como remplazo de Juan José Suárez Coppel, y permaneció en el cargo hasta el 8 de febrero de 2016, cuando fue relevado por José Antonio González Anaya. El priista fue pieza clave en la transición —diciembre de 2013— de empresa paraestatal a empresa “productiva” del estado.  En mayo de 2014 el expresidente Peña decía que “la permanencia de Lozoya en el cargo permitirá una transición ordenada, a fin de no afectar las actividades cotidianas de Pemex durante el periodo de transición.”

Los estados financieros de Pemex nos indican que en diciembre de 2012 —cuando Lozoya recibió Pemex— la deuda total de la empresa rondaba en los 2 billones 295 mil millones de pesos. En diciembre de 2015 —dos meses antes de dejar el cargo— la deuda ya ascendía a 3 billones 107 mil millones de pesos; el pasivo aumentó en un 35% o lo que es lo mismo 812 mil millones. Esas cifras no se tradujeron en ninguna inversión o mejora en la empresa. La extracción de petróleo crudo disminuyó. La producción promedio en 2012 pasó de 2 millones 548 mil barriles diarios a 2 millones 267 mil barriles diarios en 2015. Una caída del 11% en la extracción del hidrocarburo. No les dieron mantenimiento a los ductos y las refinerías y centros petroquímicos fueron abandonados a su suerte. El desmantelamiento de las instalaciones industriales petroleras como preparativo de la privatización total.

Pemex reportó en 2012 un rendimiento neto de 2 mil 600 millones de pesos; al año siguiente reportó una pérdida neta de 170 mil millones de pesos; en 2014 el menoscabo neto fue de 265 mil millones de pesos y antes de dejar la empresa en 2015 el deterioro ascendía a 712 mil millones. Todo lo anterior ¿será daño patrimonial? ¿Qué empresa del mundo sostiene a un directivo durante tanto tiempo con esos resultados? La respuesta: cualquier empresa pública mexicana dirigida —desde la impunidad— por un neoliberal.

El ex directivo petrolero no actuó sólo mientras estuvo en el cargo. El señor Lozoya estuvo protegido por el ex presidente Peña y miembros de su gabinete. El contubernio, la impunidad y cinismo es más que evidente. También es cierto que dentro de Pemex hubo quien de manera gustosa se prestó para operar de conformidad con don Emilio. Consejeros, Directores de subsidiarias, subdirectores y gerentes estuvieron metidos en el aquelarre.

Los diez millones que le depositó Odebrecht a Lozoya Austin —para la campaña presidencial de Peña Nieto— es peccata minuta si lo comparamos con lo que obtuvo la empresa brasileña en contratos en varias entidades federales, los gobiernos del DF, de Puebla y Veracruz. Peña y Lozoya pueden ir a la cárcel por corrupción y delitos electorales que ahora —de acuerdo al artículo 19 de la constitución— son trasgresiones graves y agregue usted el de traición a la patria. Si me apuran el PRI pude perder su registro como partido político.

alfredopoblete@hotmail.com

 

 

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