Opinión

Xalapa, Ver.- Año XI No. 532    

Semana anterior

  Contacto

 

Alfredo Poblete Dolores

La guerra: el FMI vs México y el futuro

26 de octubre de 2019

A principios del presente mes los expertos y especialistas del Fondo Monetario Internacional (FMI) recomendaron al gobierno mexicano aumentar sus ingresos fiscales. Propusieron aplicar el impuesto al valor agregado (IVA) de 16% en alimentos. Lo anterior sin considerar que en el país existen alrededor de 30 millones que carecen de ingresos suficientes para poder alimentarse con dignidad o saludablemente.

No es la primera vez que el FMI hace ese tipo de recomendaciones. Durante los gobiernos neoliberales —esa organización— “sugirió” aplicar reformas y ajustes financieros que impactaron a la economía del país. Los resultados: más de la mitad de los mexicanos viven entre la pobreza y la miseria. Con esas políticas económicas la injusticia, desigualdad, corrupción y criminalidad aumentaron exponencialmente. El hambre, enfermedades, miedo, ansiedad y otros trastornos emocionales —que no se contabilizan— se recrudecieron. Esas perturbaciones afectivas tienen un alto impacto en la salud y el ánimo de los mexicanos.   

Marco Antonio Moreno nos refresca la memoria y el 17/10/19 —en la Jornada de Oriente— hace un recuento de la aplicación del impuesto al valor agregado: “El cobro de IVA comenzó en enero de 1980, en el gobierno de López Portillo, con la ley se establecía una tasa general de 10 por ciento, sin gravar alimentos. Con la tecnocracia instalada en Los Pinos, Miguel de la Madrid subió 50 por ciento la tasa general (de 10 a 15 por ciento), aplicó una de 6 por ciento a medicinas de patente y alimentos no considerados en la canasta básica y otra de 20 por ciento a los artículos de lujo. A la mitad de la administración de Carlos Salinas de Gortari, se redujo a 10 por ciento la tasa general de IVA, se desgravaron alimentos y medicinas y se suprimió la tasa aplicable a los artículos de lujo. Con Ernesto Zedillo, en 1995, de nuevo aumentó la tasa a 15 por ciento, fue cuando Humberto Roque Villanueva hizo aquella obscena roqueseñal, que sería su tumba política; en 2010, Felipe Calderón la elevó a 16 por ciento y allí se quedó, aunque en ambos casos se evitó aplicar el gravamen a medicinas y alimentos. Muy a disgusto, por cierto, de la casta neoliberal. Vicente Fox intentó aplicar IVA a medicinas y alimentos como el gran “reformón” (así le llamó), con la promesa de que a los mexicanos más desamparados ese dinero fiscal se les devolvería “copeteados” (…) finalmente, Peña Nieto intentó lo mismo e, igualmente, fracasó.”

Si Ricardo Anaya (PAN-PRD) o José Antonio Meade (PRI) hubieran ganado la presidencia, en julio de 2018, estoy seguro que, a estas alturas, cualquiera de los dos estarían aplicando todas las imposiciones —disfrazas de sugerencias— provenientes del FMI. A diferencia de ellos, el presidente López Obrador —con respecto a la recomendación del FMI de aplicar IVA a alimentos— declaró que en el pasado: “se hicieron reformas que afectaron a los mexicanos por consigna, muchas veces ni siquiera por decisión de los habitantes, sino para cumplir con los consejos del extranjero, eso ya se terminó”. Y se apegó a lo que ha venido diciendo desde años atrás. Refrendó el compromiso que hizo durante la campaña presidencial y en la toma de posesión como ejecutivo y se reduce a lo siguiente: ni aumento en los impuestos ni nuevos impuestos.

Basta voltear la mirada hacia algunos países de Sudamérica y ver lo convulsionados que están. El ejemplo más ilustrativo lo encontramos en Ecuador. Rafael Correa fue presidente de ese país durante 10 años (2007-2017). Aplicó políticas sociales y económicas alejadas de las recomendaciones de los grupos financieros internacionales. Logró mejoras en varios ámbitos de esa nación. El presidente Lenin Moreno —sucesor de Rafael Correa— se doblegó ante las presiones de las élites de su país y aplicó las políticas económicas dictadas por el FMI. Eliminó ayudas y subvenciones a los pobres —para mantener el “equilibrio” financiero— y no aumentó los impuestos a las clases altas y potentados ecuatorianos. Quitó el subsidio a los combustibles, medida que impactó a la precaria economía de los indígenas y campesinos que viven en las serranías ecuatorianas. En términos reales el precio de las gasolinas se triplicó agravando los niveles de supervivencia de esa clase social. Ese fue el origen de la insurrección indígena. Lenin Moreno tuvo que echar abajo las decisiones económicas del FMI. La inconformidad y rebeldía indígena no se ha aplacado y exigen la renuncia del presidente.

Chile no está lejos de la ingobernabilidad. Protestas callejeras y exigencias de relevar en el cargo al presidente Sebastián Piñera. Todo por adoptar medidas antipopulares. Los reproches y críticas ciudadanas fueron por incrementar en 4% el costo de los pasajes en el transporte público. Las calles de Santiago y de otras ciudades chilenas están llena de furia y enojo. Esas emociones vienen desde la época del dictador y tirano Augusto Pinochet. Él implantó —a sangre y fuego— el modelo neoliberal en su país. Hoy los herederos del déspota cosechan los frutos de esa forma —tan inequitativa— de producir y distribuir las riquezas.

Argentina y Brasil viven tiempos aciagos. En esos países existe inconformidad de un amplio sector de la población por las políticas económicas dictadas por organizaciones financieras internacionales y aplicadas por los neoliberales locales. Los gobiernos de ambas naciones están sentados sobre un polvorín. Es muy probable que en el corto plazo los presidentes Mauricio Macri (2015- ) en Argentina y Jair Bolsonaro (2019- ) en Brasil sean relevados —pacifica o violentamente— por aplicar políticas económicas dañinas a sus poblaciones.

Al FMI, Banco mundial y los grandes financieros del mundo le tienen sin cuidado —por ahora— las protestas populares que se realizan en los países latinoamericanos. Ellos seguirán “recomendando” y aplicando sus recetas y aquellos que nos las adopten sufrirán las consecuencias: magnicidio, persecución o cárcel. Salvador Allende en Chile; Luíz Inácio “Lula” Da´Silva, en Brasil; Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina; Salvador Correa, en Ecuador, son ejemplos del destino que les espera a los insumisos y desobedientes.

En México saben que el presidente Andrés Manuel López Obrador no seguirá las recomendaciones financieras provenientes del exterior. Los dueños del dinero a nivel mundial —en éste momento— pactan, corrompen y preparan a un posible sucesor de AMLO. El traidor se encargará de echar para atrás muchas de las reformas sociales impulsadas en éste sexenio e implantará —con mansedumbre— las políticas provenientes del extranjero. Sospecho que en el primer círculo de AMLO ya está anidado el huevo de la serpiente. Para empezar los felones se quieren apoderar o dividir a MORENA y después —con sigilo— socavarán las políticas y acciones soberanas que están transformando la vida nacional.

Los seguidores de AMLO y los constructores de la 4T deben —en el futuro inmediato— estar alertas y no confiarse. Entre ellos hay algunos perjuros y un sinfín de ambiciosos, simuladores y desleales. Ojalá, que pronto, identifiquen a los ingratos y traidores y los aíslen políticamente.

alfredopoblete@hotmail.com

 

Blogosfera
 

Pulso crítico

Flor y Canto

Va Tuxpan

Noticias de Veracruz

Monero Hernández

Soberanía popular

Cuaderno de Saramago

La Historia del Día


Agua Electropura "Xallapan

Alef.mx