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Xalapa, Ver., Año X No. 556

   

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Por la verdad y la confianza

Zaida Alicia Lladó Castillo*

La decepción masiva

12/04/2020

Se pensaría que voy a hablar de una telenovela o de una película melodramática, pero no es así, ojalá eso fuera. Tampoco voy a centrar mi opinión en los detalles de lo que está sucediendo en nuestro país con la actuación del actual Gobierno Federal, sino explicar de manera muy sencilla los efectos sociales y psicológicos que ha producido en la población dicha actuación gubernamental, pero particularmente la decepción masiva hacia dicha figura y hacia su proyecto de gobierno que no tiene ni pies ni cabeza.

Respecto a lo que le ha afectado a la figura presidencial, el  indicador más claro es el desprestigio de su investidura, algo que no había sido tan marcado en el pasado y en tan poco tiempo. Es decir,  de abril de 2019 que contaba con 65 % de popularidad  al mes de marzo de 2020 en el que se le ubicaba en el 48 % de las simpatías[1] , se fue agravando después de la visita a Badiraguato, Sinaloa el domingo 29 de marzo pasado, que lo puso en el 46.5% ; y la última baja  por su débil reacción frente a la pandemia , -que hoy reporta 33 mil personas con contagio- , y con la puntilla final, la falta de sensibilidad frente a los  grupos económicos que demandan apoyos porque sus cierres se cuantifican ya en la pérdida de 350 mil empleos[2] en el país, lo ubican impopularmente en un 40%. Ello sin contar lo de la última semana, la actitud entreguista frente el Presidente de los EEUU en el tema de la baja de producción del petróleo. Es decir en un año, su pérdida de popularidad fue de un 25%. Y de ahí para adelante, porque no veo la manera de que esto se detenga.

Y esto es un efecto muy claro de lo que es la Psicología de las Multitudes que no es lo mismo que la Psicología de las Masas. La psicología de las multitudes –de acuerdo a Moscovoci (2005)[3],  tiende a rebajar el valor intelectual y humano de las masas, toda vez que estas últimas se basan más en las informaciones informales (rumores) que generan incongruencia, confusión y alteración en las emociones derivado de la contaminación de la información—que puede ser o no ser cierta.

Sin embargo en la Psicología de las multitudes obedece a una sociedad más informada, capaz de tomar decisiones, de correr riesgos,  de aceptar incluso el error en caso de equivocarse, capaz de resarcir las fallas y recuperar el equilibrio, con elementos sociales, culturales y mejores formas de organización humana. También se habla de la alquimia de las multitudes (Pisani y Piotet 2009)[4] cuando se puede combinar la sabiduría e inteligencia de las multitudes con la tontería colectiva que puede llevar a estados y reacciones psicológicas extremas.

Y uno de esos rasgos predominantes en la psicología de las multitudes o de las masas, es la decepción, que es en mucho lo que está pasando con la sociedad mexicana en este momento.

Pero antes de explicar lo que es la decepción masiva, por principio debemos de dejar claro que la reacción de la sociedad mexicana  a lo que esta sucediendo en el país, no obedece a que sea “conservadora” o “liberal” --esos son mecanismo de defensa y estigmas creados al calor del poder--, sino a que en México ya existe de tiempo atrás, una sociedad pensante—de todas las edades y condiciones sociales y económicas--, no tonta, que sabe distinguir lo que ve mal y sobre todo que sabe reconocer que si bien eligió en consciencia hace 21 meses de que México necesitaba un cambio serio y corrió el riesgo, hoy ve las consecuencias. México tuvo un cambio pero no fue hacia adelante, sino de reversa y a costa del sufrimiento de los ciudadanos de esta nación.

Por eso, muchas de esas personas hoy se sienten defraudadas, burladas en su persona, y ello incluye a individuos de todos los partidos- que ya están empezando a organizarse. El mejor ejemplo,  la primera manifestación online de este domingo 12 de Abril. ¿Quién la encabeza, quién la dirige? nadie simplemente entendamos las reacciones de las multitudes cuando acumulan motivos reales y desencadena la decepción masiva y por consecuencia la tendencia a reacciones organizadas. 

Pero regresando al concepto de la decepción masiva, ésta se define como el sentimiento de frustración de una persona, grupo o comunidad,  derivado de la negación o no concreción de lo proyectado, es decir, el dolor o pesar causado por un engaño o por haber creado falsas expectativas hacia un hecho, un proyecto o una persona. Y esta definición puede ser aplicativa a diversos contextos.

Pero en el caso de la decepción por motivos políticos,  tiene diferentes causas y efectos. Entre las causas están:

Derivadas de las altas expectativas que se generan hacia un proyecto económico o condición social o política que se esperaba favorable o exitosa y no se logra.

Hacerse ilusiones en una persona que resulta,  no ser, lo que aparentó en su momento.

Ser traicionado por quien prometió lo máximo y al confrontar lo dicho con los resultados de su acción, estos están por debajo de las expectativas;  y,  lo que es peor, son contraproducentes hacia quienes en el momento otorgaron la confianza.

Entre los efectos de la decepción –en lo individual y colectivo-, que puede derivar en conflictos emocionales, se pueden mencionar los siguientes: Frustración, que puede caer en decepción e incluso depresión. Empecinamiento (racionalización), cuando cuesta trabajo aceptar el error y se busca justificar lo injustificable. Coraje, que puede convertirse en algún momento, si no se controla, en agresión. Desconfianza, que se manifiesta en la falta de seguridad para saber elegir en un futuro algo mejor. Impotencia,  que hace sentir que ya no se puede hacer nada por corregir el error y se canaliza en mala actitud, revanchismo o autodestrucción.

En principio se debe partir de lo siguiente, la decepción, es el inicio de una posible solución a una situación en particular.  La decepción para que no cause daños a terceros o así mismo, puede canalizarse positivamente, pero hay que decidirse a entrar en el proceso de restablecimiento del equilibrio, a través de las siguientes fases:

Primera fase. Aceptar el error. No puede ser de otra manera. Es como cuando te deshaces de una relación tóxica y no reconoces que tú también fuiste parte de que ésta se mantuviera así.  Por eso hay que partir de aceptar el error. Es decir, por una parte, los que ungieron con su voto al actual gobierno federal deben aceptar que lo hicieron por hastío y como una forma de revanchismo contra los partidos que abusaron en el poder. Pero por otra parte, también aceptar que no fue la mejor alternativa y se debe reconocer esa parte del error. Porque de no hacerlo, se cae en el empecinamiento o racionalización y es seguir haciéndose daño.

Segunda fase. Autoconsciencia. Asumir que fue importante probar el valor de la decisión política, pero que en adelante se debe analizar las alternativas y decidir en base a razonamientos serios, la mejor opción (independientemente del partido en que se milite).

Tercera fase. La reestructuración emocional, que es auto valorarse, auto orientarse en el tema, identificar qué deja esta experiencia en positivo y qué medidas se deben adoptar en adelante para no cometer el mismo error. Es decir, asumir que eres inteligente y analizar bien las futuras decisiones, porque la experiencia hoy vivida, nos dice que un error en la directriz de un país afecta no solo a las generaciones presentes sino las futuras. Por lo tanto, habrá que prepararse más en los asuntos públicos y ver en las figuras públicas en adelante, quiénes pueden ser factibles a ser tomados en cuenta por sus perfiles honorables, experimentados y preparados para lograr la solución de los problemas que como país o estado afectan.

Luego entonces, hoy me entusiasma mucho que nuestra sociedad mexicana, que repito es sabia, esté entrando en ese proceso de restablecimiento en la búsqueda del equilibrio social interno y externo. Ya se ha iniciado en lo individual, en lo grupal, y ahora continuará lo masivo.  Porque hasta donde se percibe la actuación del Presidente no va a cambiar, luego entonces, ni para que se diga que es publicidad dolosa en su contra, porque no se han necesitado memes, ni  bots, ni trolls, u otros trucos de manipulación en internet, para que la gente logre “el darse cuenta”, y pueda internalizar la verdad (insight). Si algo molesta a una sociedad pensante es ser tratados como torpes, porque eso ofende la inteligencia de los ciudadanos y provoca más irritación y por ende rechazo.

Y el asunto es que esto se va ir generalizando, cada vez más. Como la bola de nieve.  Y esa misma reacción de millones de mexicanos demuestra que se está superando el proceso de la decepción masiva,  para pasar al siguiente nivel, la autoconsciencia en la búsqueda del restablecimiento del equilibrio personal, social y masivo. Hoy en cada mexicano hay un líder, que no necesita Mesías, que ya sabe cómo eliminar el error: con la misma arma con la que ungió en el poder a alguien que no lo merecía.

Gracias y hasta la próxima.


[2] Secretaria de Trabajo, Gobierno de México. 8 de Abril de 2020.

[3] Moscovici, Serge. 2005. La era de las multitudes. Un tratado histórico de psicología de las masas, Fondo de Cultura Económica, México, D. F.

[4] Pisani, Francis y Dominique Piotet. 2009. La alquimia de las multitudes. Cömo la web está cambiando el mundo, Paidós, Barcelona.   

 

 

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