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Xalapa, Ver.- Año XI No. 564    

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Alfredo Poblete Dolores

La guerra: el virus y los virulentos

6 de junio de 2020

La pandemia trajo a la humanidad muerte, sufrimiento y angustia. Aparejado a lo anterior se perciben quebrantos económicos y fracturas financieras en varias instituciones. Los gobiernos, empresas e industrias al igual que las familias han sufrido mermas, algunas de ellas, han sucumbido ante la propagación del virus. Con el aislamiento forzado de las personas, y el nulo crecimiento económico, muchos sueños y proyectos se están derrumbando y se percibe un ánimo de frustración y desesperación entre un amplio sector de la población.

En algunos países del mundo los contagios se multiplican y el número de muertos aumentan de manera exponencial. Dejemos en claro que el término exponencial está relacionado con el crecimiento y es usado cuando se aprecia que un evento, generalmente repetitivo, evoluciona a un ritmo cada vez más rápido. El país más “civilizado” y con una “solida” economía es quien, en este momento, sufre los peores embates del virus. En el terruño de las barras y estrellas se puede notar que los contagios y el número de muertos están creciendo a pasos agigantados. Lo mismo sucedió —de febrero a principios de mayo— en países europeos de “primer mundo”. En México, a partir de la fase dos, el tanto de los contagios y las muertes ha tenido un crecimiento aritmético de entre +6% a +10% diariamente.

La percepción que provoca el crecimiento exponencial y el aritmético es diferente. En el primer caso la progresión de contagios y muertes se percibe fuera de control y la propagación del bicho es desordenada; en el segundo lance —donde México se inserta— los esfuerzos preventivos y acciones oportunas —por mitigar los efectos del virus— rinden frutos no tan amargos ni tan desastrosos.

El dinero y otros recursos no son suficientes para enfrentar al virus. Además de lo anterior, se requiere sabiduría, conocimientos, sensatez y una pizca de inteligencia para encarar la pandemia. Esas particularidades anímicas e intelectuales no se pueden comprar, se cultivan y desarrollan a través del tiempo. Trump, Bolsonaro o Boris Johnson son rústicos, burdos y de comportamientos primitivos o aberrantes. Los resultados obtenidos ante la pandemia en EEUU, Brasil y Reino Unido están a la vista y no me dejan mentir.   

Es conveniente subrayar varias lecciones que nos está dejando la pandemia y que son dignas de mencionar. Por ejemplo, que con pocos recursos pero con mucho ingenio se logró tener disponibles los espacios hospitalarios para atender a los enfermos graves sin que se rebasen la infraestructura en el ámbito de la salubridad. Otro triunfo del talento es que con pocos profesionales de la salud se combate al virus y esa lucha rinde frutos satisfactorios. Lo anterior a pesar de los esfuerzos privatizadores de los sistemas de salud y educativos de los últimos gobernantes mexicanos. Incorporar las capacidades y recursos del ejército y la marina a la lucha contra el virus obtiene dividendos. Establecer alianzas y alcanzar la cooperación con instituciones de salud privada  para ampliar la cobertura de camas COVID es encomiable y digno de reconocerles a los empresarios de la salud; etcétera

Lo anterior es gracias —en gran medida— a la confianza de algunos miembros de la iniciativa privada, la sociedad y el pueblo mexicano en el presidente y sobre todo a la destacadísima labor profesional de las enfermeras y médicos que están luchando contra el virus y a los especialistas y científicos que rodean al presidente y dictan las políticas de salud pública.

Los virulentos atacan al doctor López-Gatell sin argumentos. Reitero, no son críticas, son ataques. Las embestidas son inocuas, torpes o malsanas. En el mes de febrero, cuando en algunos países europeos la pandemia los “sorprendió” y la mortandad crecía exponencialmente los gobiernos de esas naciones decidieron ordenar el confinamiento de la población en sus hogares; en ese mismo mes, los politicastros del PAN y los canallas periodistas de “renombre”  exigían al presidente de la república que ordenara el confinamientos de los connacionales. El doctor López-Gatell les explicó con peras y manzanas que esa exigencia no procedía por ser inoportuna y a destiempo. Que la población agotaría su paciencia si la pretensión de los chapuceros se pusiera en práctica. En ese tiempo el reconocido epidemiólogo dijo —basado en su conocimiento sobre el tema y apoyado en los modelos matemáticos— que el confinamiento iniciaría a fines del mes de marzo. Se aplicó la medida, por previsión, una semana antes, el 23 de marzo. Hubo otras torpes arremetidas disfrazadas de inconformidad con la decisión de encerrarse en casa. Otros ataques plagados de imbecilidad hablan, en la actualidad, que el Doctor López-Gatell miente con sus cifras; que le oculta la verdad y manipula al presidente;  al mismo tiempo arguyen —en sentido contrario—que el galeno es sumiso ante el mandatario federal, etcétera.

Un chapucero o corrupto cree que todos son chapuceros o corruptos; en sus pensamientos no tiene cabida la idea que existan profesionales con ética o que actúen con honestidad. Un profesional de la política —como es el presidente— puede distinguir con relativa facilidad entre un charlatán y un experto o a un embaucador de un perito. Es muy difícil que, durante mucho tiempo, puedan engañar al tabasqueño. El epidemiólogo lo único que ofreció con certeza y contundencia es que la curva de contagios sería “plana” y eso lo está cumpliendo. Atrás de la promesa está el ofrecimiento que el espacio hospitalario, las camas COVID y los respiradores artificiales serían suficientes; que el número y frecuencia de los contagios no rebasarían las capacidades del sistema de salud del país.

En medio de la tragedia humana nadie debe festejar los resultados obtenidos en el ámbito de la salud pública. Alardear que en el país tenemos —comparados con otros países— menos contagios o muertes es grotesco y repulsivo. No obstante lo anterior y para refutar a algunos periódicos —cuya línea editorial es contraria a la política presidencial— sólo me limitaré a mencionar el número de muertes por COVID 19. Pondré a su consideración las cifras que publicó hace dos días la universidad Johns Hopkins de Massachusetts: en Reino Unido son 59 muertes por cada 100, 000 habitantes; en España se registraron 58 muertes; en Italia fueron 55; 44 en Francia y 10 en Alemania.  Remitiéndonos a nuestro continente las cifras son: EEUU registra 33 defunciones por cada cien mil habitantes; Canadá 20 y Brasil contabiliza 15. En México, por cada cien mil habitantes, tenemos 9 muertes provocadas por el virus

¿Están erradas las cifras de la universidad Johns Hopkins? ¿Son erróneas las políticas de salud pública del país? ¿Están equivocados López Obrador y López-Gatell? ¿Tienen razón los virulentos? Saque usted sus conclusiones. Por cierto, el doctorado en epidemiología del doctor Hugo López-Gatell fue obtenido en la universidad norteamericana mencionada líneas atrás.  

alfredopoblete@hotmail.com

 

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