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Xalapa, Ver.- Año XI No. 582    

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Alfredo Poblete Dolores

La guerra: Fratelli tutti vs el individualismo

10 de octubre de 2020

La encíclica Lumen fidei (La luz de la fe) fue firmada el 29 de junio de 2013 y pudiera ser considerada como la primer carta episcopal que el Papa Francisco elaboró. Lo cierto es que ese primer comunicado fue procesado con los sustentos escritos por el Papa Benedicto XVl antes de dimitir al cargo. El antecesor del actual Papa escribió tres encíclicas: Deus caritas est (Dios es amor), sobre el amor y la caridad eclesiástica; Spe salvi (Salvados en la esperanza), sobre la esperanza cristiana; y Caritas in veritate (Caridad en la verdad). Joseph Ratzinger no tuvo tiempo para concluir su comunicado sobre la Fe —para completar las dedicadas a las virtudes teologales— que Francisco finiquitó.

Las cuatro encíclicas —incluyendo la primera de Francisco— están dirigidas principalmente a la feligresía católica. Los historiadores del cristianismo dicen que las virtudes teologales fueron resumidas por San Pablo en una carta a los corintios: “En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y la caridad.” La práctica de las virtudes teologales es lo que —de acuerdo a la doctrina católica— les permite a las personas actuar como hijos de Dios.

El 30 de agosto de 2015 escribí una serie de notas rotuladas, “Me gusta Francisco” ahí publiqué lo siguiente: “Francisco de Asís dijo: ´Yo para vivir necesito pocas cosas y lo poco que las necesito las necesito poco.´ En esas palabras podemos descubrir que el santo varón ponderaba todo a partir del tamaño humano. El hombre y la dimensión humana de los satisfactores que se requieren para cubrir esas necesidades. Para hacer más contundente el mensaje y valorar su trascendencia pongámoslo en sentido opuesto: ´Yo para vivir necesito muchas cosas y lo mucho que las necesito las necesito mucho.´ En éste caso el énfasis está colocado en el descomunal peso que se le otorga a los satisfactores y comodidades. La orientación de la vida se ubica en la consecución y acumulación de dinero y bienes materiales. En la frase franciscana la medida es el hombre a semejanza de Dios; en el otro caso, el dinero como una nueva deidad. (…) Por una parte, la moderación, austeridad o sobriedad y, por la otra, el irrefrenable apetito por cuestiones materiales.”

El arzobispo Jorge Mario Bergoglio una vez elegido Papa escogió como nombre pontifical: Francisco, en honor al santo de Asís. En él se inspira para dictar sus políticas y acciones papales. En sus primeras declaraciones públicas dijo que quería: una iglesia pobre —sin lujos ni suntuosidades— para los pobres.

El 25 de octubre de 2015 escribí lo siguiente: “La primera encíclica elaborada por Francisco lleva por título Laudato si´ (Alabado seas) en clara referencia al ´Cántico de las criaturas´ de Francisco de Asís. En ese mensaje el Papa recalca el amor por la obra de Dios; la creación de la naturaleza y todas sus criaturas incluyendo al hombre y la mujer. Ese primer comunicado papal demuestra su preocupación por el deterioro del hábitat y el desequilibrio ecológico que provocamos con un sinfín de acciones. Hace un llamado para detener el acelerado trastorno climático que pone en riesgo la supervivencia de las especies que moran el globo terráqueo.

(…) En diciembre de 2015 asistirán a la ´Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático´ y firmarán los acuerdos tomados en ese pacto, los grupos de cristianos —en sus diferentes modalidades— los católicos con el Laudato si´, la iglesia luterana; la religión hindú y la comunidad budista con su ´Declaración budista sobre cambio climático´; el judaísmo con la ´Carta rabínica sobre la crisis climática´ y otras manifestaciones de culto. Simbólicamente el 84% de la población mundial que profesa un culto presionarán a los dirigentes mundiales del ámbito industrial, empresarial y político —que representan el 1% de la población mundial— para acordar una senda hacia un futuro exento de contaminantes.”   

El 4 de octubre pasado (día de San Francisco de Asís) el Papa firmó otra encíclica en el pueblo italiano de Asís. La carta episcopal lleva por título: Fratelli tutti (Todos hermanos) y en ella aborda aspectos sociales —al igual que Laudato si´— que no se circunscriben al ámbito católico. Las dos misivas son, por el contrario, abarcadoras e incluyentes. En esta carta reclama a los poderosos del mundo para que cambien el rumbo de sus acciones y la forma de producir bienes y servicios. El papa Francisco formuló una severa crítica al neoliberalismo. Señaló que el mercado es un dogma neoliberal que no resuelve todo por sí mismo y que el proponerlo como solución universal representa un pensamiento pobre y repetitivo, que expone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente y agrega: “La especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos", advierte que “el virus del individualismo radical es el más difícil de derrotar.”

José Antonio Rosas Amor —asesor de la escuela social del consejo episcopal latinoamericano— dice “a pesar de que está dirigido a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, uno de los destinatarios principales de esta encíclica son los dirigentes políticos, a quienes una vez más convoca a rehabilitar la política. Es a los políticos a quienes hace un llamado abrumador (…) a transformar una cultura del enfrentamiento por una cultura de encuentro, a recuperar la pasión compartida por la comunidad, a pasar de los otros, al nosotros, a buscar juntos la verdad en el diálogo (…) a preocuparse de la fragilidad de los pueblos y las personas.” A no subordinar la política a la economía ni que los políticos estén supeditados a los pensamientos y fórmulas de los economistas neoliberales.

El Papa Francisco propone superar el individualismo tan característico de nuestra sociedad y sello distintivo de la etapa neoliberal. Lo que el Vicario de Cristo expone en Fratelli tutti es la imperiosa necesidad de erigir un mundo distinto al que “construyó” el neoliberalismo con sus apreciaciones empresariales: la concentración de los capitales con la inherente proliferación del hambre y la miseria; la rentabilidad del dinero privado con menoscabos del desarrollo humano; la competitividad y el egoísmo con el consecuente deterioro de la armonía social; la productividad por encima del bienestar. En suma, el neoliberalismo se tradujo —en el mundo—en enormes injusticias, grandes desigualdades, violencia delictiva y guerras absurdas.

Lo que el Papa Francisco señala en la encíclica retrata la realidad mexicana. Afortunadamente —con el presidente López Obrador— la economía del país se quitó el yugo de los designios neoliberales y, ahora, aboga por combatir la pobreza material y espiritual de los connacionales; defiende la vida comunitaria y pugna para que los mexicanos nos alejemos del individualismo tan dañino para los proyectos de justicia social y la sana convivencia. Tanto el Papa como el presidente son incomprendidos y atacados por sus planteamientos humanísticos. Muchas de las agresiones provienen de aquellos que se autodenominan católicos, van a misa, oran y se dan golpes de pecho; aunque en el fondo no comulgan con los postulados teológicos ni éticos de Cristo ni con su representante en la tierra. Esos remedos de cristianos —muy distantes de ser hombres de buena voluntad— son adoradores del dinero y del calamitoso neoliberalismo. Los “individualistas radicales” parecen espetarnos: ¡a la chingada con su amor al prójimo!

 alfredopoblete@hotmail.com

 

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