Opinión

Xalapa, Ver.- Año XI No. 585    

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Alfredo Poblete Dolores

La guerra: convicciones contra conveniencias

01/11/2020

Utilizaré dos oficios que me servirán de ejemplos para elaborar esta nota: la política y el periodismo. Ambas deben ser desempeñadas con sabiduría, pasión y entrega. El político y el periodista deben poseer un sólido filón de humanismo y de identificación con causas justas; la cultura y la historia deben ser partes importantes de su bagaje intelectual. En una y otra la comunicación y la relación humana —directa e indirecta— son fundamentales. Otros atuendos deben adornar ambas profesiones; el más importante de esos atavíos es la ética.

Tengo 18 años de escribir y publicar mis notas, en ellas, he tenido como foco de atención —entre otros temas— la injusticia; la diada corrupción-impunidad; los saqueos, abusos y traición a la patria cometidos por políticos de los últimos tiempos. Hago la aclaración que no soy un profesional del periodismo. Lo digo por lo siguiente: no cursé ninguna materia académica relacionada con la “ciencia de la comunicación” que por cierto no tiene nada de ciencia y sí mucho de labor ideológica; no pertenezco ni he pertenecido a ningún club o asociación de periodistas; en éstos años, nunca nadie de ningún medio me ha pagado un solo peso por ninguna de mis notas; en otras palabras no vivo —afortunadamente— de lo que escribo, más bien lo que escribo me da motivos para seguir viviendo y, como aprendiz del oficio, me brinda, entre otras tantas cosas, enseñanzas, satisfacción y orgullo.

En el pasado miembros del PRI y PAN se acercaron a mi persona para pedirme que  escribiera a favor de algunos personajes de esos institutos políticos; les agradecí la invitación y no acepte. Nunca hablamos de condiciones salariales Sabía que, si aceptaba el ofrecimiento, mis notas se teñirían de algunas o muchas falsedades y, mi vida anímica —en gran medida— se degradaría. No escribo por dinero o encargo ni tengo un “jefe” que me oriente o supervise.

En mis escritos puede haber errores de interpretación o falsas percepciones de lo que sucede en el entorno; lo que no van a encontrar en mis notas es mala fe hacia algún personaje de la vida pública o la clara intencionalidad de tergiversar declaraciones o escribir mentiras y patrañas. No escribo para ensalzar o adular a nadie, tampoco lo hago para calumniar o difamar a ningún adversario ideológico. Subrayo: podrán encontrar equivocaciones en mis artículos; falsear, engañar o escribir de mala fe, para dañar la reputación de alguien nunca.

Sócrates dijo: “conócete a ti mismo” y Confucio señaló: “como mejor se conoce el mundo es sin salir de casa”. La consigna de ambas máximas es: viajar al interior del alma y explorar —en la medida de lo posible— todos los recovecos del espíritu humano. De esa manera se puede conocer la belleza y generosidad que anida en el hombre, al igual que las razones del egoísmo y mezquindad del semejante. Ambos rasgos —lo abominable y lo admirable— están, sin excepción, dentro de todos los individuos. Quienes emprenden la aventura de conocerse a sí mismos y de reflexionar acerca de las acciones emprendidas —al concluir el episodio deliberativo— emergen siendo mejores seres humanos.

Los políticos y periodistas deberían recorrer todas las sinuosidades de sus almas para que al desempeñar sus profesiones lo hagan con mayor generosidad y sabiduría. A los practicantes de ambos oficios nos hace falta —para un mejor desempeño— acercarnos al humanismo y alejarnos de la mezquindad, el engaño y el fraude.

Siempre han existido políticos y periodistas chapuceros, falsarios y contrahechos. También han florecido profesionales —de ambas ramas— con virtudes y rasgos de humanismo, talento propio del oficio y en muchos casos son ejemplares y respetables. Leo a los buenos y muy buenos; lo mismo hago con los falsos y mendaces. En esos importantes quehaceres siempre han sido más los impresentables, tramposos y embusteros. La balanza a favor de los indecentes y deshonestos se hizo más patente cuando un tipo de empresarios “descubrió” que el engaño, la manipulación y el control de la sociedad son —entre otras cosas— un lucrativo negocio. Compraron conciencias, voz y plumas de muchos “periodistas” e “intelectuales”, los incorporaron a sus medios de comunicación, les formaron una aureola de infalibles y les dieron manga ancha para que propagaran sus mentiras y calumnias. Esos “formadores de opinión” por consigna, ensalzaban —y lo siguen haciendo— a políticos fraudulentos y saqueadores del erario público y, hasta la fecha, reciben órdenes para atacar a quienes se oponen a los planes —propios y de sus patrones— o a quienes limitan sus privilegios y prebendas. Esos mismos empresarios financiaron campañas político-electorales, diseñaron “imágenes públicas” borrando chabacanerías, ineptitudes y comportamientos malsanos; al mismo tiempo crearon —en esos mismos personajes— virtudes y competencias inexistentes. Sin lugar a dudas, esos hombres de negocios, seguirán intentando mantener bajo su férula a periodistas y políticos para que manipulen y controlen a la sociedad y al pueblo. Es imperativo que la política y el periodismo se distancien del empresariado mediático. Lo deben hacer para que puedan recobrar la dignidad y respetabilidad como profesionales. 

He señalado en mis escritos la alta corrupción en PEMEX. Realicé la crónica de las 21 mesas de debates sobre la reforma energética impulsada por Felipe Calderón. Me identifiqué y apoyé en mis escritos la posición del Frente Amplio Progresista (FAP) que argumentaban en contra de la posición entreguista del recurso público al extranjero; lo mismo hice cuando Peña Nieto cambió la constitución para cometer finalmente la felonía. Algunos artículos los redacté para señalar la corrupción en las policías, en otras notas resalté el contubernio entre la encumbrada clase política, funcionarios de alto nivel y el crimen organizado; señalé la injusticia en varios campos de la vida nacional; los abusos y privilegios de unos cuantos en demerito de la inmensa mayoría de connacionales; también escribí sobre el fraude electoral del 2006; etcétera.

Desde el 2018 he publicado algunas notas acerca de la guerra que los corruptos, saqueadores y vivales han emprendido en contra del presidente, su gobierno y la 4T. López Obrador no es perfecto ni certero en todos sus planteamientos pero comparto con él muchas formas de percibir e interpretar la vida nacional y de las medidas que toma para salir del atolladero en que nos encontramos. Coyunturalmente escribo a su favor aunque, en el fondo, suscribo mis notas en un tenor más amplio y lo hago —reitero— en contra de la corrupción-impunidad, el fraude, el saqueo y la traición.

Ninguna de mis notas las he elaborado por conveniencia personal, para sacar provecho monetario o por ventajas y cálculo político. Tampoco soy —ni he sido— fanático de ningún partido; no pertenezco ni defiendo a ninguna secta o tribu partidista. En el entramado de mis artículos se asientan mis principios, valores y convicciones forjados desde mi juventud. Esto último es lo que enarbolo en la vida y defiendo en mis escritos.

alfredopoblete@hotmail.com

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