Alianza
por la simulación
José Gil Olmos
La impugnada
Alianza por la Calidad de la Educación, el insólito
acuerdo con Televisa para organizar un torneo
escolar de futbol, las movilizaciones de los
maestros en varios estados y la represión, así como
su estrecha relación con Felipe Calderón, colocan de
nuevo a Elba Esther Gordillo en el corazón de las
pugnas políticas, en camino a las elecciones del año
próximo. Eso y el cobro de facturas obliga a la
Secretaría de Educación Pública a firmar la
mencionada alianza con quien, en dos décadas de
cacicazgo, ha sido la responsable fundamental del
desastre educativo.
El éxito de Elba
Esther Gordillo como socia política de Felipe
Calderón es directamente proporcional al desastre de
la educación pública nacional.
Protagonista de
pactos con los presidentes, conjuras con
gobernadores, dirigentes sindicales y funcionarios
públicos, y traiciones a todos ellos cuando
aparecieron otros prospectos con mayores cuotas de
poder, la dirigente llegó a la cima de su poder y de
su riqueza mediante alianzas abiertas durante las
presidencias de los panistas Vicente Fox y Felipe
Calderón.
Ella misma admite
que su ascenso a la dirigencia del poderoso
sindicato de millón y medio de afiliados fue fruto
de “una razón de Estado, conocía al magisterio y a
la disidencia, y el país atravesaba por una grave
crisis política” (Proceso 1347).
Las mismas razones
de Estado argumentó durante el sexenio de Vicente
Fox para justificar que, como secretaria general del
PRI, fuera la principal interlocutora del gobierno
ante los legisladores priistas, por encima del
presidente de ese partido, Roberto Madrazo.
Y no sólo eran sus
regalos, como las computadoras lap top que les
obsequió a todos los diputados que coordinaba. Su
operación ambivalente fue eficaz: por un lado les
procuró impunidad a los senadores priistas Ricardo
Aldana y Carlos Romero Deschamps por el Pemexgate y
por el otro le allanó el camino a Fox y a Marta
Sahagún para que ésta proyectara su imagen con el
programa Escuela para Padres, con la colaboración de
Televisa.
En septiembre de
2005, cuando renunció a la secretaría general del
PRI, ya había asimilado el arte de ejercer presión
corporativa, de utilizar el presupuesto para sus
fines personales y, sobre todo, la magia de las
alianzas de conveniencia. Meses antes, el Instituto
Federal Electoral le había dado el registro al
Partido Nueva Alianza, creado con estructura y
fondos del SNTE.
Desde entonces la
palabra “alianza” se ha convertido en el talismán de
la segunda etapa de su carrera, la de operadora
electoral decisiva en una democracia todavía plagada
de lagunas jurídicas y en la que prevalecen los
intereses del poder “real”, como la propia Gordillo
se refiere a los poderes informales. Esa palabra
aparece también en el acuerdo que originó la actual
revuelta magisterial: la Alianza por la Calidad de
la Educación.
Recientemente Luis Carlos Ugalde, exconsejero
presidente del IFE, admitió en su libro Así lo viví.
Testimonio de la elección presidencial de 2006, que
la lideresa lo presionó para influir en sus
decisiones (Proceso 1667). En esas elecciones
federales, Nueva Alianza obtuvo alrededor de 2
millones 500 mil votos, lo que implicó nueve
diputaciones federales y una senaduría.
Y aunque
paulatinamente se revelaron episodios de su
operación política a favor del PAN, la lideresa cayó
del lado conveniente una vez más. Felipe Calderón
comenzó a darle puestos en su administración a la
gente de Gordillo (incluido su yerno, subsecretario
de Educación Básica), que aunados a los gobernadores
priistas cercanos a ella le otorgaron una red de
impunidad y le dieron una posición de fuerza para
seguir acordando con el gobierno federal.
El 7 de julio de
2007, en un acto que desconcertó hasta a sus
incondicionales, se hizo nombrar presidenta
vitalicia del SNTE durante el 23 Consejo Político
Nacional Extraordinario. Los delegados,
estupefactos, se enteraron de que tal decisión fue
aprobada “por unanimidad”.
Desde entonces
todo ha sido ascenso para Elba Esther Gordillo.
Incluso se le atribuye el desplazamiento de Josefina
Vázquez Mota -otrora principal operadora política de
Calderón- a un segundo plano después de disputarse
con Gordillo los espacios de poder en el sector
educativo, en jaloneos que ocuparon las primeras
planas de la prensa durante los inicios del sexenio.
Ahora el binomio
Calderón-Gordillo es parte innegable de cualquier
análisis sobre la política nacional. Nunca tuvo
Gordillo tanta cercanía con la Presidencia de la
República, ni siquiera en el período de Vicente Fox,
a quien proclamaba su amigo desde antes de que fuera
candidato presidencial y por quien en 2002 declaró a
este semanario que estaba comprometida con “la
transición democrática” (Proceso 1347).
Sin embargo, la
buena relación con Calderón también viene de antes.
En esa misma edición, Gordillo reconoció: “Con
Zedillo se vino una situación complicada… cuando
firmé el Acuerdo Nacional para la Modernización
Educativa. No se cumplió, alcé mi voz en el Senado…
¿Y qué sucedió? Nada, mis compañeros guardaron
silencio y fue un panista, Felipe Calderón, quien me
dio la mano”.
Ahora Calderón le
ha dado la mano a Gordillo en diversos actos
públicos, igual que al gobernador de Puebla, Mario
Marín, y que al dirigente petrolero Carlos Romero
Deschamps. Lo relevante es que ahora los proyectos
más importantes del presidente dependen en buena
medida de que los acuerde con la presidenta del
SNTE.
No de balde los
dirigentes del magisterio disidente califican la
Alianza para la Calidad de la Educación como una
maniobra de Felipe Calderón y de Gordillo con miras
a la elección intermedia de 2009, dado que se
entregarían plazas de trabajo a cambio del voto
(Proceso 1667).
Es difícil no
relacionar esta advertencia con el más reciente
escándalo de la lideresa: el regalo de 59 camionetas
Hummer a los dirigentes seccionales del SNTE
(Reforma, 12 de octubre) en plena efervescencia del
conflicto magisterial y tras una serie de
manifestaciones multitudinarias y batallas campales
de profesores con policías en varios estados y en la
Ciudad de México.
Gordillo argumentó
entonces que esos vehículos -que se cotizan en más
de 400 mil pesos cada uno- serían rifados a fin de
obtener dinero para las escuelas más necesitadas.
Además, el jueves
16, en medio del escándalo, el Comité Ejecutivo
Nacional del SNTE, encabezado por Rafael Ochoa,
emplazó a la titular de la SEP, Josefina Vázquez
Mota, a cumplir los acuerdos que contiene la ACE,
entre ellos la difusión de sus contenidos. Advirtió
que de no haber una respuesta a más tardar el 15 de
diciembre, podrían “iniciar acciones que nos
conduzcan a las soluciones que exigimos y
consideramos justas”.
La diputada y
vocera del SNTE, Silvia Luna, que defendió la
entrega de las Hummer alegando que son para una
rifa, enumeró las demandas que no ha resuelto la
SEP: rehabilitar 10 mil planteles este año, elegir
14 mil para equiparlos con computadoras; reformular
el Programa de Carrera Magisterial; crear el Sistema
Nacional de Evaluación de la Educación Básica;
basificar a 25 mil maestros e intervenir en las
negociaciones salariales en Baja California Sur,
Guerrero, Michoacán, Morelos, Sinaloa, Tlaxcala y la
región de La Laguna.
Sin embargo, las
escuelas y todo el sistema educativo mexicano
requieren más que rifas para mejorar, si se toman en
cuenta las estadísticas con que diversos organismos
internacionales han elaborado el diagnóstico del
sistema educativo del país. Cifras que no obtuvieron
de los detractores de Gordillo ni de Calderón, sino
del propio gobierno federal.
La
magnitud del desastre
Los resultados del
reinado de casi 20 años de Elba Esther Gordillo en
el sector educativo, que no sólo es estratégico sino
que es determinante para definir el modelo de
Estado, no se limitan a su incesante búsqueda del
dinero y del poder mediante sus juegos de alianzas y
traiciones.
La influencia de
esta hábil política y los resultados de su política
de alianzas con los presidentes de la República, a
partir de Carlos Salinas de Gortari, pueden medirse
en números.
De acuerdo con el
estudio Education at a glance 2007 (La educación de
un vistazo) realizado por la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en
2007, México ocupa el sexto lugar entre los 30
países que la integran por el monto de la inversión
pública que le dedica a la educación. En este rubro
sólo es superado por Islandia, Estados Unidos,
Corea, Dinamarca, Nueva Zelanda y Suecia.
Pero ese esfuerzo
no se refleja en la calidad integral de la
educación: con un promedio de 8.8 de escolaridad, la
población mexicana está en el lugar 29 entre sus
“socios” ricos.
El millonario
presupuesto tampoco incide en el salario de los
profesores. Según el estudio, mientras en
Luxemburgo, Suiza y Corea el salario anual de un
maestro de primaria es de 48 mil 983 dólares y de
secundaria o equivalente es de 51 mil 879, en México
es de 27 mil 824 y 35 mil 286 dólares,
respectivamente.
Investigaciones
como la mencionada, además de otras realizadas por
la propia OCDE, el Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD) y la Fundación para la
Implementación, Diseño, Evaluación y Análisis de
Políticas Públicas (IDEA), fueron retomadas por la
Auditoría Superior de la Federación (ASF) para
elaborar el Perfil de México a través de Indicadores
Clave.
Uno de éstos es el
Índice de Desarrollo Humano (IDH), establecido por
el PNUD y que incluye mediciones como la esperanza
de vida al nacer, tasa de alfabetización de adultos
y tasa bruta combinada de matriculación en enseñanza
primaria, secundaria y nivel medio superior, así
como el PIB per cápita. En 2005, entre 175 países,
México se colocó en el lugar 52, lo que no parece
tan bajo. Sin embargo, tan sólo en América Latina,
el IDH de México es inferior al de Cuba, Costa Rica,
Uruguay y Argentina. Y, sobre todo, queda muy lejos
de los otros países de la OCDE, los más
desarrollados del mundo.
Los estudios de la
OCDE realizados en 2003 y 2005 señalan que los
alumnos de educación básica en México padecen un
alto déficit en el uso de tecnología, así como la
saturación de las aulas: en preprimaria había 15.3
alumnos por docente, 16.7 en primaria y 13.4 en
secundaria. Otro pésimo lugar en el ranking.
A su vez, en el
documento La educación básica en México:
clasificación estatal y recomendaciones, de 2006, la
Fundación IDEA señala que en México prevalece una
educación de mala calidad, caracterizada por baja
escolaridad, malos resultados en pruebas
estandarizadas de aprovechamiento académico y escaso
beneficio económico para los profesores y para las
personas que se dedican a sus carreras.
Con base en datos
recabados en 2005 por el Instituto Nacional para la
Evaluación de la Educación (INEE), el documento
establece que casi 2 de cada 10 estudiantes de
primaria no adquieren siquiera las competencias
básicas en matemáticas y lectura; más de 50% sólo
tienen los conocimientos mínimos de cada materia; y
únicamente 3 de cada 10 tienen un conocimiento
“adecuado” de nivel medio o avanzado.
En secundaria, la
situación es peor: casi un tercio de los alumnos no
tienen siquiera las capacidades básicas de lectura
correspondientes a su grado. En matemáticas, más de
la mitad carecen de esas habilidades.
Otra
característica nociva que se marca en el documento
de IDEA es la desigualdad en el sistema educativo
nacional, ya sea entre regiones, de las escuelas
públicas respecto de las privadas, entre población
indígena y no indígena, y también por género: las
mujeres asisten menos a las aulas que los hombres.
El estudio de IDEA
precisa que a nivel de educación básica el aspecto
determinante en la enseñanza es el hogar, no el
centro escolar. Por lo tanto, los niveles
socioeconómicos pesan en la desigualdad. Por
ejemplo, mientras que en las escuelas del Valle de
México (incluido el Distrito Federal) y de la
frontera norte los índices de escolaridad son
relativamente altos, en el sur prevalecen los
rezagos.
De igual forma, en
las zonas indígenas el 16.4% de los niños no asisten
a la escuela, en el 20% de los planteles no se
imparten los seis grados de primaria, y sólo el 28%
tiene profesores para distintos grados.
En cuanto a la
infraestructura disponible, el estudio de IDEA
indica que el 12% de los centros escolares tienen
“aulas habilitadas”, es decir, se trata de espacios
que no fueron construidos originalmente como salones
de clase sino que se improvisaron.
Únicamente el 9.6%
de las escuelas del país cuentan con suficiente
infraestructura, mobiliario y equipo básico; y menos
de la mitad de los directores manifiestan que los
centros escolares están en buenas o muy buenas
condiciones.
Las cifras son aún
peores en cuanto a la dotación de computadoras y el
uso de internet. Únicamente 5.2% de las primarias y
11.3% de las secundarias tenían conexión.
La Fundación IDEA
también señala en el mencionado estudio los factores
que pueden inhibir o estimular el aprendizaje. Entre
ellos, identifica el método pedagógico, la distancia
a la que viven los profesores y directores de las
escuelas, la inscripción de docentes y directivos en
el Programa de Carrera Magisterial, su formación
académica, las condiciones de los planteles
escolares, así como el uso de materiales
curriculares y didácticos.
Pero la Fundación
IDEA destaca otro factor clave: si los directores
han estado comisionados en el Sindicato Nacional de
Trabajadores de la Educación (SNTE).
Es decir, la
manipulación política de los profesores por parte de
la dirigente máxima del poderoso sindicato
corporativo, Elba Esther Gordillo, se refleja
directamente en las estadísticas que miden el
desempeño del Estado mexicano.
Modelo
fatal
Artemio Cruz,
dirigente de la sección 18 del SNTE, con sede en
Michoacán, sostiene que en casi 20 de años de estar
al frente del sindicato magisterial Gordillo “ha
seguido un modelo educativo que arranca con Miguel
de la Madrid y se consolida con Carlos Salinas de
Gortari, el cual se ubica dentro del modelo mundial
de producción”.
Las consecuencias,
sostiene, han sido catastróficas: por un lado, alta
deserción escolar, mayor marginación, la
desarticulación del sistema educativo y abandono de
la construcción, equipamiento y mantenimiento de las
escuelas; y por el otro, “el modelo de aprendizaje
tiene un rezago tremendo en los términos de
conocimiento, de integralidad, de ciencia y
tecnología, y en los términos de memoria histórica”.
Además, señala que
el inusitado poder político de Gordillo se le ha
otorgado desde la Presidencia de la República, en
distintos sexenios, a fin de que mantenga sometido
al sistema educativo, primero a los modelos
neoliberales, y después a los intereses electorales
de los gobernantes en turno, “sobre todo desde 2006
a la fecha”.
En la primera
etapa, Gordillo -quien fue impuesta como secretaria
general del SNTE en abril de 1989 por el gobierno de
Carlos Salinas de Gortari- firmó en 1992 el Acuerdo
Nacional para la Modernización de la Educación
Básica con el propio presidente Salinas, con el
secretario de Educación Pública Ernesto Zedillo y
con todos los gobernadores.
Resume Artemio
Cruz: “Ese modelo se aplicó con Zedillo ya como
presidente, se ajustó con Fox en 2002 bajo el nombre
de Pacto para la Calidad Educativa y hoy lo
ajustaron nuevamente con la ACE para cerrar el
círculo cancelando todos los derechos laborales de
los trabajadores de la educación y ajustando la
currícula. Por eso ya no hicieron reformas
constitucionales, sino sólo el acuerdo entre Elba
Esther y Felipe Calderón.”
-¿Por qué dice que
la ACE esta encaminada a la privatización educativa?
-Porque hoy el
modelo educativo ya no responde al modelo de
educación pública de Estado sino al mercado, a la
idea de que la escuela debe estar vinculada a las
empresas, y que la educación tiene que responder a
los grandes intereses de las empresas del país y del
mundo. Por eso en México se quiere preparar a los
alumnos para las grandes empresas para la mano de
obra que es muy barata pero esta calificada.
Precisa que
privatizar la educación no significa entonces que se
vayan a vender los servicios educativos ni los
edificios a la iniciativa privada, sino someter el
sistema educativo al interés del mercado y no al
interés de la nación.
Entrevistado
aparte, el legendario dirigente magisterial Othón
Salazar Ramírez considera que Gordillo gozará del
poder durante varios años, pues cuenta con los
recursos millonarios de las cuotas del SNTE, el
apoyo de Felipe Calderón e incluso de una
organización política: el Partido Nueva Alianza.
Nacido en la
montaña guerrerense y formado como maestro en la
escuela socialista durante la época del general
Lázaro Cárdenas, Othón Salazar se indigna ante el
cacicazgo de Gordillo. Pero lo que más le irrita a
este viejo luchador social es la Alianza por la
Calidad de la Educación que el SNTE firmó con el
gobierno de Felipe Calderón.
“Nunca, ni en los
peores momentos, conocí a una dirigente magisterial
sindical con un estado de conciencia tan vendido a
los intereses económicos y del gobierno”, sostiene.
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