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Xalapa, Ver.- Año XI No. 570    

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Alfredo Poblete Dolores

La guerra: traiciones, asonadas y golpes de estado (ll)

18 de julio de 2020

Usaremos como quinqués, dos documentos y una carta, para alumbrar y atisbar las entrañas del alma estadounidense. El primer escrito se firmó y publicó en el año de 1823. Su elaboración es autoría del presidente James Monroe. Ese comunicado es conocido como “La doctrina Monroe” y ahí se establece: “que cualquier intervención de los europeos en América será vista como un acto de agresión que requerirá la intervención de los Estados Unidos de América.” La síntesis del manuscrito se reduce a la legendaria y conocida frase: “América para los americanos.” ¡Claro… para los norteamericanos!

“El gran garrote” es una adición a la postura diplomática de Monroe y es utilizada sin ambages por los EEUU. La frase fue manifestada —por el entonces vicepresidente Theodore Roosevelt— y difundida a principios del siglo XX. La expresión original donde se basa el apéndice diplomático dice lo siguiente: "habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos." Esa decena de palabras no requiere explicación y nos muestra el espíritu e intencionalidad —de Roosevelt— para “negociar” a favor de los intereses de su país. Ambas consignas sirvieron como piedras fundacionales del imperio estadounidense. Durante el siglo pasado y, lo que llevamos de éste, la “Doctrina Monroe” y “El gran garrote” han campeado —con variados matices e intensidades— en los diferentes países de Latinoamérica.

Ambos legajos no son pergaminos empolvados o escritos olvidados en algún estante de biblioteca. No, son herramientas y armas utilizadas en las relaciones exteriores de EEUU. Atrás de la “Doctrina Monroe” se adivina la voluntad por expandirse territorialmente y ejercer control sobre otras naciones. Entre 1843 y 1845, siendo presidente Antonio López de Santa Anna, EEUU se apropió de la entonces llamada república de Texas que era parte del suelo nacional. Nuestros “vecinos” desataron su ambición y —por otras causas burdas— en 1846 nos invadieron y durante dos años ocuparon militarmente territorio mexicano. Después de una “negociación” con su “Alteza serenísima” se anexaron los territorios de lo que ahora son los estados de: Arizona, California, Colorado, Kansas, Nevada, Utha, Nuevo México, Oklahoma, y Wyoming. Entre paréntesis: cuando el presidente López Obrador —en su discurso de la Casa Blanca— le dice a Donald Trump que México tiene agravios que todavía no se olvidan se refiere, principalmente, a esos “pasajes” de la historia. Las otras ofensas e injurias —comparados con la anexión territorial— son vilezas o arguendes con relativa trascendencia.

EEUU se ha especializado en sacar ventajas sobre países divididos por intereses mezquinos; aprovecharse de traidores disfrazados de políticos y “negociar” con oligarcas ambiciosos o inescrupulosos. Colombia y Panamá fueron parte de una sola nación hasta principios del siglo pasado. Entre ellas surgieron diferencias y empezaron a dividirse. Los gringos exacerbaron esos desacuerdos. El resultado, Panamá se separó (3-11-1903) de Colombia y se convirtió en una nación “libre”. El gobierno estadounidense reconoció inmediatamente la “independencia” de los panameños. Doce días después de la separación se firman los acuerdos EEUU—Panamá para construir el canal. ¿Quién cree usted que fue el administrador y usufructuario —hasta el 31-12-1999— de esa zanja interoceánica?

Ahí donde existe riqueza en el subsuelo, posición estratégica del territorio o bondades a ras de piso. Ahí aparecen los gringos para aprovecharse, saquear y cometer villanías. Juan Jacobo Árbenz, presidente de Guatemala (1951-1954), fue derrocado por un golpe de estado; orquestado por el presidente de EEUU, David “Ike” Eisenhower; financiado por la United Fruit Company y ejecutado por la CIA. Árbenz fue acusado de comunista y de atentar contra los intereses de la frutera trasnacional y los oligopolios guatemaltecos. Esa compañía se dedicaba a sembrar y exportar plátanos. Controlaba la producción de diversas clases de bananos y lo hacía en grandes plantaciones situadas en Costa Rica, Honduras, Nicaragua, Panamá y, por supuesto, Guatemala. Aparte de controlar las cosechas, envío y venta de las platanáceas a EEUU y Europa; sometían o dominaban a los mandatarios de esos países. De ahí proviene aquel vetusto mote de “repúblicas bananeras.”

El cobre y otros minerales preciosos como el oro, la plata y el litio son ricos componentes del subsuelo chileno. En 1970 llegó a la presidencia de Chile Salvador Allende. Dentro del plan de gobierno —del médico socialista— destacaban tres programas políticos: poner bajo el control del estado las áreas más sensibles y esenciales de la economía andina; impulsar la reforma agraria tendiente a beneficiar al campesino y al pequeño propietario; el más sensible de los objetivos, de Allende, fue la nacionalización del cobre. Potentados chilenos coludidos con la CIA fomentaron disturbios y protestas callejeras. Allende, en medio de ese ambiente golpista, nombró (23/08/1973) al General Augusto Pinochet como comandante supremo de las fuerzas armadas. El golpe de estado era inminente. La CIA, el secretario de estado Henry Kissinger con la venia del presidente Richard Nixon ordenaron, coordinaron y supervisaron la asonada. El 11 de septiembre de 1973 —18 días después de tomar el cargo de comandante— el traidor encabezó la insurrección golpista y se apropió del mando presidencial. Aparte de perjuro, Pinochet quedó registrado en la historia como genocida y traidor a su patria.

El caso boliviano es otro caso donde se conjugan y actúan los intereses norteamericanos, las oligarquías locales, militares de alto rango y políticos de baja estofa. En Bolivia se encuentran —entre otras riquezas— las reservas de litio más vastas del mundo. Agregue usted, el “mal ejemplo” del presidente Evo Morales. Él tomaba decisiones a favor del pueblo boliviano y no hacía caso a los “consejos” del BM o el FMI. Eso representaba un peligro para el imperio, podían copiarlo otros mandatarios. Para acabarla de amolar, el indígena fue, durante su gobierno, insumiso. Una peligrosa combinación que estalló (10-11-2019) con otro golpe militar.

A finales de 1923 Adolfo de la Huerta se lanzó como candidato a la presidencia. El mandatario Álvaro Obregón (1920-1924) apoyaba a Plutarco Elías Calles como su sucesor. Sin apoyo del presidente, De la Huerta, se inconformó y se levantó en armas. Magnates de EEUU instigaban al presidente Calvin Coolidge (1923—1929) para que invadieran —con motivo de la revuelta delahuertista— nuestro país. William Randolph Hearst, dueño de una influyente cadena de periódicos, fue el principal impulsor para que EEUU pusiera a un gringo en la presidencia de México y dar fin a los disturbios que amenazaban las inversiones norteamericanas, en varias áreas, incluyendo la industria petrolera. Fue cuando Richard Lansing, exsecretario de estado, publicó (febrero de 1924) aquella histórica carta dirigida a Hearts que entre otras cosas dice: “México es un país extraordinariamente fácil de dominar porque basta con controlar a un solo hombre: el presidente." Se detuvo la invasión. Pero, ellos aplicaron la estratagema de Lansing a un sinfín de mandatarios mexicanos. Muchos gobernantes fueron sometidos y actuaron como subordinados de los gringos. ¿El ardid les funcionará con el presidente López Obrador?

alfredopoblete@hotmail.com

 

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