Opinión

Xalapa, Ver. 28 de mayo de 2021. Semana 616

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Alfredo Poblete Dolores

 

Entre el vasallaje o la dignidad

5 de junio de 2021

Buscar independencia y soberanía son objetivos estratégicos de la 4T. Los adversarios de esa postura ideológica y política pretenden que sigamos sometidos y dependientes a los designios y voluntades de potencias extranjeras y de los poderes fácticos del país.

Los antagonistas y rivales del actual gobierno federal poseen —en sus espíritus— marcados rasgos que los asemejan a los vasallos medievales. El diccionario dice que vasallo es “una persona que reconoce a otra por su superioridad o que siente dependencia de ella”. Queda claro que no es una ofensa, insulto o vituperio lo escrito hasta ahora, es sólo una nítida y objetiva descripción. Agregaría, que, ese tipo de mexicanos, se sienten cómodamente ocupando ese lugar y exhiben orgullosos sus actitudes indignas y comportamientos serviles.

Los políticos neoliberales del país —reitero— se sienten muy a gusto con sus comportamientos rastreros ante el extranjero pudiente o poderoso; complacidos con que, en el pasado, los potentados de otros países, les repartieran migajas de la riqueza nacional saqueada y que les “permitieran” cometer tropelías en suelo patrio y sacar algún provecho de la depredación y desvalijamiento. Con su postura antipatriótica, los súbditos de los oligarcas, se afanaron en profundizar la dependencia —hacia esa camarilla de expoliadores— en sectores estratégicos como son: el rubro alimentario, de salud, educativo, tecnológico, energético, y otros más. No conformes con lo anterior, entregaron o “concesionaron” vastos segmentos del territorio nacional para la explotación minera; los litorales marítimos para beneficio de la industria turística internacional; el agua de los ríos, lagunas y de las entrañas de la tierra para las refresqueras, cerveceras y otras industrias extractivas. 

Por otra parte, mencionaré únicamente tres bajezas que los neoliberales —del sexenio peñista— pretendían llevar a cabo en contra de los estudiantes politécnicos y trabajadores tanto de la salud como petroleros. Afortunadamente, no tuvieron tiempo y encontraron oposición para concluir sus infamias y degradaciones. El 15 de marzo de 2015 publiqué: “Todo está encuadrado y para ejemplificarlo tomemos las acciones propuestas para modificar ´el plan de estudios´ del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y las iniciativas para alterar la categoría de las enfermeras mexicanas. Esas dos gestiones gubernamentales se sustentan en ´las reformas estructurales´ aprobadas recientemente y lo pactado el año pasado en Ginebra.” Lo firmado en Ginebra, Suiza se refiere al “Acuerdo de comercio de servicios” TISA (Trade in Services Agreement).

El acuerdo TISA imponía al gobierno de Peña —entre otras cosas— quitar la categoría de Ingeniero a los egresados del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y otorgarles la denominación de Técnico. Atrás del sometimiento y subordinación —del gobierno priista— se lograba atisbar el propósito de “producir” mano de obra barata para las trasnacionales petroleras que vendrían a asentarse en el país como producto de la reforma energética. Lo mismo estuvo a punto de suceder con los ingenieros y trabajadores especializados de PEMEX a los que cesarían o despedirían masivamente. Muchos de ellos con una sólida preparación académica, vasta trayectoria laboral y rica experiencia. Ellos, por supuesto, ganaban y siguen percibiendo catorcenalmente de acuerdo a su perfil profesional. Las petroleras internacionales les ofrecerían —sin la menor duda— una tercera parte de lo que devengaban en aquel tiempo y sin las prestaciones que los cobijaban. Todo en aras de incrementar la “productividad” de las trasnacionales. Con respecto a las enfermeras incluyendo a las que poseían licenciaturas, especialidades o maestrías las quisieron convertir en “artesanas”. No, no es broma, esa es la categoría que pretendían endilgarles. Mismas o mayores cargas laborales y responsabilidades, pero con menor salario. Cadenas de hospitales y clínicas transnacionales se asentarían en el país como resultado del TISA; esas empresas proveedoras de los “servicios” de salud demandarían mano de obra barata y las “artesanas” serían —con esa categoría académica y laboral— una especie de “carne de cañón”. Vaya ofensas.

Dentro de las torceduras mentales y anímicas de los neoliberales, conservadores de derecha o de ultraderecha, se encuentra la enfermiza admiración a los expoliadores extranjeros y la imperiosa necesidad de someterse a ellos. Con esas actitudes parece que les dicen: lo que tú haces conmigo yo se lo hago a mis connacionales que “no son de nuestra clase.” Por un lado, susurraban lacayunamente: “ya ves que somos iguales” y, por otra parte, nos espetaban con petulancia y engreimiento: “ya ves que no somos iguales.” La indigna posición por un lado y, la irrespetuosa relación por otro, los retrata y delata como rastreros y acomplejados. Lo anterior aplica para todo aquel con ínfulas de superioridad, sin importar la cantidad de dinero que traiga en el bolsillo, los títulos académicos obtenidos o el rol social que desempeña.

El presidente López Obrador, desde el inicio de su mandato, se sacudió el papel de súbdito o vasallo que sus antecesores —del PRI y del PAN— desempeñaron ante los representantes de otras latitudes o los poderes fácticos del país. El mandatario no permite presiones, chantajes ni dobla la cerviz ante ningún grupo de poder. Al contrario, erguido y vertical, los exhibe y denuncia ante la opinión popular y —si lo anterior no fuera suficiente— les champa en la jeta: sólo obedezco al pueblo. La posición digna y patriótica es un distintivo republicano de la 4T.

En el pasado reciente, con el comportamiento agachón de los gobernantes, muchos nos sentíamos avergonzados y degradados ante los ojos del mundo. Ahora, con sus discursos y desempeño, el presidente López Obrador está inspirando, infundiendo o recuperando el orgullo de ser y sentirse mexicano. Un amplio sector del pueblo mexicano está recobrando el amor propio y la autoestima nacional. Con sus acciones, otros tantos compatriotas, se sienten con mayor seguridad en sus capacidades y potencialidades y ello les permite valorarse con mayor aplomo y confianza ante los retos que, como mexicanos, enfrentaremos en el futuro.

Hoy las “artesanas” se les reconoce públicamente y son consideradas heroínas; los jóvenes estudiantes de las carreras de Ingeniería —a los que “venderían” como “técnicos”— reciben becas, apoyos, reconocimientos y ganan concursos internacionales; a los ingenieros, técnicos y trabajadores petroleros se les pide aporten su talento, empeño y dedicación para sacar adelante a PEMEX —muchos de ellos— están respondiendo con creces y, agregue usted, se sienten comprometidos y orgullosos de participar en un proyecto nacional de tal envergadura.   

Mañana iremos a las urnas para votar y elegir a nuestros representantes populares. No lo haremos —como pregonan los neoliberales de aquí, allá o acullá— para optar entre la “democracia” que ellos dicen representar o la “dictadura” lopezobradorista. Votaremos entre regresar al abyecto pasado o proyectarnos a un futuro esperanzador. Lo haremos para elegir entre el vasallaje, sometimiento y degradación o el orgullo y la dignidad nacional.

alfredopoblete@hotmail.com   

 

 

 

 

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